1. Nadie está por encima de Dios
Dios es soberano, y Su voluntad se cumple siempre, sin excepción. Nada ni nadie puede oponerse a sus planes. Por más poderosas que sean las personas, el hombre no puede detener lo que Dios ha determinado.
Recordemos la promesa de Dios a Jacob en Génesis 12:2: “Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.”
Incluso el rey Nabucodonosor, quien se consideraba el más grande de todos, al final reconoció en Daniel 4:35 que “todos los habitantes de la tierra son considerados como nada, pero Él actúa conforme a su voluntad.”
No debemos dejarnos vencer por las circunstancias. Si Dios es soberano, ¿quién puede ser más poderoso que Él? Mateo 6:31-34 nos recuerda que no debemos afanarnos por las necesidades diarias, porque nuestro Padre celestial conoce nuestras necesidades.