Introducción
Muchas veces no somos conscientes de a quien realmente le pertenece nuestro corazón, de quien estamos enamorados realmente, quien es el dueño de nuestro corazón y cantamos lindas canciones, pero que lamentablemente son eso nada más, canciones, palabras que salen de labios para afuera pero no las meditamos ni siquiera las sentimos, solo las repetimos y has lloramos porque la música nos provoca nostalgia, pero nada más que eso.
Por otro lado, veo muchos predicadores, cantantes, "gente importante o influyente" en el mundo cristiano que aparentemente son grandes siervos de Dios, y de pronto desvían, tras sus propios deleites pecaminosos, se vuelven ateos, le dan la espalada al evangelio que un día predicaron, y esa es otra señal más de que el corazón no tenía dueño, o de que más bien, Cristo nunca fue el dueño de sus corazones.