1. Tenemos paz para con Dios
Este siempre ha sido y será el objetivo principal del corazón de Dios. Desde el inicio, cuando creó al hombre, su deseo fue la comunión. Pero cuando Adán y Eva pecaron, Dios los sacó del huerto para que no comieran del árbol de la vida y el pecado se eternizara (Génesis 3:22).
Sin embargo, no los abandonó. Preparó un cordero para cubrir su desnudez (Génesis 3:21). Esta acción muestra cómo Dios cubrió su vergüenza, su bajeza, sus miedos y temores. Un sacrificio por los que pecaron.