Introducción
Cristo es nuestro gran ejemplo, Señor y Maestro. Aun siendo Dios, en los días de su carne, no caminó en autosuficiencia espiritual, sino que vivió una vida de dependencia total del Padre, expresada en ruegos, súplicas, clamor profundo y lágrimas.
Este pasaje no describe debilidad, sino obediencia reverente. No muestra falta de fe, sino una fe llevada hasta su máxima expresión: una fe que clama, que se rinde y que confía plenamente en Dios.
Muchas veces, como iglesia, no hemos aprendido de Él. No hemos derramado lágrimas para ser libres, no hemos clamado con profundidad para que Dios nos libre de todo lazo de muerte y de pecado que nos acecha.
I. Cristo en los días de su carne
Hebreos 5:7