Introducción
El apóstol Pablo describe una realidad espiritual profunda: en el ser humano operan distintas “leyes” o principios que gobiernan su conducta.
Romanos 7:21-23
“Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí… veo otra ley en mis miembros… que me lleva cautivo a la ley del pecado…”
Y luego declara la victoria en Cristo:
Romanos 8:2
“Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.”
Aquí no se trata de tres sistemas externos, sino de tres principios internos que compiten por el gobierno de la vida.
I. La ley de la carne: una inclinación desordenada, no necesariamente pecado en sí
La “carne” en Pablo no es solo el cuerpo, sino la naturaleza humana caída, orientada hacia sí misma.
Romanos 8:5
“Los que son de la carne piensan en las cosas de la carne…”
Es importante entender: