CONCLUSIÓN
CONCLUSIÓN
La Iglesia necesita recuperar una visión bíblica de la liberación.
No podemos convertir la liberación en espectáculo.
No podemos hacer de ella una competencia entre ministros.
No podemos enseñar a las personas a depender de rituales.
No podemos hacer que el creyente viva obsesionado con demonios.
Debemos llevarlo a Jesucristo.
Porque Cristo no vino únicamente para sacar demonios.
Cristo vino para salvar.
Cristo vino para perdonar.
Cristo vino para restaurar.
Cristo vino para transformar.
Cristo vino para hacer nuevas todas las cosas.
La mujer cananea llegó buscando libertad para su hija.
Pero terminó demostrando una fe que reconoció quién era Jesús.
Y ahí encontramos la clave:
La verdadera liberación comienza cuando el ser humano deja de confiar en sí mismo y se rinde ante Jesucristo.
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