Introducción
El alma puede caer rápidamente en un lazo cuando atraviesa circunstancias difíciles.
Hay situaciones que producen dolor, angustia, temor, frustración, decepción y desesperanza. Si esas experiencias no son tratadas correctamente delante de Dios, pueden comenzar a atar el alma.
El salmista expresa esta realidad cuando dice:
“Rodeáronme los dolores de la muerte,
me encontraron las angustias del sepulcro;
angustia y dolor había yo hallado.”
— Salmo 116:3
Aquí encontramos a un hombre cuyo interior está siendo profundamente afectado.
El problema no solamente está afuera. Algo está ocurriendo dentro de él.
El alma puede vivir dramas que, si no son tratados por Dios, terminan convirtiéndose en verdaderas prisiones.
Pero el Salmo 116 también nos muestra el camino de salida.