¿A QUIÉN SIRVES?
Texto base: Josué 24:15
“Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis... pero yo y mi casa serviremos a Jehová.”
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Texto base: Josué 24:15
“Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis... pero yo y mi casa serviremos a Jehová.”
Josué habla de los dioses que sus antepasados habían servido y también de los dioses de los pueblos que habitaban alrededor de ellos.
Había cosas del pasado que podían volver a esclavizar, pero también cosas del presente que podían contaminar.
El mensaje es claro: había que decidir a quién servir.
Josué 24:14-15
“Quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río...”
Efesios 5:14
“Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo.”
No todo lo que quedó atrás desaparece automáticamente del corazón.
Puede haber costumbres, enseñanzas, supersticiones, temores y formas de pensar que fueron aprendidas desde generaciones anteriores.
Por eso debemos aprender a identificar aquello que intenta volver a esclavizarnos.
Gálatas 5:1
“Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.”
2 Corintios 5:17
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”
Israel no solamente tenía que mirar hacia atrás.
También debía reconocer los dioses que estaban presentes en la tierra donde ahora habitaba.
Nosotros también vivimos en un mundo caído y necesitamos cuidar nuestro corazón.
Romanos 12:2
“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento.”
1 Juan 2:15
“No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo.”
Josué presenta una decisión:
¿A quién vas a servir?
A Dios, al pasado o a aquello que actualmente está contaminando tu vida.
No podemos servir a Dios mientras conservamos en el corazón aquello que ocupa el lugar que solamente le corresponde a Él.
Mateo 6:24
“Ninguno puede servir a dos señores.”
Josué 24:15
“Escogeos hoy a quién sirváis.”
Los dioses de Egipto estaban relacionados con la vida cotidiana: el sol, la luna, la tierra, el alimento y la fertilidad.
Aunque Dios había demostrado su poder sobre Egipto, aquellas creencias podían permanecer arraigadas en el corazón del pueblo.
Éxodo 20:3
“No tendrás dioses ajenos delante de mí.”
Éxodo 20:4-5
“No te harás imagen, ni ninguna semejanza... No te inclinarás a ellas, ni las honrarás.”
Israel también estaba rodeado por los dioses de los pueblos que habitaban aquella tierra.
Baal, Asera, Astarte y Dagón estaban relacionados con diferentes prácticas religiosas, culturales y sexuales de aquellos pueblos.
El peligro era adoptar sus prácticas y terminar mezclándolas con la adoración al verdadero Dios.
Deuteronomio 12:30-31
“Guárdate que no tropieces yendo en pos de ellas...”
Jueces 2:12
“Dejaron a Jehová el Dios de sus padres... y se fueron tras otros dioses.”
Raquel salió de la casa de su padre llevando consigo los dioses familiares.
Esto muestra cómo algo del pasado puede acompañar a una persona aun cuando su historia está cambiando.
Génesis 31:19
“Raquel hurtó los ídolos de su padre.”
Génesis 35:2
“Quitad los dioses ajenos que hay entre vosotros, y limpiaos, y mudad vuestros vestidos.”
Servir a Jehová significa obedecer su Palabra.
No necesitamos añadir supersticiones, tradiciones religiosas o prácticas culturales para completar lo que Dios ha revelado.
Deuteronomio 6:5-6
“Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras... estarán sobre tu corazón.”
2 Timoteo 3:16-17
“Toda la Escritura es inspirada por Dios... a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.”
Debemos sacar completamente aquello que ocupa el lugar de Dios.
No solamente las imágenes religiosas, sino también cualquier objeto al que se atribuya poder, protección, suerte o beneficio espiritual.
1 Corintios 10:14
“Por tanto, amados míos, huid de la idolatría.”
1 Juan 5:21
“Hijitos, guardaos de los ídolos.”
Herraduras, amuletos, “mal de ojo”, limpias, duendes, budas, sapos de la suerte, búhos, atrapasueños y otros objetos no pueden determinar nuestra vida.
Y tampoco debemos convertir objetos cristianos en amuletos.
Una cruz, una Biblia abierta en una casa o un cuadro con un salmo no tienen poder mágico.
Salmo 121:1-2
Salmo 115:4-8
La Biblia no fue dada para convertirse simplemente en un objeto colocado en una pared.
La Palabra debe entrar en nuestra mente, nuestro corazón y nuestra manera de vivir.
Salmo 119:11
“En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti.”
Deuteronomio 6:6
“Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón.”
El problema no está en el objeto como decoración.
El problema comienza cuando una persona le atribuye poder, protección, suerte o influencia espiritual.
Cuando un objeto ocupa el lugar de la confianza que solamente corresponde a Dios, deja de ser simplemente un adorno.
Isaías 42:8
“Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria.”
Josué no dejó la decisión para otro día.
“Escogeos hoy.”
La pregunta sigue siendo la misma:
¿Qué gobierna tu corazón?
¿El pasado?
¿Las prácticas que aprendiste?
¿Las supersticiones?
¿Las cosas que actualmente te rodean?
¿O Dios y su Palabra?
Josué 24:15
“Pero yo y mi casa serviremos a Jehová.”
Mateo 4:10
“Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás.”
No podemos servir a Dios y conservar en el corazón aquello que ocupa su lugar.
Cristo nos llamó a libertad.
La Palabra de Dios es suficiente.
Nuestra confianza no está en objetos, amuletos, supersticiones ni tradiciones.
Nuestra confianza está en Dios.
Salmo 37:5