Salmo · Predicación

PROYECTO IGLESIA DE CRISTO

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PROYECTO IGLESIA DE CRISTO
PROYECTO IGLESIA DE CRISTO

PROYECTO IGLESIA DE CRISTO

Textos principales: Mateo 16:13-19; Lucas 4:18-21; Efesios 1:3-14; Efesios 3:8-11; Apocalipsis 19:6-9.

Mateo 16: 13-19
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Lucas 4: 18-21
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Efesios 1: 3-14
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Efesios 3: 8-11
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Apocalipsis 19: 6-9
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DIOS NO IMPROVISA SU PROPÓSITO · Parte 1 / 2

DIOS NO IMPROVISA SU PROPÓSITO

Hay un plan de parte de Dios, del Padre celestial. Debemos comprenderlo y recordar siempre esta verdad: Dios no depende de las circunstancias para llevar adelante su propósito; Él tiene el poder y la soberanía para gobernarlas conforme a su voluntad. A Él sea la gloria y la honra por los siglos de los siglos. Amén.

Esta perspectiva transforma nuestra manera de entender la vida. Dejamos de contemplar los acontecimientos como hechos aislados y comenzamos a reconocer que la historia de la redención avanza hacia el cumplimiento de un propósito eterno.

Efesios 1:9-10 declara que Dios nos ha dado a conocer el misterio de su voluntad, conforme al propósito que se había propuesto en Cristo: reunir todas las cosas en Él, las que están en los cielos y las que están en la tierra.

Efesios 1: 9-10
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DIOS NO IMPROVISA SU PROPÓSITO · Parte 2 / 2

DIOS NO IMPROVISA SU PROPÓSITO

Aquí encontramos el centro de todo: Cristo no aparece como una respuesta improvisada a la historia humana; es el centro del propósito eterno de Dios.

Y dentro de ese propósito encontramos a la Iglesia.

La Iglesia no es una invención humana ni una organización religiosa creada simplemente para celebrar reuniones. Es el pueblo que pertenece a Cristo, que Él edifica y que está llamado a manifestar su obra en el mundo.

Por eso, para comprender qué es la Iglesia, debemos responder tres preguntas: ¿por qué la determinó Dios?, ¿para qué la está edificando Cristo? y ¿hacia dónde se dirige?

Las respuestas nos conducen desde el propósito eterno del Padre hasta las bodas del Cordero.

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I. EL PROPÓSITO NACE EN EL CORAZÓN DEL PADRE · Parte 1 / 2

I. EL PROPÓSITO NACE EN EL CORAZÓN DEL PADRE

Efesios 1:4 declara que Dios nos escogió en Cristo antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos y sin mancha delante de Él.

Antes de hablar de nuestros ministerios, capacidades o actividades, la Escritura nos lleva al propósito de Dios. La iniciativa pertenece a Él; la historia de la redención avanza conforme a su voluntad.

Esto significa que la Iglesia no existe para satisfacer las ambiciones de un dirigente ni para perpetuar una estructura humana. Existe para la gloria de Dios y bajo el señorío de Jesucristo.

Efesios 5:25 declara que Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella. Su existencia está ligada al amor redentor de su Señor.

Comprenderlo cambia nuestras prioridades. La pregunta deja de ser únicamente qué queremos hacer como congregación y pasa a ser qué quiere Dios que seamos y hagamos conforme a su Palabra.

Efesios 1: 4
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Efesios 5: 25
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I. EL PROPÓSITO NACE EN EL CORAZÓN DEL PADRE · Parte 2 / 2

I. EL PROPÓSITO NACE EN EL CORAZÓN DEL PADRE

José pudo reconocer la providencia de Dios después de atravesar la traición, la esclavitud y la prisión. En Génesis 50:20 declaró a sus hermanos que ellos habían pensado hacerle mal, pero Dios lo encaminó a bien para preservar muchas vidas.

Esto no convierte la maldad humana en algo bueno ni significa que debamos justificar toda tragedia como si conociéramos su razón. Nos enseña que Dios puede obrar incluso en medio de circunstancias injustas sin que estas tengan la última palabra.

La cruz de Cristo constituye la manifestación suprema de esta verdad: lo que parecía una derrota se convirtió, mediante la obra redentora de Jesús, en el camino de nuestra salvación.

Las circunstancias pueden cambiar, los hombres pueden fallar y los poderes de este mundo pueden oponerse; pero el propósito eterno de Dios permanece firme.

Génesis 50: 20
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II. LA REVELACIÓN DEL HIJO: EL FUNDAMENTO DE LA IGLESIA · Parte 1 / 3

II. LA REVELACIÓN DEL HIJO: EL FUNDAMENTO DE LA IGLESIA

En Mateo 16:13-18, Jesús pregunta a sus discípulos quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre. Después dirige la pregunta hacia ellos: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».

Pedro responde: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente».

Jesús le declara que esta verdad no le fue revelada por carne ni sangre, sino por el Padre que está en los cielos.

Aquí encontramos una verdad fundamental: la Iglesia comienza a comprender su identidad cuando reconoce quién es Jesucristo.

No basta con conocer datos acerca de Jesús, admirar sus enseñanzas o buscar los beneficios de sus milagros. La confesión de Pedro va al corazón del asunto: Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

Una revelación que transforma

Mateo 16: 13-18
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II. LA REVELACIÓN DEL HIJO: EL FUNDAMENTO DE LA IGLESIA · Parte 2 / 3

II. LA REVELACIÓN DEL HIJO: EL FUNDAMENTO DE LA IGLESIA

Podemos escuchar acerca de Cristo durante años y, sin embargo, resistir su autoridad sobre nuestra vida. Podemos conocer las palabras del evangelio sin permitir que confronten nuestras decisiones.

La revelación del Hijo nos lleva más allá de la información: nos llama a reconocer quién es Jesús y a someternos a su señorío.

Pablo enseña en 1 Corintios 2:10-12 que el Espíritu de Dios nos permite conocer las cosas que Él nos ha concedido. Por eso necesitamos tanto la enseñanza fiel de la Escritura como la obra del Espíritu Santo que ilumina nuestro entendimiento.

Esta obra no sustituye la Palabra ni autoriza a inventar nuevas doctrinas. Nos conduce a comprender la verdad de Cristo y a vivir conforme a ella.

«Sobre esta roca edificaré mi Iglesia»

Jesús declara en Mateo 16:18: «Sobre esta roca edificaré mi iglesia».

Observemos sus palabras: «Yo edificaré mi Iglesia».

1 Corintios 2: 10-12
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Mateo 16: 18
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II. LA REVELACIÓN DEL HIJO: EL FUNDAMENTO DE LA IGLESIA · Parte 3 / 3

II. LA REVELACIÓN DEL HIJO: EL FUNDAMENTO DE LA IGLESIA

Cristo no presenta la Iglesia como una obra que dependerá exclusivamente de la capacidad de los hombres. Él es quien la edifica y ella le pertenece.

La interpretación precisa de la roca ha sido debatida a lo largo de la historia cristiana. Sin embargo, el Nuevo Testamento presenta inequívocamente a Jesucristo como la piedra angular de la edificación de Dios (Efesios 2:20; 1 Pedro 2:4-7).

Por tanto, la Iglesia no puede colocar sus preferencias por encima de la Palabra, ni sus tradiciones por encima de Cristo, ni sus dirigentes en el lugar que corresponde al Señor.

Cuando Cristo deja de ser el centro, podemos conservar la estructura, las reuniones y las actividades, pero perdemos de vista aquello que da sentido a todo lo demás.

La pregunta no es simplemente si tenemos una iglesia organizada, sino si estamos siendo edificados conforme a la verdad de Jesucristo.

Efesios 2: 20
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1 Pedro 2: 4-7
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III. LAS PUERTAS DEL HADES NO PREVALECERÁN · Parte 1 / 2

III. LAS PUERTAS DEL HADES NO PREVALECERÁN

La promesa de Mateo 16:18 nos recuerda que la Iglesia no depende de la invulnerabilidad humana, sino de la fidelidad de Cristo.

A lo largo de la historia, el pueblo de Dios ha enfrentado persecución, oposición, errores y momentos de profunda debilidad. Algunas congregaciones han desaparecido y otras han perdido su fidelidad. La promesa de Jesús no significa que ninguna comunidad local pueda fracasar, sino que la muerte y los poderes contrarios a Dios no frustrarán definitivamente su propósito redentor.

En 1 Reyes 19, Elías llegó a pensar que estaba solo. Dios le reveló que había preservado siete mil hombres que no habían doblado sus rodillas ante Baal.

El profeta veía solamente una parte de la realidad; Dios conocía a quienes permanecían fieles.

Mateo 16: 18
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III. LAS PUERTAS DEL HADES NO PREVALECERÁN · Parte 2 / 2

III. LAS PUERTAS DEL HADES NO PREVALECERÁN

Esta historia nos enseña que no debemos medir toda la obra de Dios por lo que alcanzamos a ver. Puede haber temporadas en las que la fidelidad parezca minoritaria, pero la esperanza de la Iglesia descansa en el Señor.

La resurrección de Jesucristo confirma que la muerte no tiene la última palabra.

La Iglesia puede atravesar la oposición, pero su esperanza no está en la fuerza de sus miembros: está en Cristo, quien la edifica y reina sobre la muerte.

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IV. LAS LLAVES DEL REINO: AUTORIDAD PARA SERVIR BAJO EL SEÑORÍO DE CRISTO · Parte 1 / 2

IV. LAS LLAVES DEL REINO: AUTORIDAD PARA SERVIR BAJO EL SEÑORÍO DE CRISTO

En Mateo 16:19, Jesús habla de las llaves del Reino de los cielos y de atar y desatar. Esta imagen comunica autoridad y responsabilidad, pero nunca debe separarse del señorío de Cristo ni de la verdad de su Palabra.

La autoridad espiritual no es una licencia para dominar conciencias, manipular personas o imponer opiniones humanas como si fueran mandamientos divinos.

Mateo 18:15-20 desarrolla también el tema de la corrección y la disciplina dentro de la comunidad cristiana. La autoridad debe ejercerse con fidelidad, responsabilidad y el propósito de preservar la verdad y procurar la restauración.

Pablo añade en 2 Corintios 10:4-5 que las armas de nuestra milicia son poderosas en Dios para derribar fortalezas, argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios.

Mateo 16: 19
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Mateo 18: 15-20
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2 Corintios 10: 4-5
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IV. LAS LLAVES DEL REINO: AUTORIDAD PARA SERVIR BAJO EL SEÑORÍO DE CRISTO · Parte 2 / 2

IV. LAS LLAVES DEL REINO: AUTORIDAD PARA SERVIR BAJO EL SEÑORÍO DE CRISTO

Por eso, nuestra lucha no consiste en destruir personas. Efesios 6:12 recuerda que no luchamos contra sangre y carne.

La Iglesia está llamada a confrontar el engaño, anunciar la verdad, combatir el pecado y ayudar a las personas a conocer la libertad de Cristo. No mediante violencia ni manipulación, sino por la Palabra, la oración, la santidad y el amor.

La autoridad verdadera no convierte a las personas en esclavas de un dirigente; las conduce a reconocer el señorío de Jesús.

Efesios 6: 12
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V. LA FUNCIÓN DE LA IGLESIA: MANIFESTAR EL TESTIMONIO DE CRISTO · Parte 1 / 3

V. LA FUNCIÓN DE LA IGLESIA: MANIFESTAR EL TESTIMONIO DE CRISTO

En Lucas 4:18-21, Jesús lee el pasaje de Isaías y declara que se cumple en Él. Anuncia buenas nuevas a los pobres, libertad a los cautivos, vista a los ciegos, liberación a los oprimidos y el año agradable del Señor.

Este pasaje describe, en primer lugar, la misión del Mesías. La Iglesia no sustituye a Cristo, pero ha sido llamada a dar testimonio de su evangelio y a servir conforme a su Palabra.

Buenas nuevas para los pobres

El evangelio anuncia la salvación en Cristo y la reconciliación con Dios. Esa proclamación debe ir acompañada de compasión y generosidad hacia quienes padecen necesidad.

La condición económica de una persona no determina su valor espiritual. La Iglesia debe servir sin favoritismos y proclamar la gracia sin distinciones humanas.

Sanidad para los quebrantados de corazón

Lucas 4: 18-21
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V. LA FUNCIÓN DE LA IGLESIA: MANIFESTAR EL TESTIMONIO DE CRISTO · Parte 2 / 3

V. LA FUNCIÓN DE LA IGLESIA: MANIFESTAR EL TESTIMONIO DE CRISTO

Muchas personas llegan a la congregación con heridas, pérdidas, culpa y desesperanza. Necesitan escuchar la verdad de Dios y encontrar una comunidad que las acompañe con amor.

La Iglesia no debe agravar las heridas mediante la condenación indiscriminada, sino anunciar a Cristo con fidelidad y misericordia.

Libertad para los cautivos

Jesús declara en Juan 8:36 que si el Hijo nos hace libres, seremos verdaderamente libres.

El evangelio no es solamente una invitación a adoptar costumbres religiosas; anuncia liberación del dominio del pecado y una nueva vida bajo el señorío de Cristo.

Vista para los ciegos

La Iglesia debe enseñar la Palabra para que las personas conozcan la verdad, disciernan el engaño y aprendan a vivir conforme a la voluntad de Dios.

No puede exigir una obediencia ciega a sus dirigentes, porque su tarea es conducir a las personas a Cristo, no ocupar su lugar.

Juan 8: 36
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V. LA FUNCIÓN DE LA IGLESIA: MANIFESTAR EL TESTIMONIO DE CRISTO · Parte 3 / 3

V. LA FUNCIÓN DE LA IGLESIA: MANIFESTAR EL TESTIMONIO DE CRISTO

Libertad para los oprimidos

La comunidad cristiana debe reflejar el carácter de su Señor frente a la injusticia y el abuso. La autoridad no puede utilizarse para someter a las personas mediante el miedo o la manipulación.

La verdad y el amor deben caminar juntos.

El año agradable del Señor

Jesús anuncia el favor de Dios y la llegada de su obra restauradora. La Iglesia proclama el perdón, la reconciliación, la esperanza y la salvación que se encuentran en Cristo.

Por tanto, no basta con medir la vida congregacional por la asistencia, la cantidad de actividades o la duración de las reuniones. Debemos preguntarnos si estamos haciendo discípulos, enseñando la Palabra, practicando el amor y anunciando fielmente el evangelio.

La Iglesia no fue llamada solamente a reunirse, sino a vivir bajo el señorío de Cristo y a dar testimonio de su obra.

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VI. ABRAHAM, ISAAC Y REBECA: ES UNA ILUSTRACIÓN DEL ENCUENTRO CON EL AMADO · Parte 1 / 2

VI. ABRAHAM, ISAAC Y REBECA: ES UNA ILUSTRACIÓN DEL ENCUENTRO CON EL AMADO

Génesis 24 relata cómo Abraham envió a su siervo a buscar esposa para Isaac. El siervo emprendió el viaje bajo un encargo, oró por dirección y encontró a Rebeca, cuya generosidad se manifestó al dar agua al viajero y a sus camellos.

Cuando su familia le preguntó si estaba dispuesta a partir, ella respondió que sí.

El relato avanza desde el encargo inicial hasta la respuesta de Rebeca y su encuentro con Isaac.

Esta historia ofrece una ilustración valiosa para reflexionar sobre el propósito, la misión, la disposición del corazón y el encuentro esperado.

Debemos reconocer, sin embargo, que Génesis 24 no identifica expresamente a cada personaje como una representación profética del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo y de la Iglesia. Esa correspondencia debe presentarse como una aplicación tipológica, no como una afirmación explícita del texto.

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VI. ABRAHAM, ISAAC Y REBECA: ES UNA ILUSTRACIÓN DEL ENCUENTRO CON EL AMADO · Parte 2 / 2

VI. ABRAHAM, ISAAC Y REBECA: ES UNA ILUSTRACIÓN DEL ENCUENTRO CON EL AMADO

La enseñanza espiritual que podemos extraer es clara: la respuesta al llamado implica disposición para emprender el camino.

La Iglesia no puede limitarse a escuchar acerca de Cristo; está llamada a seguirlo. La esperanza del encuentro con el Amado debe transformar nuestra vida presente, nuestras decisiones y nuestra fidelidad.

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VII. EL LINO FINO: UNA IGLESIA QUE SE PREPARA · Parte 1 / 2

VII. EL LINO FINO: UNA IGLESIA QUE SE PREPARA

Apocalipsis 19:6-9 nos conduce a una escena gloriosa: una gran multitud proclama que el Señor Dios Todopoderoso reina y anuncia que han llegado las bodas del Cordero.

El texto declara que la esposa se ha preparado y que le ha sido concedido vestirse de lino fino, limpio y resplandeciente, símbolo de las acciones justas de los santos.

Aquí encontramos dos verdades inseparables: la esposa se prepara y, al mismo tiempo, recibe aquello con lo que ha de vestirse.

La Iglesia no se presenta delante de Cristo para presumir de méritos propios. Su esperanza descansa en la gracia y en la obra redentora del Cordero. Pero esa gracia transforma la vida y produce obediencia.

Efesios 5:25-27 enseña que Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella para santificarla y presentársela gloriosa.

Apocalipsis 19: 6-9
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Efesios 5: 25-27
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VII. EL LINO FINO: UNA IGLESIA QUE SE PREPARA · Parte 2 / 2

VII. EL LINO FINO: UNA IGLESIA QUE SE PREPARA

La preparación no consiste en construir una apariencia religiosa para impresionar a los hombres. Consiste en permanecer en la Palabra, arrepentirse del pecado, practicar el amor, perseverar en la fe y vivir de una manera digna del evangelio recibido.

No podemos anhelar las bodas del Cordero mientras tratamos la santidad como algo secundario. La esperanza futura debe producir fidelidad presente.

La Iglesia que espera a su Señor no vive distraída de su llamado; aprende a ordenar su vida conforme a la voluntad de aquel que la amó y se entregó por ella.

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VIII. LAS BODAS DEL CORDERO: LA CONSUMACIÓN DEL PROYECTO ETERNO · Parte 1 / 2

VIII. LAS BODAS DEL CORDERO: LA CONSUMACIÓN DEL PROYECTO ETERNO

Apocalipsis 19 no dirige nuestra atención hacia la gloria de la Iglesia, sino hacia la gloria de Dios. La multitud proclama: «¡Alelu-JAH, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso ha reinado!».

Las bodas del Cordero representan la consumación gloriosa de la relación entre Cristo y su pueblo. La historia de la redención no termina en el fracaso, sino en la victoria de Dios y en el cumplimiento de sus promesas.

Apocalipsis 21:2-3 presenta la nueva Jerusalén preparada como una esposa y anuncia que Dios habitará con su pueblo.

Este es el destino glorioso que sostiene nuestra esperanza: estar con el Señor y disfrutar de la comunión definitiva con Él.

Apocalipsis 21: 2-3
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VIII. LAS BODAS DEL CORDERO: LA CONSUMACIÓN DEL PROYECTO ETERNO · Parte 2 / 2

VIII. LAS BODAS DEL CORDERO: LA CONSUMACIÓN DEL PROYECTO ETERNO

Cuando la Iglesia pierde de vista este destino, corre el riesgo de vivir exclusivamente para sus necesidades inmediatas, sus programas o sus logros visibles. Pero cuando recuerda que pertenece al Cordero, todo ocupa su lugar: los recursos son instrumentos, los ministerios son servicios y las reuniones son oportunidades para la edificación.

Cristo es el centro del proyecto, el Señor de la Iglesia y aquel con quien su pueblo espera consumar su historia.

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¿ESTAMOS VIVIENDO CONFORME AL PROYECTO DE DIOS? · Parte 1 / 3

¿ESTAMOS VIVIENDO CONFORME AL PROYECTO DE DIOS?

Desde el propósito eterno del Padre hasta las bodas del Cordero, las Escrituras nos conducen a una misma verdad: Dios lleva adelante su propósito en Jesucristo.

Por eso, debemos examinarnos.

¿Hemos comprendido quién es Jesús, o solamente hemos aprendido a hablar de Él?

¿Estamos siendo edificados sobre su verdad, o hemos colocado nuestras preferencias en el centro?

¿Ejercemos la autoridad para servir y restaurar, o la utilizamos para dominar?

¿Nuestra congregación está formando discípulos que viven el evangelio, o se conforma con mantener una programación religiosa?

¿Estamos esperando al Cordero con una fe que transforma nuestra vida?

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¿ESTAMOS VIVIENDO CONFORME AL PROYECTO DE DIOS? · Parte 2 / 3

¿ESTAMOS VIVIENDO CONFORME AL PROYECTO DE DIOS?

No basta con tener reuniones llenas si los corazones permanecen indiferentes a la Palabra. No basta con hablar de autoridad si falta el carácter de Cristo. No basta con proclamar la venida del Señor si vivimos como si nunca fuéramos a encontrarnos con Él.

Cristo se entregó por su Iglesia para santificarla y presentársela gloriosa.

Por tanto, nuestra aspiración no debe ser simplemente mantener una congregación funcionando, sino ser un pueblo que pertenece a Cristo, permanece en su Palabra y manifiesta su carácter en medio del mundo.

Que nuestras obras señalen al Salvador. Que nuestros ministerios sirvan a su propósito. Que nuestra esperanza permanezca firme aun en medio de las dificultades.

Y cuando llegue el día anunciado en Apocalipsis 19, que nuestra mirada no esté puesta en nuestros logros, sino en el Cordero.

Entonces resonará la proclamación celestial:

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¿ESTAMOS VIVIENDO CONFORME AL PROYECTO DE DIOS? · Parte 3 / 3

¿ESTAMOS VIVIENDO CONFORME AL PROYECTO DE DIOS?

«¡Alelu-JAH, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso ha reinado!»

Las bodas del Cordero habrán llegado. El propósito de Dios habrá alcanzado su consumación gloriosa y su pueblo estará con su Señor.

A Él sea la gloria, la honra, la alabanza y el dominio por los siglos de los siglos.

Amén.

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