Introducción:
Reflexión personal y apertura: Quiero derramar mi corazón aquí, quiero lamentar lo que Cristo lamentó. El Señor abre su corazón y comparte lo que siempre ha estado en Su corazón con Su pueblo escogido. Ahora, no es un profeta, sino el mismo Dios hecho hombre quien viene personalmente a decirles lo que siempre ha sido Su deseo: "Pueblo mío, cuántas veces quise cuidarte para que no sufrieras, quise protegerte, pero no quisiste."
Lectura bíblica:
Mateo 23:37 : "¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te han sido enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos bajo las alas, y no quisisteis!"
Mateo 23:38 : "He aquí vuestra casa os es dejada desolada."
Mateo 23:39 : "Porque os digo que, desde ahora en adelante, de ningún modo me veréis hasta que digáis: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!"
Desarrollo:
Reflexión sobre la historia de Israel:
Más de 2000 años desde que Dios llamó a Abraham y envió a sus siervos, los profetas, y Su pueblo no escuchó. Jesús llega y la respuesta es la misma: rechazo y persecución.
Jesús no solo mira al pasado, sino que habla de una constante rebeldía de su pueblo: "Jerusalén, tú matas a los profetas y apedreas a los que te han sido enviados."
Aplicación a nuestra vida:
A veces, los cristianos de hoy no apedrean a los ministros, pero cerramos nuestros corazones a la palabra de Dios. ¿Cuántas veces no escuchamos el llamado de Dios y persistimos en nuestros propios caminos?
Lucas 9:20-18 : La parábola de los labradores malvados. Muchos cierran los oídos al mensaje, igual que el pueblo de Israel.
Historia de la desobediencia:
A lo largo de la historia, Jerusalén ha sido destruida, sitiada y capturada muchas veces, pero el Señor siempre les dijo que se volvieran a Él.
El sufrimiento de Israel fue el resultado de su rebeldía. A pesar de la paciencia de Dios, su pueblo no se arrepentía de corazón.
Salmo 106:43-48: “Muchas veces los libró, pero ellos se rebelaron.”
Reflexión personal:
Así como el pueblo de Israel sufrió por sus malas decisiones, nosotros también enfrentamos las consecuencias de nuestra desobediencia. Dios nos llama a la obediencia y al arrepentimiento, pero ¿estamos escuchando?
Las advertencias de Dios no son para que las ignoremos, sino para que nos volvamos a Él.
Advertencia de Jesús:
En Mateo 23:38-39 , Jesús dice: "Vuestra casa os es dejada desolada" y "no me volveréis a ver hasta que digáis: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!" Esta es una advertencia seria.
El tiempo de oportunidad tiene un límite. Israel no lo entendió, y aunque el Señor les habló muchas veces a través de sus siervos, el pueblo no se arrepintió.
Reflexión sobre el cumplimiento de la palabra de Dios:
Dios no pasa por alto la rebelión, y la oportunidad de arrepentimiento tiene un límite. "No me volveréis a ver" es un mensaje claro de que la paciencia de Dios también tiene un fin.
La casa de Israel fue desolada, y la presencia de Dios se apartó. ¿Nos está pasando lo mismo a nosotros?
Apocalipsis 1:7 : "¡Miren que viene en las nubes! Y todos lo verán con sus propios ojos."
Profecías sobre el regreso de Cristo:
La historia de Israel nos habla de la paciencia de Dios, pero también nos señala que todo tiene un fin. El Señor regresará, y en ese día muchos verán su gloria.
Daniel 12: Habla sobre el tiempo del fin y la gran tribulación, donde los justos serán rescatados y los impíos sufrirán.
Aplicación final:
El tiempo de gracia está cerca de su fin. Cristo vendrá en tiempos de gran tribulación para salvar a Su pueblo y establecer Su reino.
No desaprovechemos la gracia que Dios nos ha dado. Este es el momento de volvernos a Él con todo el corazón.
Conclusión:
Llamado al arrepentimiento:
La gracia de Dios está disponible hoy, pero no sabemos hasta cuándo. ¿Qué más necesitamos para volvernos a Él? No endurezcamos nuestros corazones, sino que aprovechemos este momento para pedir perdón y someternos a Su voluntad.
Oración final:
Señor, perdona nuestros pecados, cambia nuestros corazones, y ayúdanos a vivir en obediencia a Ti. No queremos que nuestra casa sea desolada. Queremos verte venir con gloria y decir: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!