“Soportándoos los unos a los otros, y perdonándoos los unos a los otros, si alguno tiene queja contra otro. Como el Señor os perdonó, así también hacedlo vosotros.” (Col. 3:13)
En el original griego, la palabra traducida como “queja” es momfé, que significa inculpar o acusar.
¿Y quién es conocido en la Biblia como el acusador? Satanás.
Esto nos da una perspectiva clara de por qué a Dios no le agradan las quejas: reflejan una actitud que se alinea más con el enemigo que con el Espíritu Santo.
Satanás se quejó ante Dios sobre Job, acusándolo de ser fiel solo porque Dios lo protegía (
Job 1:9-11
).
Desde ese ejemplo vemos que la queja, desde el corazón, puede ser destructiva y carente de verdad.
Si a Dios le agradaran las quejas, hubiera instruido a Moisés a poner un buzón de quejas en el desierto.
Pero no fue así.
A lo largo de la historia bíblica, cuando el pueblo se quejaba, la respuesta de Dios no era aprobación, sino corrección.
En nuestra sociedad, nos hemos acostumbrado a quejarnos de todo.
Pero según
Colosenses 3:13
, la solución divina no es quejarse, sino soportar y perdonar.
Imagínese lo que sería para el pastor poner un buzón de quejas en la iglesia…
Porque las quejas son fruto de un corazón dividido, y reflejan un proceso negativo que daña al que se queja y a los que lo rodean. Veamos la secuencia:
Se pierde la paciencia ( Gálatas 5:22 )
Se enfría el amor ( Gálatas 5:22 )
Entra la ira y el enojo ( Salmos 37:8-9 , Santiago 1:20 )
Se obedece al corazón humano, no al Espíritu ( Romanos 8:14 , Jeremías 17:9 )
Se maquina la queja en la mente ( Efesios 4:23-27 )
Se expresa con veneno, chismes y murmuración ( Salmos 101:5 )
Provoca desánimo ( 1 Tesalonicenses 4:18 )
Produce división ( Proverbios 6:16-19 )
Muchas veces creemos que estamos orando, pero en realidad solo nos estamos quejando.
Nos enfocamos en lo malo que vivimos, lo que otros hacen mal, y usamos nuestras “oraciones” como excusa para liberar quejas.
Por eso, muchas veces no recibimos lo que pedimos.
Que nuestras “oraciones” están llenas de egoísmo.
Que no pedimos con fe, sino con celos, acusaciones y motivos errados.
Dios no aprueba las quejas, porque provienen de un corazón que no ha aprendido a perdonar ni a soportar como Cristo.
La queja separa, debilita y envenena.
En cambio, el amor verdadero fortalece, une y restaura.
Soporta. Perdona. Ora con fe.
No le des lugar al enemigo a través de las quejas.