LA CASA DE OBED-EDÓN Y DE ABINADAB: Un Corazón Dispuesto y la Fidelidad en el Servicio a Dios
Introducción: La historia de la casa de Abinadab y la casa de Obed-Edón está llena de lecciones sobre cómo el trato con la presencia de Dios y nuestra disposición a servirle pueden transformar nuestras vidas y nuestras casas. El arca del pacto, que representaba la presencia de Dios, tuvo un destino especial en estas dos casas, y a través de estas historias podemos aprender sobre la fidelidad, la obediencia, el corazón dispuesto y las recompensas que vienen con ello.
1. La Casa de Abinadab: Un Tiempo de Estancamiento En 1 Samuel 7:1-2 , se menciona que el arca del pacto fue colocada en la casa de Abinadab, donde permaneció durante 20 años. Durante ese tiempo, el arca estuvo en un lugar, pero sin movimiento, sin avance, sin ver los frutos que su presencia podía traer. No sabemos si Abinadab era un hombre temeroso de Dios, pero lo que sí sabemos es que no hubo un corazón dispuesto en la casa de Abinadab para tratar con la presencia de Dios como debían.
Esto nos lleva a reflexionar sobre algo muy importante en nuestra vida cristiana: ¿Cómo estamos tratando con la presencia de Dios? ¿Es nuestra relación con Él algo estático, donde Su presencia está en nuestras vidas pero no hay un avance? La fidelidad no se trata solo de ser constantes, sino de permitir que la presencia de Dios transforme nuestras vidas y nos lleve a la obediencia activa.
Lección de la Casa de Abinadab: Aunque la presencia de Dios estuvo en esa casa, la falta de un corazón dispuesto y de un trato fiel y obediente con el arca de Dios resultó en un periodo de estancamiento. En nuestras vidas, esto puede ser un recordatorio de que no basta con tener a Dios cerca, sino que necesitamos ser obedientes, servir con un corazón dispuesto y tratar Su presencia con el respeto y la devoción que merece.
2. La Casa de Obed-Edón: Un Corazón Dispuesto y la Fidelidad en el Servicio
Por otro lado, cuando el arca fue llevada a la casa de Obed-Edón ( 2 Samuel 6:10-12 ), algo completamente diferente ocurrió. Obed-Edón era un hombre que recibió la presencia de Dios con gozo y disposición. El versículo 11 nos dice que “el arca de Jehová estuvo en la casa de Obed-Edón tres meses, y Jehová bendijo a Obed-Edón y a toda su casa”.
Lo primero que debemos notar es que Obed-Edón no solo recibió el arca, sino que lo hizo con un corazón dispuesto y con fidelidad en el servicio a Dios. Él no lo vio como una carga, sino como un privilegio. Esa es la clave: cuando tenemos un corazón dispuesto a servir a Dios, el servicio no es pesado, sino un gozo. Y, en este caso, la recompensa fue inmediata y abundante: toda su casa fue bendecida.
Lecciones de la Casa de Obed-Edón:
Corazón dispuesto: El corazón dispuesto es aquel que no duda ni se queja cuando es llamado a servir a Dios. Obed-Edón no tuvo miedo de recibir el arca, aunque sabía que su presencia podría traer consigo responsabilidades y desafíos. Él sabía que al tener la presencia de Dios, estaba invitando a la bendición a su vida. De igual manera, Dios quiere un corazón dispuesto en nosotros, dispuesto a recibir su presencia y a servirle con todo lo que somos, sin temor ni reservas.
Fidelidad en el servicio: La fidelidad de Obed-Edón en su servicio a Dios se refleja en el hecho de que, en lugar de ser abrumado por el arca, él la atendió con respeto, con alegría y con devoción. A veces, podemos sentir que el servicio a Dios es difícil o que las tareas que nos encomienda son grandes, pero cuando nuestro corazón está dispuesto y somos fieles, Dios se encarga de hacernos prosperar.
Recompensa de Dios: La bendición de Dios que vino sobre la casa de Obed-Edón no fue solo para él, sino también para su familia, su hogar, sus bienes. Dios recompensa a los que le sirven con un corazón sincero. La fidelidad de Obed-Edón hizo que no solo él recibiera la bendición, sino también toda su casa. La bendición de Dios puede extenderse a todo lo que nos rodea, cuando tratamos bien Su presencia.
Conclusión:
Hoy en día, quizás nos encontramos en la misma posición de la casa de Abinadab o de Obed-Edón. ¿Cómo estamos tratando la presencia de Dios en nuestras vidas? ¿Es algo que hemos dejado en un rincón, como la casa de Abinadab, sin que nos impacte realmente? O, ¿estamos como Obed-Edón, dispuestos a recibir Su presencia con gozo y dedicarnos a servirle con fidelidad, sabiendo que Él bendecirá cada área de nuestras vidas?
Dios no quiere que tratemos Su presencia con indiferencia o estancamiento, sino que nos llame a un compromiso activo con Él, sirviéndole con un corazón dispuesto. La recompensa de Dios es maravillosa y viene para aquellos que son fieles, que sirven con dedicación y que buscan agradarlo en todo.
Que hoy podamos abrir nuestras casas y corazones como la casa de Obed-Edón, recibiendo la presencia de Dios con gratitud y sirviéndole con fidelidad. Y cuando lo hagamos, veremos las bendiciones de Dios fluir abundantemente sobre nosotros y nuestras casas.
Que el Señor nos ayude a ser como Obed-Edón, dispuestos y fieles en nuestro servicio, para que veamos Su gloria y Su bendición en cada área de nuestras vidas. ¡Amén!