EL LLAMADO: INICIO CON UN HOMBRE, NO CON UNA RELIGIÓN
La invitación de Jesús siempre fue personal, "Ven y sígueme", nunca dijo "Vamos a crear un movimiento que nos haga famosos en esta tierra". De hecho, cuando realizaba milagros, les decía a las personas: "No le digan a nadie".
Marcos 1:18 : "Deja tus redes y sígueme".
La llamada de Cristo siempre fue hacia una relación personal. Jesús no vino a fundar una religión, sino a invitar a cada persona a tener una experiencia profunda con Él, ya sea a través de un milagro, un sueño o una palabra directa. El propósito de esta invitación es simple: poner la mirada en Él, levantarse cada día y preguntarse: ¿Dónde está mi Maestro? y buscarlo donde Él se encuentra.
El cristiano no tiene más meta que seguir a Cristo, como se menciona en Juan 6:1 . Este llamado es sobre algo personal, que no depende de la religión, ni de los seguidores, sino de una relación íntima con Jesús.
El cristiano no vive para agradar a los líderes religiosos o a los pastores, sino para tener una relación personal con Cristo. La vida cristiana es un proceso continuo de aprender, disfrutar y ser moldeado por Él. Cuando no entendemos esto, nos enfrasquemos en trabajos forzados y reglas humanas. Nos agotamos y nos olvidamos de lo que realmente importa: conocer a Cristo.
Cuando nos enfocamos demasiado en las tareas religiosas, nos olvidamos de lo más importante, como ocurrió con Marta y María. Marta estaba preocupada por los quehaceres, mientras que María eligió estar a los pies de Jesús, escuchando su palabra. A veces, al centrarnos en las reglas y las expectativas de los demás, nos olvidamos de lo que Jesús realmente quiere de nosotros: una relación íntima con Él.
En Mateo 28:16 , Jesús nos llama a hacer discípulos: "Vayan y hagan discípulos".
Lo que Jesús hizo con sus discípulos, Él espera que nosotros también lo hagamos con los demás. Sin embargo, el trabajo de seguir a Cristo y predicar su palabra no es una carga pesada, sino un gozo y una responsabilidad compartida con Él. Juan 21:15 nos recuerda cuando Jesús le pregunta a Pedro: "¿Me amas?", indicando que el seguimiento no es una obligación, sino un acto de amor.
Los líderes que buscan su propio beneficio y no el de sus ovejas, como se menciona en Ezequiel 34:1 , no están cumpliendo el llamado de Dios. El propósito del pastor no es cargar a los creyentes con reglas, sino guiarlos a Cristo.
La verdadera iglesia no te llama a seguir a un líder, sino a seguir a Cristo. La diferencia entre doctrinas religiosas, como la católica y la evangélica, debe ser simple: ¿Está Cristo en el centro? Si no estás siendo guiado a una relación más profunda con Jesús, entonces algo no está bien.
Los discípulos siempre esperaban ver a Cristo, y esa es la actitud que la iglesia debe fomentar en cada creyente: Seguir, amar y servir a Cristo. La iglesia correcta es aquella que te lleva hacia una relación con Jesús, que te prepara para seguirlo de todo corazón.