Texto Bíblico: Génesis 17:24-26
24 Era Abraham de edad de noventa y nueve años cuando circuncidó la carne de su prepucio.
25 E Ismael su hijo era de trece años, cuando fue circuncidada la carne de su prepucio.
26 En el mismo día fueron circuncidados Abraham e Ismael su hijo.
Desarrollo
La vida de Abraham es un proceso, al igual que la nuestra. Dios moldea nuestros corazones y nos perfecciona, llevándonos por un camino de santificación hasta que le pertenezcamos completamente. En nosotros debe haber una señal contundente de que somos su pueblo santo, su real sacerdocio y sus hijos.
La vida de Abraham antes de la circuncisión era muy diferente a la que tuvo después. Veamos por qué:
Su nombre era Abram (Gén. 12), que significa "altivo". Aún no había recibido la identidad que Dios le daría.
Salió con estorbos en su vida (Gén. 13). Llevó consigo a su sobrino Lot, quien se convirtió en una carga y le trajo guerra. A pesar de que Abraham luchó para liberarlo, Lot no prosperó. De él nacieron naciones que luego fueron destruidas:
Moab (hijo de la hija mayor) → Padre de los moabitas.
Ben-ammi (hijo de la hija menor) → Padre de los amonitas.
Esto nos enseña que lo que Dios hace permanece, pero lo que el hombre procura en sus fuerzas se desvanece.
Bajó a Egipto (Gén. 12:10) en tiempos de hambre, donde perdió a su esposa temporalmente y casi lo pierde todo. Solo la intervención divina lo salvó.
Se entrelazó con su esclava Agar (Gén. 16), y esto también le quitó la paz. Ismael, su hijo con Agar, no podía convivir con Sarai, su esposa legítima.
Todo esto nos enseña que antes de ser circuncidados en el corazón, antes de entregarnos completamente a Dios, nuestras decisiones suelen llevarnos a perder la paz. Nos movemos por emociones y necesidades en lugar de por fe, y es en ese estado donde no encontramos verdadera paz. Aquí, aún no hemos nacido de nuevo.
Su nombre cambia de Abram a Abraham (Gén. 17:5), que significa "padre de multitudes", sin altivez, sino en obediencia a Dios.
Dios le da un hijo en poco más de un año (Gén. 18:10), cumpliendo su promesa. Antes, pasaron 25 años sin ver su cumplimiento.
Intercede por Sodoma (Gén. 18:16), mostrando un cambio en su visión. Antes solo velaba por sí mismo y por Lot, pero ahora su intercesión se extiende hacia los justos. Antes peleó para librar a Lot, pero ahora confía en la obra de Dios y Dios escucha su intercesión.
Expulsa a Agar e Ismael de su hogar (Gén. 21:8), para que Isaac, el hijo de la promesa, pueda vivir en paz. Esto demuestra que ahora toma decisiones sabias para su familia.
Dios corrige su amor por Isaac (Gén. 22), mostrando que él es dueño de todo. Abraham está dispuesto a entregarle a Dios hasta lo que más ama.
Abraham busca esposa para Isaac (Gén. 24). Finalmente, Abraham cuida que su descendencia permanezca en la línea escogida por Dios y que el llamado divino siga vigente en sus hijos. Se asegura de que no se olviden ni descuiden su identidad en Dios.
Así vemos cómo la vida de Abraham cambia radicalmente con la circuncisión, de la misma manera en que debe cambiar la nuestra. Bendito sea el Todopoderoso, pues fiel es el que comenzó la obra en nosotros, y la completará.