11:1 Estaba entonces enfermo uno llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta su hermana.
11:2 (María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, fue la que ungió al Señor con perfume, y le enjugó los pies con sus cabellos.)
11:3 Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús: Señor, he aquí el que amas está enfermo.
Reflexión:
Podemos ser amados por Dios, ungir sus pies, vivir momentos íntimos con Él... y aún así pasar por tiempos difíciles. Eso no significa que no seamos amados. El amor de Dios a veces se manifiesta de maneras que no entendemos, porque nuestro punto de vista es limitado.
Pero recuerda las palabras de Jesús:
“¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” (v.40)
11:4 Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.
11:5 Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro.
11:6 Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba.
Reflexión:
Jesús escuchó la petición. Esto nos enseña que Él sí escucha nuestras oraciones, especialmente las de sus hijos.
Aunque se demoró dos días, eso no fue olvido: fue propósito. En nuestra angustia pensamos que Dios no llegará, pero Él llega en su tiempo perfecto.
“Esta enfermedad no es para muerte...”
Es decir, Dios no se mueve por nuestros afanes, sino por su voluntad gloriosa y llena de amor.
Como dice Juan 3:16 :
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito…”
11:7-10 Luego dijo a los discípulos: Vamos a Judea otra vez…
Ellos respondieron: Rabí, ahora procuraban los judíos apedrearte, ¿y otra vez vas allá?
Reflexión:
Jesús va a lugares donde no lo quieren.
Fue a Gadara, fue a Samaria… y sigue yendo a corazones incrédulos. Su amor es más grande que el rechazo.
Él resucitó a Lázaro para mostrar quién es Él:
Cristo Jesús, la resurrección y la vida.
11:11-15 Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle…
Entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto… y me alegro por vosotros, de no haber estado allí, para que creáis…
Reflexión:
¿Se puede hallar alegría en tiempos de muerte?
¡Sí, cuando sabemos quién va con nosotros!
Dios no provocó dolor por capricho, sino una oportunidad para glorificarse.
Aprendamos a ver las pruebas como escenarios para ver Su poder.
11:20-27 Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto…
Jesús le dijo: Yo soy la resurrección y la vida… ¿Crees esto?
Ella respondió: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios…
Reflexión:
Jesús no solo tiene vida, Él es la vida.
La fe de Marta fue una confesión poderosa, una que todos deberíamos repetir en tiempos difíciles:
“Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios que ha venido al mundo.”
11:28-37 María llegó, se postró, y dijo: Señor, si hubieses estado aquí…
Jesús se estremeció y lloró.
v.35 Jesús lloró.
Reflexión:
¿Por qué lloró Jesús si sabía que iba a resucitar a Lázaro?
Porque se conmovió por el dolor de los suyos.
Jesús llora con los que lloran, no por falta de poder, sino por compasión.
María adoró antes en momentos buenos, y ahora adoró en medio del dolor, y eso tocó el corazón del Maestro.
11:38-44 Jesús, profundamente conmovido otra vez, vino al sepulcro…
Dijo: Quitad la piedra…
Clamó: ¡Lázaro, ven fuera!
Y el que había muerto salió.
Reflexión final:
Jesús oró al Padre diciendo:
“Gracias te doy por haberme oído… lo dije para que crean que tú me has enviado.”
Toda esta historia tenía un propósito eterno:
Que creamos.
Cristo es la Resurrección y la Vida, y su poder no es limitado por la muerte, por el tiempo ni por la incredulidad.
Hoy, si escuchas su voz, cree.
Y si hay algo muerto en tu vida —un sueño, una esperanza, una relación, una fe—, Él puede decir: "Ven fuera".