Ofrendar COPAS ROTAS

COPAS ROTAS

Autor: CRISTHIAN BONIFAZ | 2025-05-20 | 891 vistas
COPAS ROTAS

Copas Rotas

En un sueño que Dios me dio, veía yo una copa transparente, muy bonita. Brillaba y se veía nueva.
De pronto, vino desde arriba una mano que sostenía un jarrón brillante, con incrustaciones de oro.
Este jarrón tenía vino, y empezó a llenar la copa que había visto. La copa se empezó a llenar,
pero cuando faltaba la cuarta parte para llenarse, me di cuenta de que esa copa no estaba sana:
tenía rajaduras.

El vino se comenzaba a derramar por esas rajaduras, y era tanto lo que se perdía,
que la copa no podía llenarse. En el sueño me preocupé mucho, quise acercarme a ayudar…
pero entonces escuché una voz fuerte que me dijo:

"Esa copa eres tú."

Y por segunda vez escuché:

"Esa copa eres tú."

Fue en ese momento cuando se me quebrantó el corazón y entendí mi condición.
En el mismo sueño le dije:
"Señor, sáname."


Un Llamado de Dios

Yo era cristiano desde niño. A los 14 años, Dios trató mi vida a través de un accidente que duró dos años,
y me sanó milagrosamente. Desde los 16 años viví para servirle: en la alabanza, los discipulados,
el evangelismo… en todo lo que pudiera.

A los 21 años me casé con quien ahora es mi esposa y empecé una nueva etapa.
Recuerdo que al año de matrimonio comencé a mostrar actitudes de ira, enojo, frustración.
Me quejaba por todo. Empecé a rechazar a la familia de mi esposa, con o sin razón.
Amaba a mi esposa y a mi hija, pero no podía controlar mi carácter.


Frialdad Espiritual y Orgullo

Comencé a quedarme fuera de las reuniones en la iglesia.
Buscaba cualquier excusa para no entrar. Mi esposa, con mi hija en brazos, entraban solas
mientras yo me quedaba en el auto, o entraba tarde.

Cuando finalmente entraba, trataba de leer la Biblia o escuchar,
pero bastaba una palabra que no me gustara y ya me disgustaba.

No decía nada en la iglesia, pero al regresar, discutía con mi esposa.
Si ella me llevaba la contraria, yo levantaba la voz.
Un día me di cuenta de lo que estaba haciendo: era orgulloso, prepotente, iracundo.

Oré, le pedí a Dios que me cambiara. Quería dejar de hacerle daño a mi esposa.
Cada semana tenía arranques de ira, especialmente los sábados, justo antes de ir a la iglesia.

Y comprendí que ese problema no era nuevo: siempre había estado en mí.
Desde mi niñez, en mi juventud… solo que en el matrimonio salió con más fuerza.
Y es que muchas veces, como esposos, creemos tener algún poder sobre la familia…
Y sí, pero ese poder debe usarse para llevar a la familia a Dios, no para alejarlos.

Con todo le doy gracias a Dios de que mi esposa nunca se dejo llevar por mi inmadurez, ella seguia siendo fiel a Dios, al servicio y a su familia.


El Sueño: Un Punto de Quiebre

Pasó más de un año y no podía cambiar. Entonces tomé la decisión de dejar de servir en la iglesia.
Fue ahí cuando Dios me habló en aquel sueño de la copa rota.

No podía creer lo que estaba pasando. Lloraba al saber que Dios mismo me estaba mostrando mi condición.
Yo pensaba que era alguien ejemplar, tal vez un 9/10,
pero a los ojos de mi Señor, era alguien que no podía llenarse de su presencia.
Tenía cosas que sanar.

Desde ese día, todo comenzó a cambiar.
Me sentía avergonzado delante de Dios, de mi familia, y de todos.
Era como si estuviera desnudo. Dios mismo provocó eso.


Sanidad y Restauración

Quise dejar de sentirme así. Con todas mis fuerzas traté de cambiar mi actitud.
Me acerqué más a la familia de mi esposa.
Conversaba, compartía.
Cuando algo no me agradaba, lo dejaba pasar.
Respiraba, recordaba las palabras del Señor Jesús… y seguía.

Mi esposa empezó a ser más feliz.
Y así pasaron 14 años.
Cada día vi la bondad y misericordia de Dios al no dejarme como estaba.
Dios quiso llevarme a la madurez, y es solo ahí cuando empezamos a ser útiles
en las manos de nuestro Dios, dondequiera que Él nos ponga.


Columnas en la Casa de Dios

"Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios…"
Apocalipsis 3:12

Solo ahí podemos ser columnas en la casa de Dios:
en la iglesia, en la familia, en el trabajo.
Eso es madurez.

"¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz!"
Romanos 10:15

He entendido que una persona madura en su carácter es de bendición para los demás.
Pero esa madurez se construye en base a la obediencia a la voz y a la Palabra de Dios.

Todo lo inicia la obra de Dios en nosotros.
Es su gracia. Es su amor. Es su bondad.


Oremos por Sanidad y Madurez

"Así será mi palabra… no volverá a mí vacía…"
Isaías 55:11

Gloria sea a Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que envía su palabra, y su palabra jamás regresa vacía.
Hace la voluntad de Dios.

Es hora de pedirle a nuestro Dios y Padre que nos lleve:

Pidamos ayuda.
Porque sin Él, solo tropezaremos, nos alejaremos de su obra, de su casa, de su voluntad.

Pero hoy, pidamos sanidad.
En el nombre del Señor Jesucristo. Amén.


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🔤 Fuente:

1000predicas.com


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