UNA FE DE ALTO PRECIO
Texto bíblico principal:
2 Pedro 1:1
“Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que habéis alcanzado, por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo, una fe igualmente preciosa que la nuestra.”
Siempre pienso en como fue la fe de los discipulos de Cristo en un inicio, y como esa fe se fue moldeando hasta llegar aser lo fue, siervos de Cristo dispuestos a entregar sus vidas por causa de él, y fue asi , todos fueron muertos por causa de predicar el evangelio de la salvación en Cristo Jesús.
Pero aquel Pedro que negó a Cristo por miedo, y que retrocedio, ¿cómo es que despues escribe este pasaje tan hermoso?, solo es la obra del Espíritu Santo de Dios en la vida del hombre.
Hoy quisiera explicarte como es que la fe del cristiano se va desarrollando, y cual debe ser el resultado de todo.
La fe preciosa es aquella que no se compra ni se adquiere por esfuerzo humano, sino que es otorgada por Dios a quienes creen en Jesucristo.
Su valor no es terrenal, sino eterno; su fuerza no es humana, sino espiritual.
La fe es como un músculo: se ejercita, se prueba y se fortalece con el tiempo. Y el resultado de esa fe de alto valor es que se convierte en confianza absoluta en Dios.
La fe toma valor cuando se convierte en conocimiento y ese conocimiento se vuelve confianza en un Dios Todopoderoso, vivo y fiel, amén.
No nace del hombre, sino que es un don divino.
Su valor es incalculable porque nos conecta con Cristo y con la vida eterna.
Efesios 2:8 – “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios.”
Hebreos 12:2 – “Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe.”
El oro se destruye con el fuego, pero la fe se fortalece en medio del fuego.
Su valor se ve cuando soporta pruebas y nos sostiene firmes.
1 Pedro 1:7 – “Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro perecedero, aunque probado con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo.”
Romanos 5:3-4 – “Nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza.”
Al principio la fe nos sostiene en pruebas pequeñas, pero esas victorias se convierten en experiencias que fortalecen nuestra confianza en Dios.
David es un ejemplo claro:
Por fe mató al león y al oso.
Esa fe se transformó en confianza inquebrantable cuando enfrentó a Goliat.
1 Samuel 17:36-37
–
“Tu siervo mataba al león y al oso; y este filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado al ejército del Dios viviente.
Añadió David: Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo.”
Resultado:
La fe preciosa se convierte en confianza, porque recordamos lo que Dios ya ha hecho y creemos que volverá a hacerlo.
La fe no siempre nos lleva por donde queremos, sino por donde Dios decide.
Pedro tuvo que aprender que la fe preciosa no es independencia, sino dependencia total de Cristo.
Juan 21:18
–
“De cierto, de cierto te digo: cuando eras más joven, te ceñías e ibas adonde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará adonde no quieras.”
2 Timoteo 4:7-8 – “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia…”
Confianza firme en Dios.
Valentía en las batallas.
Perseverancia en las pruebas.
Esperanza eterna en Cristo.
Hebreos 11:33-34 – “Por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros.”
La fe preciosa es un regalo de Dios que crece en valor cada vez que es probada y sostenida por su Espíritu.
Con fe enfrentamos pruebas pequeñas.
Confiando en Dios, esas pruebas pasadas se convierten en la seguridad para enfrentar gigantes.
Como David, Pedro y tantos héroes de la fe, la fe preciosa nos transforma y nos prepara para la victoria final: la eternidad con Cristo.