Uno de los mayores problemas que detienen el crecimiento espiritual de los cristianos son los prejuicios.
Aunque hemos creído en Cristo y somos parte de Su cuerpo, muchas veces permitimos que pensamientos preconcebidos distorsionen nuestra visión.
Esto abre una puerta al enemigo para desanimar, aislar y estancar la vida espiritual.
"Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo."
(
2 Corintios 10:4-5
)
Rema: El prejuicio es un argumento carnal que necesita ser derribado por la verdad de Cristo.
Son opiniones preconcebidas, generalmente negativas, hacia personas o grupos, sin fundamento real.
Nacen de heridas pasadas, malas experiencias, entornos familiares y falta de madurez espiritual.
"No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio."
(
Juan 7:24
)
Rema: El prejuicio nos hace mirar a las personas con lentes sucios; Cristo nos invita a ver con la claridad de la verdad.
Lo que somos hoy fue moldeado desde nuestra niñez y juventud.
Si crecimos en rechazo, es probable que interpretemos rechazo donde no lo hay.
Debemos aprender a conocer a las personas y no condenarlas por experiencias pasadas.
"¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?"
(
Mateo 7:3
)
Rema: La madurez espiritual comienza cuando dejamos de proyectar nuestras heridas en los demás.
Los prejuicios hacen pensar que todos nos rechazan o que caemos mal a otros.
Eso nos detiene de servir en la iglesia, nos aísla y enfría el corazón.
La Palabra enseña que somos un solo cuerpo en Cristo y cada miembro es importante.
"Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular."
(
1 Corintios 12:27
)
Rema: Un cuerpo dividido por prejuicios no puede edificar; la autoestima sana nace de sabernos aceptados en Cristo.
Solución práctica: hablar con la persona en amor, en vez de dar lugar a pensamientos sin fundamento.
"Si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos..."
(
Mateo 18:15
)
Muchas veces el prejuicio nace al ver algo “a medias” y sacar conclusiones apresuradas.
Eso se convierte en chisme y división dentro de la congregación.
"El chismoso revela los secretos; por tanto, no te entremetas con el suelto de lengua."
(
Proverbios 20:19
)
Rema: Donde hay prejuicio no hay edificación, solo contaminación del cuerpo de Cristo.
En el hogar, los prejuicios destruyen la confianza.
Pensar: “Seguro me va a dejar”, “ya anda con otro” es señal de una autoestima baja y una mente no gobernada por el Espíritu.
"El amor todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta."
(
1 Corintios 13:7
)
Rema: El amor en el matrimonio expulsa el temor y la sospecha; los prejuicios alimentan el miedo y la división.
Creer que “le caigo mal a todos” es una estrategia del enemigo para apartarte de la comunión.
La iglesia es lugar de edificación, no de aislamiento.
"Soportaos unos a otros, y perdonaos unos a otros..."
(
Colosenses 3:13
)
Rema: La verdadera madurez espiritual es permanecer en comunión a pesar de las diferencias.
Pensar que nuestro servicio “no es agradable” o que “nadie lo valora” es prejuicio que enfría nuestro ministerio.
Dios mira el corazón, no la opinión de los hombres.
"Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres."
(
Colosenses 3:23
)
Rema: El servicio en Cristo se sostiene en la aprobación del Padre, no en la percepción de los hombres.
Solo cree, aunque tu mente este llena de prejuicios y pienses que Dios no escucha.
Los prejuicios son fortalezas mentales que frenan el crecimiento espiritual.
Nacen de heridas, desconfianza y falta de madurez.
Cristo nos llama a renovar la mente, a ver con amor, a perdonar y a caminar en unidad.
"No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta."
(
Romanos 12:2
)
Llamado: Deja tus prejuicios a los pies de Cristo. Permite que Su verdad limpie tus pensamientos y Su amor renueve tus relaciones.