Jesús dijo:
“Vosotros sois la luz del mundo” y “la sal de la tierra”.
Aquí el Señor nos muestra dos planos distintos donde el cristiano vive y actúa:
El plano del mundo (la luz)
El plano de la tierra (la sal)
Ambos planos están relacionados, pero no producen las mismas consecuencias.
La luz alumbra de forma general.
No interviene directamente en lo interno, sino que:
Permite ver
Facilita encontrar
Ayuda a ordenar
Esto representa al cristiano que:
Conoce la Palabra de Dios
Enseña
Predica sin temor
Guía a otros
Si la luz se esconde:
No tiene sentido
Nadie te conoce
Nadie habla bien ni mal de ti
Tu santidad o tu caída:
Solo te afecta a ti
A tu familia cercana
Puedes permanecer escondido o puedes aparecer, tú decides.
Este es un plano externo y general.
La sal interviene directamente en la comida
Entra al cuerpo
Afecta lo que se consume
Este es un plano:
Más específico
Más profundo
Más interno
Jesús dijo:
“Nadie puede dar lo que no tiene”.
Si no estoy lleno del Espíritu Santo:
Lo que salga de mí no será bueno
Será solo humano
La sal representa:
El carácter
Lo interno
Lo que nadie ve
Todo lo que somos:
Afecta primero a nuestra familia
Luego a los que nos rodean
Por eso Mateo 5 dice:
“Bienaventurados los que son, no los que hacen”.
Ser luz → enseñar
Ser sal → dar lo que tienes dentro
Muchas personas:
Enseñan cosas bonitas
Pero viven mal
Jesús dijo:
“Todo lo que los fariseos digan, háganlo; pero lo que ellos hacen, no lo hagan”.
Ellos:
Eran luz (enseñaban, guiaban)
Pero no eran sal (su carácter no transformaba)
Así como:
Pastores en las iglesias
Padres en la familia
Profesores en las escuelas
La sal afecta directamente el carácter de otros con nuestro carácter.
Va a:
Lo interno
Lo profundo
Lo personal
Lo que nadie ve
No solo:
Hablar bien
Sino también:
Vivir bien
No se puede separar una cosa de la otra.
En tiempos de Jesús:
Algunos echaban fuera demonios
Pero no estaban con Cristo
Juan el Bautista seguía predicando
Pero ya no estaba caminando con Cristo
Eran luces que alumbraban
Pero como sal perdieron su sabor
Cuando se pierde el sabor:
Se pierde la fe
Se pierde la esperanza
Llegó a preguntar:
“¿Eres tú el Cristo o debemos esperar a otro?”
No solo dudó él
Hizo dudar a sus discípulos
Tropezaron
Dejaron de creer
Un solo hombre que pierde el sabor puede afectar a muchos.
Mantuvo su fe hasta el final
Con los ojos puestos en el Padre y el Hijo
Declaró su fe hasta el último aliento
“Mi casa y yo serviremos al Señor”.
Aquí vemos claramente lo que es:
Ser la sal de este mundo
No perder el sabor
El Padre eterno
Jesucristo el Hijo
Y su Santo Espíritu
Te bendigan.
Abrazos, hermano.