Vivimos en un tiempo donde muchas personas dicen ser cristianas, pero pocas se detienen a preguntarse qué significa realmente ser parte de la iglesia de Cristo.
Para muchos, la iglesia se ha convertido solamente en un lugar al que se asiste una vez por semana. Para otros, es una organización religiosa llena de costumbres, actividades y tradiciones humanas. Pero cuando abrimos la Palabra de Dios descubrimos que la iglesia verdadera es mucho más que eso.
La iglesia no nació en el corazón de los hombres, nació en el corazón de Dios.
“...edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.”
— Mateo 16:18
Cristo no vino a establecer una religión muerta, sino un cuerpo vivo lleno de hombres y mujeres transformados por el Espíritu Santo.
La primera iglesia vivía en comunión con Dios, perseveraba en la oración, predicaba con valentía y estaba dispuesta a sufrir por el nombre de Cristo. No buscaban fama, riquezas ni reconocimiento; esperaban la venida del Señor y vivían como extranjeros en esta tierra.
Pero con el paso del tiempo muchas cosas cambiaron. El cristianismo para muchos dejó de ser una vida de entrega y se convirtió solamente en una costumbre religiosa.
Por eso hoy necesitamos volver a preguntarnos:
¿Qué es realmente la iglesia cristiana?
¿Estamos viviendo como el cuerpo de Cristo o solamente asistiendo a una estructura religiosa?
¿Estamos siguiendo a Cristo de verdad o solamente conservando una apariencia de fe?
¿QUÉ ES LA IGLESIA CRISTIANA?
La iglesia cristiana no es una institución muerta.
La iglesia es el cuerpo de Cristo.
La Escritura dice:
“Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.”
— 1 Corintios 12:27
Un cuerpo está vivo, no muerto.
Cada parte del cuerpo tiene vida, no por sí misma, sino porque depende de la cabeza, que es Cristo.
“...Cristo es la cabeza de la iglesia.”
— Efesios 5:23
Imagínate por un momento que tu pie dijera: “Hoy no quiero caminar”, o que tu mano dijera: “No voy a hacer nada”. Todo el cuerpo empezaría a sufrir. Habría caos.
Así también ocurre con la iglesia.
La iglesia no fue creada para ser una organización llena de reglas humanas donde las personas solamente obedecen estructuras y tradiciones. La iglesia verdadera es un cuerpo vivo donde cada miembro sirve y obedece a Cristo.
Cuando Cristo gobierna la vida del creyente, entonces el cuerpo funciona correctamente.
La iglesia primitiva caminó en sufrimiento, persecución y rechazo.
Seguir a Cristo significaba estar dispuesto a perderlo todo.
El que decidía seguir al Señor sabía que podía enfrentar cárcel, desprecio e incluso la muerte.
Pero también sabía que había una promesa eterna.
“Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución.”
— 2 Timoteo 3:12
“Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria.”
— 2 Corintios 4:17
Ser cristiano era una decisión de fe verdadera.
Pero cuando el cristianismo comenzó a mezclarse con el imperio romano, muchos empezaron a llamarse cristianos sin haber rendido verdaderamente sus vidas a Cristo. Entonces dejó de ser para muchos un camino de fe y se convirtió en una costumbre religiosa.
La primera iglesia no vivía un evangelio de domingos.
“Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas...”
— Hechos 2:46
Los creyentes compartían juntos todos los días.
Perseveraban en oración, en comunión, en amor y en la Palabra.
Nadie vivía para sí mismo.
“...ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía...”
— Hechos 4:32
Todos entendían que servían al mismo Señor.
No se consideraban reyes, sino siervos.
Pero con el tiempo muchos redujeron el cristianismo a asistir una vez por semana a un templo, mientras el resto de sus vidas permanecía lejos de Dios.
3. La iglesia verdadera no vive solamente dentro de cuatro paredes
La primera iglesia no tenía como propósito construir edificios inmensos ni levantar estructuras para impresionar al mundo.
Se reunían donde podían.
El centro de sus vidas era Cristo y Su venida.
“Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir.”
— Hebreos 13:14
No vivían aferrados a las cosas materiales.
Hoy muchos viven igual o más afanados por lo terrenal que aquellos que no conocen a Dios. A muchos les han predicado un evangelio de éxito económico, fama y poder humano.
Pero la iglesia primitiva no quería parecerse al mundo.
“No os conforméis a este siglo...”
— Romanos 12:2
Había una diferencia clara entre el pueblo de Dios y el mundo.
Hermano, necesitamos volver a la iglesia que Cristo formó.
Vivimos en este mundo, pero no pertenecemos a este mundo.
“Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.”
— Juan 17:16
En Hechos 6 aparece Esteban.
Esteban no era famoso.
No era alguien importante socialmente.
No buscaba reconocimiento.
Era simplemente un hombre lleno del Espíritu Santo.
“Buscar... varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría...”
— Hechos 6:3
Dios comenzó a usarlo poderosamente en medio del pueblo.
Y algo importante es esto:
Esteban nunca necesitó parecerse al mundo para alcanzar al mundo.
Simplemente permitió que el Espíritu Santo lo guiara.
Predicaba fuera del templo con valentía y sin temor.
Hoy muchos pelean por posiciones, títulos y reconocimiento dentro de la iglesia. Algunos buscan liderazgo para alimentar su orgullo. Otros quieren poder. Otros quieren fama espiritual.
Pero eso es señal de una iglesia enferma.
La verdadera obra del Espíritu Santo produce humildad y obediencia.
Cuando hubo necesidad de servir a las viudas, Esteban fue escogido.
Y aunque Dios hacía señales poderosas por medio de él, nunca reclamó un puesto mayor.
Nunca levantó un movimiento aparte.
Nunca buscó gloria para sí mismo.
Porque entendía que el poder pertenece a Dios.
“¿Qué tienes que no hayas recibido?”
— 1 Corintios 4:7
Hoy alguien predica un poco, o Dios hace un milagro por medio de él, y enseguida aparece el orgullo.
Pero Esteban entendía algo profundo:
Dentro de la congregación servía mesas.
Fuera de ella predicaba con poder.
Ambos servicios eran necesarios.
Era formado por los ministros y guiado por el Espíritu Santo.
Comprendió que la iglesia es un organismo vivo, el cuerpo de Cristo.
Y no solamente había palabras; también había poder de Dios.
“Y Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo.”
— Hechos 6:8
Muchos lugares se volvieron instituciones vacías.
Mucha actividad.
Muchos programas.
Muchas reglas humanas.
Pero poca comunión verdadera con Dios.
Muchos cristianos entran al templo cada domingo y salen iguales.
Por eso hoy debes preguntarte:
Desde que dices creer en Cristo, ¿a cuántas personas les has hablado de Él?
¿A cuántos has guiado al arrepentimiento?
¿En cuántos se ve perseverancia?
¿Vives solamente de recuerdos espirituales?
Antes predicabas.
Antes buscabas a Dios.
Antes había fuego en tu vida.
Pero ahora solamente sobrevives espiritualmente esperando que algo cambie.
Hoy el Señor te llama a volver al principio.
“Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor.”
— Apocalipsis 2:4
Vuelve a buscar a Dios de verdad.
Vuelve a la comunión con el Padre.
Vuelve a depender del Espíritu Santo.
Sal de la rutina muerta.
Sal de una fe solamente externa.
Busca a Dios en todo momento.
“Buscad a Jehová mientras puede ser hallado...”
— Isaías 55:6
Predica Su Palabra sin temor.
“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía...”
— 2 Timoteo 1:7
La iglesia verdadera sigue viva cuando Cristo sigue siendo la cabeza.
Conclución
Hoy el Señor nos llama a volver al diseño original, a regresar a la comunión verdadera con Él y a entender que la iglesia no son las paredes, ni los títulos, ni las organizaciones humanas, sino un pueblo vivo gobernado por Cristo.