Texto base: Desde Génesis hasta Cristo.
Toda la Biblia cuenta una sola historia.
No es la historia de hombres buscando a Dios.
Es la historia de Dios buscando al hombre.
Desde el Edén hasta la Cruz vemos el corazón de un Padre que no se rindió con su creación.
Hay tres etapas fundamentales en esta historia:
Si entendemos estas tres etapas, entenderemos mejor quién es Dios, quiénes somos nosotros y por qué Jesús tuvo que venir.
Cuando Dios creó al hombre, no creó una religión.
Creó una relación.
Adán no tenía una Biblia.
No tenía un templo.
No tenía un altar.
No tenía sacrificios.
No tenía sacerdotes.
Tenía algo mucho más valioso:
La presencia de Dios.
Dios caminaba con el hombre.
Había amistad.
Había cercanía.
Había confianza.
Había comunión perfecta.
El hombre no vivía para buscar a Dios.
Vivía con Dios.
"Antes que existiera una religión, existía una relación."
Cuando Adán y Eva pecaron ocurrió algo terrible.
No solamente quebrantaron un mandamiento.
Rompieron la relación.
Lo primero que apareció fue la vergüenza.
Luego el temor.
Después el ocultamiento.
El hombre que antes corría hacia Dios ahora se escondía de Él.
Y entonces ocurre una de las preguntas más conmovedoras de toda la Biblia:
"¿Dónde estás tú?" ( Génesis 3:9 )
Dios no preguntó porque ignoraba dónde estaba Adán.
Preguntó porque Adán había perdido el lugar donde debía estar.
Era una invitación al arrepentimiento.
Era el corazón de un Padre buscando a su hijo perdido.
"El pecado no cambió el amor de Dios por el hombre, pero sí cambió la cercanía del hombre con Dios."
Observe algo maravilloso.
No fue Adán quien buscó a Dios.
Fue Dios quien buscó a Adán.
Desde el principio vemos el evangelio en acción.
Un Dios santo acercándose a un hombre pecador.
"La historia de la salvación comenzó cuando Dios dio el primer paso hacia el hombre caído."
Después de la caída, el problema no era que Dios hubiera dejado de amar.
El problema era que el pecado había creado una separación.
Dios seguía siendo santo.
El hombre seguía siendo pecador.
¿Cómo puede acercarse un pecador a un Dios santo?
Por eso aparece la Ley.
La Ley no fue dada para salvar al hombre.
Fue dada para mostrarle su necesidad de salvación.
"La Ley fue un espejo que reveló la profundidad de nuestra condición."
Bajo la Ley existía acceso a Dios, pero con restricciones.
Había sacrificios.
Había sacerdotes.
Había rituales.
Había purificaciones.
Había normas específicas.
El pueblo no podía entrar libremente a la presencia divina.
En el tabernáculo vemos claramente esta realidad.
El atrio era para el pueblo.
El Lugar Santo era para los sacerdotes.
El Lugar Santísimo era para el sumo sacerdote.
Y solamente una vez al año.
Todo eso comunicaba un mensaje:
El pecado sigue siendo una barrera.
"La Ley permitía acercarse a Dios, pero también recordaba constantemente la distancia causada por el pecado."
Cada cordero sacrificado anunciaba una verdad.
La paga del pecado es muerte.
La sangre derramada hablaba de sustitución.
Pero aquellos sacrificios no podían quitar definitivamente el pecado.
Eran una sombra.
Una señal.
Un anuncio profético.
Todos apuntaban hacia alguien que vendría.
"Cada altar del Antiguo Testamento señalaba hacia una cruz futura."
Lo que ningún sacerdote pudo hacer.
Lo que ningún sacrificio pudo completar.
Lo que ningún ser humano pudo alcanzar.
Jesús lo hizo.
Vivió sin pecado.
Cumplió perfectamente la Ley.
Tomó nuestro lugar.
Pagó nuestra deuda.
Murió nuestra muerte.
"Cristo no vino a mejorar el sistema; vino a cumplirlo y reemplazarlo."
Cuando Jesús murió ocurrió algo extraordinario.
"Y el velo del templo se rasgó en dos."
Aquel velo separaba el Lugar Santísimo.
Representaba la barrera entre Dios y el hombre.
Cuando se rasgó, Dios estaba anunciando algo glorioso:
El acceso quedó abierto.
Ya no por méritos humanos.
Ya no por obras.
Ya no por sacrificios repetidos.
Ahora por la sangre de Cristo.
"Lo que el pecado cerró en el Edén, Cristo lo abrió en la Cruz."
Ahora tenemos acceso al Padre.
No por nuestros esfuerzos.
No por nuestra justicia.
No por nuestra religión.
Sino por Jesús.
"Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre." ( 1 Timoteo 2:5 )
Ya no necesitamos un sacerdote terrenal para acercarnos a Dios.
Tenemos un Sumo Sacerdote eterno.
Ya no ofrecemos sacrificios.
El sacrificio perfecto ya fue ofrecido.
"La cruz convirtió la distancia en cercanía y la condenación en reconciliación."
| Época | Relación con Dios | Característica |
|---|---|---|
| Edén | Cara a cara | Comunión |
| Ley | Por sacerdotes y sacrificios | Mediación |
| Cristo | Por medio de Jesús | Reconciliación |
Imagine tres puertas delante de usted.
La puerta está completamente abierta.
Adán y Eva disfrutan de la presencia de Dios.
No hay barreras.
No hay distancia.
Todo es comunión.
La puerta sigue existiendo.
Pero ahora hay barreras.
Hay sacerdotes.
Hay sacrificios.
Hay restricciones.
El pecado ha complicado el acceso.
Jesús aparece delante de la puerta.
La abre completamente.
Y declara:
"Yo soy el camino, y la verdad, y la vida."
Ya no hay separación para quien cree en Él.
La Biblia comienza con una comunión perdida en un jardín.
Y termina con una comunión restaurada en la presencia eterna de Dios.
El Edén nos muestra lo que perdimos.
La Ley nos muestra por qué lo perdimos.
Cristo nos muestra cómo recuperarlo.
Por eso el mensaje central de la Biblia no es simplemente:
"Busca a Dios."
El mensaje es:
"Dios te ha estado buscando desde el principio."
Y la pregunta que resonó en el Edén sigue escuchándose hoy:
"¿Dónde estás tú?"
Porque el mismo Dios que llamó a Adán, hoy sigue llamando a cada persona para volver a la comunión que fue restaurada por medio de Jesucristo.
"En el Edén hubo comunión, en la Ley hubo mediación, pero en Cristo hay reconciliación eterna."