Texto base: Hechos 9
Hechos 9 nos muestra tres personajes extraordinarios: Saulo, Ananías y Pedro. No aparecen juntos por casualidad. Dios nos presenta aquí el recorrido completo de la vida cristiana:
Es el camino que todo creyente debería recorrer.
Saulo no era un hombre indiferente; era un perseguidor.
Muchas personas hoy son como Saulo.
No necesariamente persiguen físicamente a los cristianos, pero viven:
La Biblia enseña que antes de Cristo todos éramos enemigos de Dios por nuestras obras.
"Antes de ser discípulos de Cristo, todos éramos rebeldes contra Su autoridad."
En el camino a Damasco ocurre algo sobrenatural.
Jesús se le aparece y le dice:
"Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?"
En ese instante Saulo comprende que Jesús está vivo.
No tuvo una emoción religiosa.
No tuvo una experiencia superficial.
Tuvo un encuentro real con Cristo.
La verdadera conversión comienza cuando una persona deja de discutir con Dios y se rinde ante Él.
"La conversión verdadera ocurre cuando Cristo deja de ser una idea y se convierte en el Señor de nuestra vida."
La primera pregunta de Saulo fue:
"Señor, ¿qué quieres que yo haga?"
Ya no pregunta:
Ahora pregunta:
La evidencia de una conversión real es una vida dispuesta a obedecer.
"El convertido genuino cambia de dueño, de dirección y de propósito."
Después de la conversión aparece Ananías.
No era apóstol.
No era famoso.
No era predicador multitudinario.
La Biblia simplemente dice:
"Había entonces en Damasco un discípulo."
¡Qué título tan hermoso!
La palabra de Dios dice que Ananías era un discipulo, y la palabra discipulo significa aprendiz.
Ananías seguía aprendiendo de Dios.
No había llegado.
No se consideraba experto.
Seguía creciendo.
Muchos quieren ser maestros antes de ser discípulos.
Pero Dios usa a quienes permanecen aprendiendo.
"Nunca podremos enseñar correctamente lo que primero no hemos aprendido de Cristo."
Cuando Dios le habló, Ananías respondió:
"Heme aquí, Señor."
Reconocía la voz de Dios.
Escuchaba.
Prestaba atención.
Tenía comunión con el Señor.
El Espíritu Santo sigue hablando hoy a quienes tienen un corazón dispuesto.
"La voz de Dios sigue siendo clara para quien mantiene una relación cercana con Él."
Dios le dijo que fuera donde Saulo.
Ananías conocía la fama de Saulo.
Sabía que era peligroso.
Sin embargo obedeció.
La fe verdadera no es ausencia de temor.
Es obedecer a Dios a pesar del temor.
"La obediencia comienza donde terminan nuestras excusas."
Ananías llega y le dice:
"Hermano Saulo."
Qué transformación tan grande.
El perseguidor ahora es llamado hermano.
Dios usó a Ananías para:
"Los creyentes maduros no aplastan a los nuevos; los ayudan a levantarse."
La última parte del capítulo nos muestra a Pedro.
Aquí vemos el resultado de años caminando con Cristo.
Pedro recorría diferentes lugares ministrando.
No esperaba comodidad.
No esperaba reconocimiento.
Estaba donde Dios quería usarlo.
"Los instrumentos útiles no esperan oportunidades; están disponibles para Dios."
Pedro encuentra a Eneas paralítico.
Le dice:
"Jesucristo te sana."
Y el hombre se levantó.
Pedro no buscó gloria para sí mismo.
Toda la gloria fue para Cristo.
"Cuando Cristo recibe la gloria, el Espíritu Santo manifiesta Su poder."
Después Pedro ora por Tabita.
Ella resucita.
Muchos creen en el Señor.
Las señales no eran el objetivo.
Las señales apuntaban a Cristo.
La meta no era impresionar personas.
La meta era que las personas conocieran a Jesús.
"Los milagros verdaderos siempre dirigen la atención hacia Cristo y nunca hacia el hombre."
En Hechos 9 encontramos tres etapas del desarrollo espiritual:
Convertido.
Pasa de enemigo de Cristo a siervo de Cristo.
Discípulo.
Aprende a escuchar y obedecer al Espíritu Santo.
Ministro.
Camina en madurez y en el poder de Dios.
Este es el diseño divino:
Conversión → Discipulado → Ministerio.
Muchos quieren comenzar como Pedro.
Pero primero hay que pasar por Saulo y por Ananías.
Dios primero transforma el corazón, luego forma el carácter y finalmente libera el ministerio.
¿Dónde te encuentras hoy?
Porque el propósito de Dios no es solamente salvarnos.
Su propósito es llevarnos de enemigos a discípulos, y de discípulos a instrumentos poderosos para Su gloria.