Epístola de Santiago capítulo 3
Muchos leen Santiago 3 pensando que solamente habla de la lengua, de cuidar las palabras o de evitar hablar mal. Pero en realidad este capítulo habla de algo mucho más profundo: habla de gobierno.
La lengua no es el problema principal. La lengua revela quién gobierna el corazón.
Jesús dijo:
“Porque de la abundancia del corazón habla la boca.”
— Mateo 12:34
La boca es solamente el reflejo visible de una autoridad invisible que está gobernando dentro del hombre.
Por eso las palabras no nacen primero en la boca. Nacen en el corazón, pasan por la mente y terminan manifestándose en la vida.
Las malas decisiones comienzan con malos pensamientos.
Las malas palabras comienzan con un corazón desordenado.
Una vida fuera de control es evidencia de un gobierno equivocado.
La gran pregunta del cristianismo no es solamente:
“¿Voy a la iglesia?”
“¿Oro?”
“Leo la Biblia?”
La pregunta más profunda es:
Lo más importante del cristianismo no es una religión externa.
Es aprender a ser gobernados por el Espíritu de Dios.
“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.”
— Romanos 8:14
Ser cristiano no es solamente creer en Dios.
Es permitir que Dios tome el control.
Muchos quieren un Salvador, pero no un Señor.
Quieren salvación, pero no gobierno.
Quieren bendición, pero no obediencia.
Pero el Reino de Dios funciona bajo autoridad.
Cuando Dios gobierna:
Santiago comienza diciendo algo fuerte:
“Porque todos ofendemos muchas veces.”
— Santiago 3:2
Después muestra que todos fallamos.
Y luego declara algo todavía más profundo:
“Pero ningún hombre puede domar la lengua.”
— Santiago 3:8
Observe el progreso del texto:
Santiago está destruyendo la confianza humana.
Está diciendo:
“El hombre sin Dios no puede gobernarse correctamente.”
La humanidad tiene conocimiento, tecnología, estudios, inteligencia…
pero no puede controlar su propia naturaleza.
Por eso vemos personas destruidas por:
El problema no es solamente conducta.
El problema es gobierno interno.
Santiago usa dos ejemplos poderosos.
“He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan.”
— Santiago 3:3
Un caballo tiene fuerza.
Tiene energía.
Tiene capacidad.
Pero sin freno, destruye.
Así también el ser humano.
Tiene emociones, deseos, pensamientos, impulsos.
Pero si no tiene freno espiritual, termina siendo dominado por su propia carne.
El freno representa dominio.
Necesitamos que Dios ponga freno en:
“Mirad también las naves… son gobernadas con un muy pequeño timón.”
— Santiago 3:4
Un barco enorme puede ser dirigido por un pequeño timón.
La pregunta es:
¿Quién mueve el timón de tu mente?
Porque hacia donde gira la mente, termina yendo la vida.
Muchos están siendo gobernados por:
Pero Dios quiere gobernar nuestra mente.
“Transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento.”
— Romanos 12:2
Cuando arrestaron a Jesús, le dijeron a Pedro:
“Verdaderamente también tú eres de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre.”
— Mateo 26:73
Su manera de hablar revelaba quién estaba influyendo en su vida.
Pero Pedro no siempre fue estable.
Era impulsivo.
Hablaba apresuradamente.
A veces actuaba según la carne.
Sin embargo, hubo un momento decisivo.
Jesús preguntó:
“¿Queréis acaso iros también vosotros?”
Y Pedro respondió:
“Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.”
— Juan 6:67-68
Pedro había recibido una revelación.
Y Jesús mismo le dijo:
“No te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre.”
— Mateo 16:17
Allí comenzó un cambio de gobierno.
Pedro pasó de ser gobernado por impulsos a ser transformado por la revelación de Dios.
Porque cuando el Padre se revela al hombre, cambia el centro de gobierno del corazón.
Santiago dice:
“¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga?”
— Santiago 3:11
No podemos decir que Dios gobierna nuestra vida mientras seguimos siendo gobernados por:
Un corazón gobernado por Dios comienza a producir otra clase de fruto.
Esa es la pregunta central.
Porque alguien siempre está gobernando:
“Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.”
— Romanos 8:6
Muchos creyentes aman a Dios, pero todavía permiten que otras voces gobiernen:
Y mientras eso gobierne, habrá inestabilidad.
Dios no solamente quiere visitarnos.
Quiere dirigirnos.
No solamente quiere emocionarnos en un culto.
Quiere sentarse en el trono del corazón.
El Espíritu Santo quiere:
Porque el problema del hombre no es solamente pecado.
Es falta de gobierno divino.
Santiago 3 no es solamente un capítulo sobre la lengua.
Es un capítulo sobre autoridad espiritual.
La lengua revela quién gobierna dentro de nosotros.
Si Cristo gobierna:
La pregunta final no es:
“¿Voy a la iglesia?”
La pregunta es:
Porque la vida siempre terminará reflejando al que está sentado en el trono interior.