“¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” — Romanos 7:24
La pregunta no es solamente:
La verdadera pregunta es:
Porque mientras haya lucha, mientras haya dolor por el pecado, mientras haya convicción, todavía el Espíritu Santo está hablando al corazón.
Pero cuando ya no hay lucha… cuando ya no hay arrepentimiento… cuando el pecado ya no duele… cuando la conciencia ya no habla… entonces el pecado comienza a convertirse en maldad.
Hoy muchos quieren el nombre de cristianos, pero sin la cruz. Quieren salvación sin arrepentimiento. Quieren presencia de Dios sin morir a la carne.
“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre…” — Romanos 5:12
Adán pecó. Desobedeció. Escuchó otra voz.
Pero después de pecar:
Adán cayó, pero todavía había sensibilidad.
El pecado entró al hombre. La naturaleza humana fue dañada.
Todos nacimos con una inclinación al pecado.
Los apetitos de la carne nacieron allí:
“No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano.” — 1 Juan 3:12
Caín ya no solamente pecó. Caín alimentó algo oscuro dentro de él.
Dios le habló antes de matar a Abel.
“El pecado está a la puerta…” — Génesis 4:7
Dios le estaba diciendo: “Todavía puedes detener esto.”
Pero Caín dejó crecer:
Hasta convertirse en asesinato.
Aquí vemos algo peligroso: El pecado no detenido termina convirtiéndose en maldad.
La serpiente no solamente tentó. La serpiente sembró:
Jesús dijo:
“Vosotros sois de vuestro padre el diablo…” — Juan 8:44
¿Por qué les dijo eso?
Porque querían matar. Mentían. Resistían la verdad.
Tenían apariencia espiritual, pero el fruto revelaba otra naturaleza.
Mucho.
Porque aún siendo cristianos, la carne quiere volver a gobernar.
“Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu…” — Gálatas 5:17
Hay creyentes:
El peligro no es solamente caer. El peligro es acostumbrarse.
El peligro es vivir en pecado sin dolor.
Pablo dijo:
“Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero…” — Romanos 7:19
Y luego gritó:
“¡Miserable de mí!” — Romanos 7:24
Ese grito es la evidencia de una batalla espiritual.
El hombre que todavía pelea contra la carne:
Pero el corazón endurecido ya no lucha. Se entrega. Se acostumbra. Justifica el pecado.
Esa es la pregunta de hoy.
¿Todavía sientes convicción? ¿Todavía te duele fallarle a Dios? ¿Todavía peleas contra la carne? ¿Todavía lloras por tu condición?
Porque la Biblia dice:
“Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado.” — Hebreos 12:4
Hoy muchos quieren jugar con el pecado, pero no quieren pelear contra él.
Quieren alimentar la serpiente y seguir llamándose cristianos.
Jesús habló de sepulcros blanqueados.
Por fuera:
Pero por dentro:
La maldad no comienza en las manos. Comienza en el corazón.
Caín mató a Abel físicamente, pero primero lo mató dentro de sí mismo.
La solución no es esconder el pecado. La solución es morir a la carne.
“Los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.” — Gálatas 5:24
Cristo no vino solamente a darte un título de cristiano. Vino a destruir las obras del diablo dentro del hombre.
El pecado entró por Adán. La maldad creció en Caín. La serpiente sigue tentando al hombre.
Pero Cristo vino para formar una nueva naturaleza.
La pregunta final es:
¿La carne? ¿La serpiente? ¿O el Espíritu Santo?
Porque el verdadero hijo de Dios no es el que nunca cae… sino el que no deja de pelear contra la oscuridad hasta que Cristo sea formado en él.