Hermanos, cuando pensamos en Proverbios 5, muchas veces creemos que el tema principal es el adulterio o la mujer extraña. Pero antes de hablar del pecado, Salomón habla de algo más profundo: la necesidad de escuchar la voz de Dios a través de los enseñadores que Él ha puesto en nuestra vida.
Nadie cae de un día para otro.
Primero deja de escuchar.
Después deja de obedecer.
Finalmente cae.
Por eso la pregunta de esta noche es:
¿A quién estás escuchando?
"Hijo mío, está atento a mi sabiduría, y a mi inteligencia inclina tu oído."
Observe que Salomón habla como un padre que instruye a su hijo.
Dios nunca dejó a su pueblo sin dirección.
En tiempos de Israel existían:
Dios hablaba por medio de ellos.
Hoy también Dios ha puesto:
La pregunta no es si Dios está hablando.
La pregunta es:
¿Estamos escuchando?
"Ahora pues, hijos, oídme, y no os apartéis de las razones de mi boca."
Observe que Salomón insiste:
"Oídme."
Porque sabe que el problema del ser humano no es la falta de información.
Es la falta de atención.
Muchos conocen la Biblia.
Muchos saben lo correcto.
Muchos han escuchado cientos de sermones.
Pero no obedecen.
La caída comienza cuando dejamos de prestar atención a la voz de Dios.
"Porque los labios de la mujer extraña destilan miel."
El pecado siempre parece atractivo.
Nunca llega mostrando destrucción.
Llega mostrando placer.
Llega mostrando comodidad.
Llega mostrando satisfacción.
Satanás nunca muestra el anzuelo.
Primero muestra el cebo.
Pero Dios nos advierte antes de caer.
Por eso necesitamos escuchar la voz de los enseñadores piadosos.
"Mas su fin es amargo como el ajenjo."
Lo que comenzó dulce termina amargo.
Muchos lloran hoy por decisiones que parecían agradables ayer.
El pecado ofrece placer momentáneo.
Pero roba:
Dios advierte porque ama.
Dios corrige porque quiere salvar.
"¡Cómo aborrecí el consejo, y mi corazón menospreció la reprensión! No obedecí la voz de mis maestros, ni incliné mi oído a los que me instruían."
Aquí encontramos el verdadero problema.
No fue falta de maestros.
No fue falta de consejos.
No fue falta de advertencias.
Fue falta de obediencia.
Dios había hablado.
Los maestros habían enseñado.
Los instructores habían corregido.
Pero él no quiso escuchar.
Cuántas veces Dios nos ha hablado:
Y aun así seguimos nuestro propio camino.
Preguntémonos:
Una iglesia fuerte no es la que más grita.
No es la que más actividades tiene.
Es la que escucha la voz de Dios y la obedece.
El hombre de Proverbios 5 no cayó porque Dios guardó silencio.
Cayó porque cerró sus oídos.
Dios sigue hablando hoy.
Habla por Su Palabra.
Habla por Sus siervos.
Habla por la predicación.
Habla por la enseñanza.
Habla por la corrección.
La pregunta final es:
¿Estamos escuchando la voz de Dios o solamente estamos oyendo palabras?
Porque el que escucha y obedece será guardado.
Pero el que rechaza la instrucción terminará lamentándose como aquel hombre que dijo:
"No obedecí la voz de mis maestros, ni incliné mi oído a los que me instruían."