Ofrendar ESPÍRITU, ALMA Y CUERPO

ESPÍRITU, ALMA Y CUERPO

Autor: CRISTHIAN BONIFAZ | 2026-06-14 | 11 vistas
ESPÍRITU, ALMA Y CUERPO

¿Qué porcentaje de tu vida le pertenece a Dios?

"Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo." ( 1 Tesalonicenses 5:23 )

Permíteme hacerte una pregunta personal.

Si hoy Dios examinara tu vida, ¿qué porcentaje de tu tiempo, de tus pensamientos, de tus emociones y de tus fuerzas está siendo invertido en aquello que edifica tu espíritu, tu alma y tu cuerpo para la gloria de Dios?

Vivimos en una generación que dedica enormes esfuerzos al cuerpo. Se invierten horas en la apariencia física, en el entretenimiento, en el placer y en las necesidades materiales. El alma también recibe atención mediante información, redes sociales, emociones y experiencias. Sin embargo, muchas veces el espíritu recibe apenas unos minutos al día.

La Escritura nos enseña que el hombre no es solamente un cuerpo. Tampoco es únicamente un alma. Dios nos creó como seres compuestos de espíritu, alma y cuerpo, y su propósito es santificar completamente cada una de estas áreas.

La obra redentora de Cristo no vino solamente para asegurar nuestro destino eterno. Él vino para transformar nuestro ser completo.

Por eso Pablo no dice que una parte sea guardada irreprensible, sino que todo nuestro ser sea presentado agradable delante de Dios.

El problema de los porcentajes equivocados

El apóstol Pablo escribió:

"Todo me es lícito, mas no todo conviene; todo me es lícito, mas yo no me dejaré dominar de ninguna." ( 1 Corintios 6:12 )

La pregunta no es únicamente si algo es pecado o no.

La verdadera pregunta es: ¿Esto edifica mi espíritu? ¿Edifica mi alma? ¿Edifica mi cuerpo para servir mejor a Dios?

Muchas actividades pueden parecer inofensivas, pero cuando ocupan la mayor parte de nuestro tiempo terminan produciendo un desequilibrio.

Hay personas que alimentan constantemente el cuerpo y descuidan el alma y el espíritu.

Otras alimentan el alma mediante emociones y conocimientos, pero tienen muy poca comunión con Dios.

Y también existen creyentes que desean crecer espiritualmente, pero descuidan el cuidado del cuerpo que Dios les ha dado para servirle.

La voluntad de Dios no es la destrucción de una parte para beneficiar otra. La voluntad de Dios es que las tres áreas estén sujetas a Él.

El Tabernáculo y el ser humano

Dios dejó una figura maravillosa en el Tabernáculo de Moisés.

El tabernáculo estaba dividido en tres áreas:

Muchos han visto en esta estructura una representación del ser humano.

El Atrio representa el cuerpo.

Era el lugar visible. Allí se encontraba el altar de bronce y el lavacro. Allí se realizaban los sacrificios y los lavamientos.

El cuerpo también es la parte visible de nuestra existencia. Es mediante él que servimos, trabajamos, caminamos y actuamos.

El Lugar Santo representa el alma.

Allí estaban el candelabro, la mesa de los panes y el altar del incienso.

Es una imagen de nuestros pensamientos, emociones, decisiones y deseos.

Finalmente, el Lugar Santísimo representa el espíritu.

Allí se encontraba el arca del pacto y la manifestación de la presencia de Dios.

Es en el espíritu donde el hombre tiene comunión con su Creador.

Observa el orden divino.

Nadie entraba directamente al Lugar Santísimo.

Primero estaba el sacrificio.

Luego el lavamiento.

Después la luz.

Después el pan.

Después el incienso.

Finalmente la presencia.

La santificación siempre es un proceso de acercamiento progresivo a Dios.

La disciplina de los sacerdotes

Los sacerdotes no servían a Dios de cualquier manera.

Debían lavarse antes de ministrar.

Debían mantener encendido continuamente el fuego del altar.

Debían cuidar el aceite del candelabro.

Debían presentar incienso cada mañana y cada tarde.

Debían vestir ropas santas.

Debían discernir entre lo santo y lo profano.

Su vida estaba organizada alrededor de la presencia de Dios.

Esto nos enseña que la santificación no ocurre por accidente.

Una vida espiritual saludable requiere disciplina.

Requiere oración.

Requiere lectura de la Palabra.

Requiere adoración.

Requiere obediencia.

Requiere decisiones diarias.

David y el equilibrio del hombre interior

Los Salmos muestran con claridad cómo deben relacionarse el espíritu, el alma y el cuerpo.

David no escondía sus emociones.

Muchas veces decía:

"¿Por qué te abates, oh alma mía?"

Reconocía su tristeza.

Reconocía su dolor.

Reconocía sus luchas.

Pero no terminaba allí.

Luego decía:

"Espera en Dios."

Su espíritu tomaba el control y dirigía su alma hacia la confianza en Dios.

Y muchas veces esa adoración se expresaba físicamente.

Levantaba sus manos.

Cantaba.

Se postraba.

Danzaba delante del Señor.

David comprendió algo que muchos olvidan: el alma debe expresarse, pero el espíritu debe gobernar.

El salmo de la santificación completa

Existe un salmo que resume de manera extraordinaria esta verdad.

"Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre." (Salmo 103:1)

David no llama solamente a su alma.

Llama a todo su ser.

No quiere una adoración parcial.

No quiere una obediencia limitada.

No quiere una consagración por porcentajes.

Quiere que cada parte de su existencia glorifique a Dios.

Más adelante reconoce que Dios perdona sus pecados, sana sus dolencias y satisface su vida de bienes.

La obra de Dios alcanza al espíritu, al alma y al cuerpo.

Entonces, ¿cuáles son los porcentajes correctos?

La Biblia nunca establece una fórmula matemática.

No encontramos un versículo que diga cuánto corresponde al espíritu, cuánto al alma y cuánto al cuerpo.

Sin embargo, sí encontramos una prioridad absoluta.

Jesús dijo:

"Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con todas tus fuerzas." ( Marcos 12:30 )

Observa cuidadosamente.

No dice una parte de tu corazón.

No dice una parte de tu alma.

No dice una parte de tus fuerzas.

Dice todo.

La verdadera pregunta no es cuánto porcentaje darle a cada área.

La verdadera pregunta es cuánto porcentaje de cada área le pertenece a Dios.

Dios no pide el 10% de tu espíritu.

Dios no pide el 20% de tu alma.

Dios no pide el 30% de tu cuerpo.

Dios pide el 100% de cada uno.

El espíritu buscando a Dios.

El alma sometida a Dios.

El cuerpo sirviendo a Dios.

Una reflexión final

Detente por un momento y examina tu vida.

¿Qué alimentas diariamente?

¿Qué escuchas?

¿Qué observas?

¿Qué lees?

¿Qué conversaciones ocupan tu mente?

¿Qué actividades consumen la mayor parte de tu tiempo?

¿Están edificando únicamente tu cuerpo?

¿Están alimentando solamente tus emociones?

¿O están fortaleciendo también tu comunión con Dios?

La meta del creyente no es tener un cuerpo fuerte con un espíritu débil.

Tampoco es tener conocimiento sin obediencia.

La meta es que todo nuestro ser sea presentado delante de Dios como una ofrenda agradable.

Que nuestro cuerpo le sirva.

Que nuestra alma le adore.

Que nuestro espíritu tenga comunión con Él.

Y que al final de nuestros días podamos decir que ninguna área de nuestra vida quedó fuera del señorío de Cristo.

Porque la verdadera santificación ocurre cuando el espíritu, el alma y el cuerpo son entregados completamente al Señor.


🎨 Colores:

📖 Biblia:

🖼 Subir imagen:

🔤 Fuente:

1000predicas.com


📖 Hola