Texto base:
“No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres.”
1 Corintios 15:33
Las relaciones que mantenemos tienen influencia sobre nuestra vida. Algunas personas nos acercan a Dios, fortalecen nuestra fe y nos ayudan a caminar en obediencia; otras pueden convertirse en una influencia que debilita nuestra comunión con Cristo, distorsiona nuestra percepción espiritual y nos aparta lentamente del propósito de Dios.
Por esta razón, debemos aprender a discernir quiénes están influyendo en nuestra vida y hacia dónde nos están llevando.
Debemos tener mucho cuidado con quienes se atribuyen autoridad espiritual, manipulan las Escrituras o tergiversan la Palabra de Dios para justificar sus propias ideas, intereses o conductas.
La Biblia advierte claramente acerca de los falsos ministros y falsos maestros.
“Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis.”
Mateo 7:15-16
“Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.”
Gálatas 1:8
No todo el que habla de Dios representa a Dios. El verdadero discernimiento no se basa únicamente en las palabras de una persona, sino también en sus frutos y en su fidelidad a las Escrituras.
Principio: Si alguien necesita torcer la Palabra de Dios para justificar su mensaje o su conducta, representa un peligro espiritual.
Hoy en día con tanto contenido en internetnecesitamos más que nunca discernimiento, sabiduria y conocimiento sólido de las escrituras, para no ser engañados.
Existe un peligro cuando la vida espiritual comienza a girar alrededor de una persona, un amigo o una figura humana, en lugar de estar centrada en Jesucristo.
“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí.”
Gálatas 2:20
“Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.”
1 Corintios 3:11
Las personas pueden enseñar, orientar y acompañar, pero nunca deben reemplazar la relación personal del creyente con Cristo.
Principio: Cristo debe ser el centro de nuestra fe, nuestra identidad y nuestra dependencia espiritual y nuestro caracter debe asemejarse a él.
No todo lo que podemos hacer nos conviene espiritualmente. Existen relaciones y ambientes que, aunque parezcan inofensivos, terminan contaminando nuestro corazón o convirtiéndose en un obstáculo.
“Todo me es lícito, mas no todo conviene; todo me es lícito, mas no todo edifica.”
1 Corintios 10:23
“Un poco de levadura leuda toda la masa.”
Gálatas 5:9
Debemos preguntarnos:
¿Esta relación me edifica?
¿Me acerca más a Cristo?
¿Fortalece mi obediencia?
¿O está apagando lentamente mi sensibilidad espiritual?
Principio: No todo lo permitido edifica, y no toda compañía conviene para el propósito que Dios tiene contigo.
Debemos tener cuidado con quienes alimentan una necesidad excesiva de aceptación, aprobación y satisfacción basada solamente en la apariencia física.
Nuestra identidad no depende de la opinión de las personas.
“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó.”
Génesis 1:27
“Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera.”
Génesis 1:31
“Porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.”
1 Samuel 16:7
Fuimos creados a imagen de Dios. Debemos pedirle al Señor que nos enseñe a vernos desde la perspectiva de nuestro Creador y no únicamente desde los estándares humanos.
Principio: Tu identidad debe estar fundamentada en lo que Dios dice de ti, no en la aprobación constante de los demás.
Debemos discernir aquellas amistades que promueven conflictos, divisiones o rupturas familiares, y que aprueban automáticamente todas nuestras decisiones sin considerar la voluntad de Dios.
Un verdadero amigo no siempre te dirá lo que quieres escuchar.
“Fieles son las heridas del que ama; pero importunos los besos del que aborrece.”
Proverbios 27:6
“Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte.”
Proverbios 14:12
“El que confía en su propio corazón es necio; mas el que camina en sabiduría será librado.”
Proverbios 28:26
Principio: Una persona que verdaderamente te ama no solamente apoyará tus decisiones; también te ayudará a preguntarte si esas decisiones agradan a Dios.
Existen compañías que, por medio de su estilo de vida, pueden introducirnos en hábitos, decisiones y ambientes que terminan produciendo esclavitud.
“Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.”
Juan 8:34
“Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.”
Gálatas 5:1
Cristo no nos llamó para regresar a las cadenas de las cuales Él nos ha liberado.
Principio: Si una relación te conduce constantemente hacia aquello de lo que Cristo quiere libertarte, debes establecer límites y tomar distancia.
Debemos tener cuidado con las conversaciones que constantemente producen confusión, temor y duda acerca de aquello que Dios ha confirmado claramente por medio de su Palabra.
Desde el principio, la estrategia del enemigo ha sido sembrar dudas:
“¿Conque Dios os ha dicho...?”
Génesis 3:1
“No os dejéis engañar: Las malas compañías corrompen las buenas costumbres.”
1 Corintios 15:33
No toda opinión merece autoridad sobre nuestra vida.
Principio: No permitas que una conversación tenga más autoridad sobre ti que la Palabra de Dios.
Puede suceder que una persona haya comenzado a caminar en la dirección correcta, pero en el trayecto permitió que una influencia equivocada la desviara.
“Vosotros corríais bien; ¿quién os estorbó para no obedecer a la verdad?”
Gálatas 5:7
Tal vez sabes que no perteneces a determinado ambiente.
Tal vez reconoces que desde que entraste en ciertas relaciones tu vida espiritual comenzó a debilitarse.
Tal vez aquello que inicialmente parecía libertad terminó convirtiéndose en una carga.
Es necesario preguntarse:
¿Quién está influyendo en mi caminar?
¿Quién está ocupando un lugar que solamente le corresponde a Cristo?
¿Qué relaciones están fortaleciendo mi propósito y cuáles lo están estorbando?
El hijo pródigo abandonó la casa de su padre y terminó viviendo en un lugar que no correspondía con su identidad.
“Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!”
Lucas 15:17
La restauración comenzó cuando volvió en sí.
Reconoció dónde estaba.
Recordó la casa de su padre.
Y tomó una decisión:
“Me levantaré e iré a mi padre.”
Lucas 15:18
Tal vez el mensaje de Dios para alguien hoy es sencillo:
Tú no perteneces a ese lugar.
Tú no perteneces a ese lugar.
No fuiste llamado para vivir lejos del Padre.
No fuiste llamado para permanecer en ambientes que destruyen tu comunión con Dios.
No fuiste llamado para vivir encadenado a relaciones que te apartan de Cristo.
“Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.”
Lucas 15:20
El Padre todavía espera.
La casa sigue abierta.
Hay restauración.
Hay misericordia.
Hay un camino de regreso.
Lectura final recomendada: Lucas 15:11-32 .
No toda persona que llega a tu vida debe tener influencia sobre tu vida.
Ama a todos, pero discierne quién tiene acceso a tu corazón.
Escucha consejos, pero permite que la Palabra de Dios tenga la última palabra.
Honra a quienes Dios ha puesto para ayudarte, pero mantén a Cristo como el único centro de tu vida.
Y si reconoces que una relación, un ambiente o una decisión te ha llevado lejos de Dios, recuerda las palabras del hijo pródigo:
“Me levantaré e iré a mi padre.”
Es tiempo de volver a casa.