Texto principal: 3 Juan 9-11
Idea central:
El problema no es solamente ocupar una posición de liderazgo, sino permitir que el deseo de ocupar el primer lugar sustituya el servicio, la verdad, el amor y la unidad del cuerpo de Cristo.
La Tercera Epístola de Juan es una carta muy breve, pero presenta tres personajes que muestran tres maneras completamente diferentes de vivir dentro de la obra de Dios:
En apenas unos versículos, Juan nos muestra algo muy importante:
No todo el que ocupa una posición espiritual tiene necesariamente un corazón conforme a Cristo.
Una persona puede tener influencia, autoridad, reconocimiento e incluso capacidad para controlar determinadas situaciones dentro de una congregación, pero eso no significa que esté reflejando el carácter de Cristo.
Por eso Juan dice:
“Amado, no imites lo malo, sino lo bueno.”
3 Juan 11
La pregunta de esta prédica no será solamente:
¿Quién era Diótrefes?
Sino:
¿Qué espíritu estaba gobernando su liderazgo y cómo podemos evitar que ese mismo comportamiento aparezca en nosotros?
Diótrefes aparece solamente en:
3 Juan 9-11.
La Biblia no dice expresamente que fuera pastor, anciano u obispo.
Sin embargo, tenía suficiente influencia para:
Por lo tanto, tenía una posición de influencia o ejercía un liderazgo de hecho.
Diótrefes viene del griego Diotrephēs, relacionado con la idea de “criado por Zeus” o “nutrido por Zeus”.
Esto solamente nos habla del contexto cultural del nombre.
Lo importante no es el significado de su nombre, sino el carácter que manifestó.
3 Juan 9:
“...al cual le gusta tener el primer lugar entre ellos...”
La expresión griega es philoprōteuōn, relacionada con:
La idea es:
“El que ama ser el primero.”
Aquí encontramos la raíz del problema.
Diótrefes no solamente tenía autoridad.
Amaba la preeminencia.
No estaba satisfecho con servir.
Quería ser el primero.
Jesús enseñó exactamente lo contrario:
“El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor.”
Mateo 20:26
Y Marcos 10:45 dice:
“Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.”
Cristo vino a servir.
Diótrefes quería ser servido.
El segundo problema aparece inmediatamente:
“...no nos recibe.”
3 Juan 9
Juan no era simplemente cualquier creyente.
Era un apóstol.
Diótrefes estaba rechazando la autoridad apostólica de Juan.
Aquí aparece un principio:
Cuando una persona convierte el liderazgo en una plataforma para su propia importancia, comienza a rechazar toda autoridad que pueda confrontarla.
El problema ya no es solamente:
“Quiero dirigir.”
Ahora es:
“No quiero que nadie me diga cómo dirigir.”
Quiere autoridad sobre otros, pero no quiere autoridad sobre sí mismo.
3 Juan 10:
“...parloteando con palabras malignas contra nosotros...”
No se trataba de una corrección sana.
Juan habla de palabras malignas.
Aquí podemos hablar de:
Porque si otro ministro es reconocido:
“me amenaza”.
Si otro hermano tiene influencia:
“me amenaza”.
Si otro ministerio crece:
“me amenaza”.
Entonces comienza la descalificación.
Diótrefes no necesitaba demostrar que era mejor; necesitaba desacreditar a los demás.
3 Juan 10:
“...no recibe a los hermanos...”
Esto tiene especial importancia en el contexto del primer siglo.
Los obreros y misioneros dependían muchas veces de la hospitalidad de los creyentes para continuar su trabajo.
Diótrefes cerraba la puerta.
Mientras otros estaban pensando:
“¿Cómo podemos ayudar a la obra de Dios?”
Diótrefes estaba pensando:
“¿Cómo puedo controlar quién entra y quién sale?”
No significa aceptar cualquier doctrina o cualquier conducta.
Significa no convertir la iglesia en propiedad personal de un líder.
Esta parte es todavía más seria.
3 Juan 10:
“...y a los que quieren recibirlos se lo prohíbe...”
Diótrefes no estaba satisfecho con su propia decisión.
Quería controlar las decisiones de los demás.
Esto revela una mentalidad de dominio.
liderar y controlar.
El líder guía.
El controlador domina.
El líder forma.
El controlador manipula.
El líder equipa.
El controlador centraliza.
El líder permite que otros crezcan.
El controlador necesita que todos dependan de él.
3 Juan 10:
“...y los expulsa de la iglesia.”
Aquí aparece una de las manifestaciones más peligrosas del liderazgo autoritario:
utilizar la autoridad espiritual para castigar a quienes no se someten al líder.
La disciplina bíblica tiene como propósito:
Pero cuando la disciplina se convierte en una herramienta para mantener el poder, deja de reflejar el corazón pastoral de Cristo.
¿Estoy corrigiendo para restaurar o estoy castigando para controlar?
Diótrefes representa un liderazgo:
Su problema no era simplemente administrativo.
Era espiritual.
Porque el centro de su liderazgo había dejado de ser Cristo.
Gayo representa exactamente lo contrario.
Juan habla de él como alguien que:
Aquí podemos establecer un contraste:
| DIÓTREFES | GAYO |
|---|---|
| Cerraba puertas | Abría puertas |
| Controlaba | Servía |
| Rechazaba | Recibía |
| Buscaba el primer lugar | Caminaba en la verdad |
| Hablaba mal | Daba testimonio |
| Expulsaba | Ayudaba |
| Quería dominio | Mostraba amor |
Diótrefes quería que la iglesia girara alrededor de él.
Gayo quería que la obra de Dios siguiera avanzando.
Después aparece Demetrio.
3 Juan 12 presenta tres testimonios:
“Todos dan testimonio de Demetrio...”
“...y aun la verdad misma...”
“...y también nosotros damos testimonio...”
Esto es poderoso.
Demetrio no necesitaba imponer su reputación.
Su vida hablaba por él.
La carta nos presenta tres modelos:
El creyente que sirve.
El líder que domina.
El hombre que tiene buen testimonio.
Y Juan prácticamente coloca delante de nosotros la pregunta:
¿Cuál de los tres modelos estamos reproduciendo?
Aquí debemos ser cuidadosos.
La Biblia no afirma expresamente:
“Diótrefes era un incrédulo.”
No debemos afirmar algo que el texto no afirma.
Pero sí tenemos una declaración muy fuerte:
“El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo no ha visto a Dios.”
3 Juan 11
Juan está mostrando que la conducta revela mucho acerca de la condición espiritual de una persona.
Por eso la pregunta no es simplemente:
¿Qué cargo tengo?
La pregunta es:
¿Mi vida demuestra que conozco a Dios?