Ofrendar TIPOS DE PASTORES Y LA VISIÓN PASTORAL

TIPOS DE PASTORES Y LA VISIÓN PASTORAL

CRISTHIAN BONIFAZ
Expositor
Pastor CRISTHIAN BONIFAZ
📅 2026-08-05 👁 73 vistas
TIPOS DE PASTORES Y LA VISIÓN PASTORAL

CRISTO Y LA VISIÓN PASTORAL CORRECTA

En esta enseñanza los puntos a tratar serán:


INTRODUCCIÓN

La importancia de la visión pastoral

La iglesia pertenece a Cristo. Él la compró con su propia sangre, Él es su cabeza y Él es quien llama, capacita y establece a los pastores para cuidar de su pueblo.

Sin embargo, aunque existe un solo Señor, una sola fe y un solo evangelio, no todos los ministros desarrollan el ministerio con la misma visión. Esa diferencia termina influyendo profundamente en la vida espiritual de las iglesias y de las familias que las integran.

La Biblia enseña que los pastores tienen una enorme responsabilidad delante de Dios. No solamente predican sermones, sino que velan por las almas que el Señor les ha confiado.

"Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta..."

Hebreos 13:17

Por esta razón, la visión pastoral nunca debe nacer de preferencias personales, estrategias humanas, modas ministeriales o intereses económicos. Toda visión debe estar completamente sometida a la voluntad de Cristo y a la autoridad de las Escrituras.

El apóstol Pablo advirtió a Timoteo acerca del mayor peligro para un ministro: descuidarse a sí mismo y apartarse de la sana doctrina.

"Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren."

1 Timoteo 4:16

No todos los pastores conducen a la iglesia de la misma manera. Algunos enfatizan ciertas áreas del ministerio mientras descuidan otras; algunos desarrollan una visión equilibrada conforme a la Palabra de Dios, mientras que otros terminan edificando la iglesia alrededor de ideas humanas.

Por eso, el propósito de esta enseñanza no es atacar ni desacreditar a ningún pastor o denominación. Tampoco pretende presentar a un hombre como modelo. El único modelo perfecto es Jesucristo, el Buen Pastor.

Nuestro objetivo será examinar distintas formas de ejercer el pastorado a la luz de la Biblia, conservando lo bueno y rechazando aquello que se aparta del diseño de Dios.

Como creyentes, debemos aprender a mirar siempre a Cristo, porque solamente Él es el ejemplo perfecto del ministerio pastoral.

"Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe..."

Hebreos 12:2

Y todo ministro debe recordar las palabras que el apóstol Pedro escribió a los ancianos de la iglesia:

"Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria."

1 Pedro 5:2-4

Con esta base, analizaremos diferentes tipos de visiones pastorales. No para señalar personas, sino para examinar cada práctica a la luz de las Escrituras y comprender cuál es el modelo que Cristo dejó para quienes tienen la responsabilidad de cuidar su iglesia.


¿Qué es la visión pastoral?

Cuando hablamos de visión pastoral, no nos referimos a un lema, un eslogan, un plan estratégico o una meta numérica. Tampoco hablamos simplemente del crecimiento de una congregación, de construir templos o de abrir nuevas iglesias.

La visión pastoral es la comprensión espiritual del propósito que Cristo tiene para su Iglesia y la dirección que el Espíritu Santo da a un pastor para conducir al pueblo de Dios conforme a las Sagradas Escrituras.

En otras palabras, la visión pastoral responde preguntas como estas:

La visión nunca debe nacer del corazón del hombre, sino de Dios.

"Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová."

Isaías 55:8-9

Por esta razón, un pastor puede tener muchos proyectos, ideas y actividades, pero si estas no conducen al pueblo hacia Cristo, entonces ha perdido la verdadera visión pastoral.


La visión del pastor determina el rumbo de la iglesia

Así como un capitán determina el rumbo de un barco, la visión del pastor influye profundamente en la dirección espiritual de la congregación.

Si la visión está centrada en Cristo, la iglesia crecerá en santidad, amor, conocimiento de la Palabra y servicio al Señor.

Pero si la visión está centrada en el éxito humano, el dinero, el prestigio, el entretenimiento o cualquier otro interés terrenal, tarde o temprano la iglesia comenzará a reflejar esas mismas prioridades.

Por eso Dios dio pastores a su Iglesia.

"Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo."

Efesios 4:11-12

Observemos que el propósito de los ministros no es engrandecerse ellos mismos, sino perfeccionar a los santos y edificar el cuerpo de Cristo.

La visión pastoral debe tener un solo modelo

A lo largo de la historia han existido muchos hombres de Dios usados poderosamente. Podemos aprender de ellos, respetarlos y agradecer su ejemplo.

Sin embargo, ningún pastor es el modelo perfecto del ministerio.

El único modelo absoluto es Jesucristo.

Él mismo declaró:

"Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas."

Juan 10:11

Cristo nunca buscó fama, riquezas o reconocimiento personal. Toda su vida estuvo dedicada a hacer la voluntad del Padre y a salvar lo que se había perdido.

"Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió."

Juan 6:38

Por eso, toda visión pastoral que se aparte del carácter, del ejemplo y de las enseñanzas de Cristo terminará desviándose, aunque tenga apariencia de éxito.

Toda visión debe ser examinada por la Palabra

No basta con que una iglesia crezca en número, tenga buena organización o desarrolle muchas actividades.

La verdadera pregunta es:

¿Está formando discípulos que se parezcan cada día más a Cristo?

El apóstol Pablo advirtió que incluso dentro de la iglesia podían levantarse hombres que desviaran al pueblo de Dios.

"Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos."

Hechos 20:29-30

Por eso, la visión pastoral siempre debe ser examinada a la luz de las Escrituras.

No debemos seguir una visión porque sea popular, porque produzca resultados visibles o porque la practiquen muchos. Debemos seguir únicamente aquella que permanece fiel al evangelio de Jesucristo.

Una pregunta para reflexionar

Antes de analizar los diferentes tipos de pastores, cada ministro y cada creyente debería hacerse una pregunta delante de Dios:

¿La visión que estoy siguiendo me está llevando a parecerme más a Cristo o simplemente me está llevando a seguir a un hombre?

La respuesta a esa pregunta marcará el rumbo de toda una vida y, muchas veces, también el de una familia y una iglesia entera.


¿Por qué la visión del pastor influye en la iglesia?

Dios estableció el ministerio pastoral para cuidar, alimentar, proteger y conducir espiritualmente a su pueblo. Por esa razón, la manera en que un pastor entiende su llamado terminará influyendo, para bien o para mal, en toda la congregación.

El pastor no solamente enseña con sus palabras; enseña con su ejemplo, con sus prioridades y con la dirección que imprime al ministerio.

Por eso la visión pastoral tiene tanto peso delante de Dios.

El pueblo termina pareciéndose a sus líderes

Las personas aprenden escuchando, pero normalmente terminan viviendo lo que ven.

Si un pastor ama profundamente la Palabra de Dios, la oración, la santidad y el servicio, poco a poco la iglesia comenzará a valorar esas mismas cosas.

Pero si un pastor vive preocupado principalmente por el dinero, el éxito, la fama, el crecimiento numérico o los intereses personales, tarde o temprano esas prioridades también se reflejarán en la congregación.

Por eso el apóstol Pablo pudo decir con autoridad:

"Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo."

1 Corintios 11:1

Pablo nunca pidió que lo siguieran a él como hombre; pidió que imitaran su manera de seguir a Cristo.

Ese debe ser el corazón de todo verdadero pastor.

El pastor marca el rumbo espiritual de la iglesia

Un pastor puede decidir dedicar la mayor parte del tiempo a enseñar la sana doctrina, a formar discípulos, a visitar las familias y a preparar nuevos obreros.

Otro puede dedicar casi todo el esfuerzo a actividades, programas, campañas o eventos.

Ambas iglesias tendrán resultados diferentes, porque toda visión produce un fruto conforme a la dirección que sigue.

La Escritura enseña que los ministros fueron dados para un propósito muy específico:

"Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo."

Efesios 4:11-12

La prioridad del pastor no es simplemente llenar un templo, sino edificar personas hasta que alcancen madurez espiritual.

Los pastores darán cuentas delante de Dios

El ministerio pastoral no es un cargo de honor, sino una enorme responsabilidad.

Cada pastor responderá delante de Dios por la manera en que cuidó a las personas que fueron puestas bajo su cuidado.

La Biblia dice:

"Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta..."

Hebreos 13:17

Esta verdad debería producir temor reverente en todo ministro.

No se trata únicamente de predicar buenos sermones, sino de velar por las almas, corregir con amor, enseñar fielmente la Palabra y conducir al pueblo hacia Cristo.

Cuando la visión es incorrecta, toda la iglesia sufre

En el Antiguo Testamento, Dios reprendió severamente a los pastores de Israel porque habían dejado de cuidar al rebaño y comenzaron a buscar su propio beneficio.

El Señor les dijo:

"¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos! ¿No apacientan los pastores a los rebaños?... No fortalecisteis las débiles, ni curasteis la enferma; no vendasteis la perniquebrada, ni volvisteis al redil la descarriada, ni buscasteis la perdida..."

Ezequiel 34:2-4

Como consecuencia, las ovejas quedaron dispersas y expuestas al peligro.

Este pasaje nos enseña que cuando un pastor pierde la visión de Dios, el daño no termina en él; alcanza a familias enteras, matrimonios, jóvenes, niños y a toda la congregación.

Cristo debe ser siempre el centro

La iglesia nunca fue llamada a seguir la personalidad de un pastor.

Fue llamada a seguir a Jesucristo.

El mejor pastor será siempre aquel que conduzca a las personas a depender menos de él y más del Señor.

Juan el Bautista expresó perfectamente el corazón que todo ministro debería tener:

"Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe."

Juan 3:30

La verdadera visión pastoral no busca formar admiradores del pastor, sino discípulos de Cristo.

Una reflexión necesaria

Antes de analizar los diferentes tipos de pastores, conviene detenernos y hacernos una pregunta sincera:

Si una iglesia llegara a parecerse completamente a su pastor, ¿se parecería también más a Jesucristo?

Esa es, quizá, una de las preguntas más importantes que puede hacerse un ministro delante de Dios.


Tipos de pastores

1. El pastor dominguero

Una visión que limita la vida de la iglesia

Con esta expresión no nos referimos al pastor que, por circunstancias extraordinarias, solamente puede reunirse un día con la congregación. Nos referimos a una visión ministerial que reduce la vida de la iglesia a un culto semanal, como si el cristianismo consistiera únicamente en asistir a una reunión los domingos.

Cuando esto ocurre, el ministerio deja de formar discípulos y comienza simplemente a mantener asistentes.

La iglesia se acostumbra a recibir una enseñanza por semana, pero durante los demás días cada creyente enfrenta solo las luchas, tentaciones y necesidades de su vida espiritual.

El modelo de la iglesia primitiva

Cuando observamos la iglesia del Nuevo Testamento encontramos una realidad muy diferente.

La vida cristiana no se limitaba a una reunión semanal, sino que existía una comunión constante, una enseñanza continua y un crecimiento diario.

"Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones."

Hechos 2:42

Más adelante el mismo capítulo añade:

"Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas..."

Hechos 2:46

La iglesia naciente entendía que la comunión, la enseñanza y la oración eran una forma de vida, no un evento semanal.

Jesús tampoco limitó su ministerio a una reunión

El ministerio de Cristo fue cercano y constante.

Jesús enseñaba en las sinagogas, caminaba con sus discípulos, visitaba hogares, compartía las comidas, respondía preguntas, corregía errores, consolaba a los afligidos y preparaba diariamente a quienes había llamado.

No formó discípulos reuniéndolos una vez por semana.

Vivió con ellos.

Marcos resume el propósito del llamado de los doce diciendo:

"Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar."

Marcos 3:14

Antes de enviarlos, Cristo quiso que estuvieran con Él.

Ahí comenzó el verdadero discipulado.

El peligro de conformarse

Uno de los mayores peligros para un pastor es adaptar la iglesia al estilo de vida del mundo.

Es fácil pensar:

"La gente trabaja; entre semana nadie vendrá; con el culto del domingo es suficiente."

Con el tiempo esa forma de pensar produce una iglesia que sobrevive, pero que difícilmente madura.

No porque Dios sea limitado, sino porque el alimento espiritual se vuelve escaso y la comunión se debilita.

El escritor de Hebreos exhorta:

"Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos..."

Hebreos 10:24-25

La exhortación bíblica no es únicamente asistir a una reunión, sino estimularnos mutuamente y edificarnos de manera constante.

El ministerio pastoral no termina cuando acaba el culto

La labor del pastor continúa durante toda la semana.

Las ovejas necesitan dirección, consejo, oración, enseñanza, visitas, acompañamiento y cuidado.

El apóstol Pablo recordaba a los ancianos de Éfeso cómo había servido entre ellos:

"Nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas."

Hechos 20:20

Pablo enseñaba públicamente, pero también ministraba en los hogares.

Ese equilibrio fortalecía a la iglesia.

No se trata de hacer reuniones por hacer reuniones

El propósito no es llenar la agenda de actividades.

Una iglesia puede reunirse todos los días y, aun así, estar espiritualmente vacía.

Lo importante no es la cantidad de reuniones, sino que la iglesia permanezca creciendo en la Palabra, en la oración, en la comunión y en el discipulado.

La visión pastoral debe preguntarse constantemente:

¿Estoy formando discípulos que viven para Cristo durante toda la semana o solamente asistentes que vienen los domingos?

Esa pregunta puede transformar por completo la manera de ejercer el ministerio.

Reflexión

El pastor que limita su ministerio únicamente al domingo corre el riesgo de reducir el evangelio a un evento semanal.

Pero el llamado de Cristo es mucho más grande.

La iglesia no fue llamada a vivir un día para Dios y seis para el mundo.

Fue llamada a seguir a Cristo todos los días de su vida.

"Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame."

Lucas 9:23


2. El pastor de oficina

Cuando el escritorio reemplaza al rebaño

Toda iglesia necesita organización. Es correcto llevar registros, preparar enseñanzas, responder asuntos administrativos y planificar el ministerio. Estas responsabilidades forman parte del trabajo pastoral.

Sin embargo, el problema comienza cuando la oficina deja de ser una herramienta y se convierte en el lugar donde el pastor desarrolla casi todo su ministerio.

Poco a poco el pastor conoce más los documentos que las personas; dedica más tiempo a los informes que a las familias; responde más correos que oraciones; administra mejor los recursos que las almas.

Entonces el pastor comienza a alejarse del rebaño que Cristo le llamó a cuidar.

El modelo de Jesucristo

Cuando observamos la vida de Jesús, encontramos exactamente lo contrario.

Cristo enseñó en las sinagogas, pero también caminó por los pueblos, visitó hogares, habló con enfermos, consoló a los afligidos, buscó a los pecadores y convivió con sus discípulos.

Su ministerio fue cercano.

El evangelio de Mateo resume su labor diciendo:

"Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, predicando el evangelio del reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo."

Mateo 9:35

Jesús no esperaba que las necesidades llegaran hasta Él.

Él iba donde estaban las personas.

El pastor debe conocer a sus ovejas

El Señor describió la relación entre el pastor y el rebaño con palabras profundamente personales.

"Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen."

Juan 10:14

Conocer a las ovejas significa interesarse por ellas, saber cómo viven, cómo está su familia, cuáles son sus luchas y necesidades espirituales.

Un pastor difícilmente podrá cuidar a personas con las que nunca comparte tiempo.

El cuidado pastoral requiere cercanía.

El ejemplo del apóstol Pablo

Pablo no limitó su ministerio a predicar desde un púlpito.

Él mismo recordó a los ancianos de Éfeso cómo había servido durante años:

"Nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas."

Hechos 20:20

Y más adelante añadió:

"Por tanto, velad... no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno."

Hechos 20:31

Estas palabras muestran el corazón de un verdadero pastor.

No era un administrador distante.

Era un hombre involucrado personalmente en la vida espiritual de la iglesia.

La administración debe servir al ministerio

En iglesias pequeñas y grandes siempre existirán asuntos administrativos.

Pero la administración nunca debe reemplazar el cuidado pastoral.

Cuando los apóstoles comprendieron que las responsabilidades estaban creciendo, no abandonaron la oración ni la predicación.

Delegaron otras tareas para permanecer enfocados en aquello para lo cual Dios los había llamado.

"Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra."

Hechos 6:4

Este principio sigue siendo válido hoy.

Un pastor puede delegar muchas responsabilidades, pero nunca puede delegar completamente el cuidado espiritual del rebaño.

El peligro de un ministerio distante

Cuando el pastor permanece demasiado tiempo aislado de la congregación, comienzan a suceder varias cosas.

Las necesidades pasan desapercibidas.

Las familias dejan de sentirse acompañadas.

Los nuevos creyentes crecen sin dirección.

Los conflictos se agravan.

Las ovejas heridas permanecen sin atención.

Mientras tanto, el enemigo continúa buscando oportunidades para destruir.

El apóstol Pedro escribió:

"Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar."

1 Pedro 5:8

Velar implica estar atentos a la condición espiritual del rebaño.

Y eso difícilmente puede hacerse permaneciendo siempre detrás de un escritorio.

Reflexión

La oficina puede ser necesaria.

El computador puede ser útil.

La planificación puede ser importante.

Pero ninguna de esas herramientas puede sustituir el llamado de Cristo.

El pastor fue llamado a amar, conocer, alimentar, corregir, consolar y guiar personas.

Porque las ovejas no necesitan solamente un administrador eficiente.

Necesitan un pastor conforme al corazón de Dios.

"Y os daré pastores según mi corazón, que os apacienten con ciencia y con inteligencia."

Jeremías 3:15


3. El pastor afanado

Cuando los afanes ocupan el lugar del llamado

La Biblia no condena el trabajo. Desde el principio, Dios estableció el trabajo como parte de la responsabilidad del ser humano.

Lo que sí advierte la Escritura es el peligro de que los afanes de esta vida ocupen el lugar que solamente Dios debe tener.

Esto también puede suceder en el ministerio pastoral.

Un pastor afanado no necesariamente es un hombre perezoso. Muchas veces ocurre todo lo contrario: trabaja demasiado. El problema es que termina dividido entre muchas responsabilidades, hasta el punto de que la obra de Dios deja de ser su prioridad.

Jesús advirtió este peligro en la parábola del sembrador.

"La que cayó entre espinos, éstos son los que oyen, pero yéndose, son ahogados por los afanes y las riquezas y los placeres de la vida, y no llevan fruto."

Lucas 8:14

Los afanes no siempre apartan al creyente de golpe; muchas veces lo hacen poco a poco, hasta apagar su vida espiritual.

Dios llama a hombres ocupados, pero les pide una entrega completa

Cuando observamos las Escrituras, encontramos que Dios llamó a hombres que estaban trabajando.

Moisés cuidaba las ovejas de Jetro.

Éxodo 3:1

Eliseo araba la tierra con doce yuntas de bueyes.

1 Reyes 19:19

Pedro, Andrés, Jacobo y Juan eran pescadores.

Mateo 4:18-22

Sin embargo, cuando Dios los llamó, todos entendieron que debían poner el llamado del Señor por encima de cualquier otra ocupación.

No significa que dejaran de ser responsables, sino que comprendieron cuál era ahora la prioridad de sus vidas.

El ejemplo del apóstol Pablo

Con frecuencia se menciona al apóstol Pablo para justificar que un pastor pueda dedicar la mayor parte de su tiempo a otras actividades.

Es cierto que Pablo trabajó haciendo tiendas.

Hechos 18:3

Pero también es cierto que su prioridad nunca dejó de ser el evangelio.

Cuando las circunstancias lo permitían, se entregaba completamente a la predicación.

La Escritura dice:

"Y cuando Silas y Timoteo vinieron de Macedonia, Pablo estaba entregado por entero a la predicación de la palabra."

Hechos 18:5

Pablo trabajó cuando fue necesario, pero jamás permitió que el trabajo gobernara su ministerio.

Su corazón siempre estuvo completamente dedicado a Cristo.

Ninguno que milita...

El apóstol Pablo escribió a Timoteo:

"Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado."

2 Timoteo 2:4

Esto no significa que un ministro no pueda trabajar o atender responsabilidades legítimas.

La enseñanza es que no debe quedar atrapado por ellas hasta el punto de descuidar el llamado que recibió de Dios.

El soldado tiene muchas necesidades, pero nunca olvida cuál es su misión.

Un peligro para la familia y para la iglesia

Cuando un pastor vive constantemente afanado, las consecuencias comienzan a hacerse visibles.

Las visitas pastorales disminuyen.

La oración pierde prioridad.

La preparación bíblica se vuelve apresurada.

La consejería se posterga.

La iglesia deja de recibir el cuidado que necesita.

Y, en muchos casos, la propia familia del pastor también termina sufriendo las consecuencias de ese ritmo de vida.

El ministerio nunca debe convertirse en una carrera agotadora donde el pastor intenta sostenerlo todo con sus propias fuerzas.

Cristo dijo:

"Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar."

Mateo 11:28

El verdadero descanso del ministro no está en hacer menos para Dios, sino en aprender a depender más de Él.

La prioridad del pastor

Los apóstoles entendieron que había muchas necesidades dentro de la iglesia.

Sin embargo, también comprendieron que debían cuidar aquello para lo cual habían sido llamados.

Por eso dijeron:

"Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra."

Hechos 6:4

La oración y la predicación no eran una actividad más dentro de su agenda; eran el centro de su ministerio.

Todo lo demás debía organizarse alrededor de esa prioridad.

Reflexión

Todo pastor tiene responsabilidades.

Todo pastor enfrenta dificultades económicas, familiares y personales.

Pero el llamado de Dios exige que ninguna de esas cosas ocupe el lugar que pertenece a Cristo.

El pastor afanado corre el riesgo de trabajar mucho para muchas cosas y, al mismo tiempo, dedicar cada vez menos tiempo a aquello para lo cual fue llamado.

El Señor sigue buscando hombres cuyo corazón esté completamente disponible para Él.

"Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas."

Mateo 6:33

El pastor que pone el Reino de Dios en primer lugar descubrirá que el Señor es fiel para sostener tanto su ministerio como su vida personal.


4. El pastor empresario

Cuando la iglesia comienza a parecerse a una empresa

La Biblia nunca condena el trabajo, el emprendimiento ni la buena administración. De hecho, muchos hombres de Dios fueron administradores fieles de los recursos que el Señor puso en sus manos.

Sin embargo, existe un peligro cuando el pastor comienza a pensar más como empresario que como siervo de Cristo.

Poco a poco, la iglesia deja de verse como un rebaño y comienza a verse como una organización que debe crecer, producir, competir y generar resultados.

Las personas dejan de ser almas y pasan a convertirse en números.

Los ministerios se miden únicamente por estadísticas.

El éxito espiritual se confunde con el éxito financiero.

Y el Reino de Dios termina evaluándose con criterios humanos.

La iglesia pertenece a Cristo

Es importante recordar una verdad fundamental: la iglesia no pertenece al pastor.

Tampoco pertenece a una familia, a una denominación o a una organización.

La iglesia pertenece al Señor Jesucristo.

Él dijo:

"Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella."

Mateo 16:18

Cristo nunca dijo: "edificarán una empresa", sino "edificaré mi iglesia".

La iglesia es un organismo vivo, no una empresa humana.

El propósito del ministerio

Cuando el Señor llamó a los apóstoles, nunca les enseñó estrategias para enriquecerse.

Les enseñó a servir.

Jesús declaró:

"Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos."

Marcos 10:45

Si Cristo, siendo el Señor de la Iglesia, vino para servir, cuánto más quienes hemos sido llamados a pastorear su pueblo.

El ministerio nunca fue establecido para obtener prestigio, influencia o riqueza.

Fue establecido para entregar la vida por las ovejas.

No se puede servir a dos señores

Uno de los mayores peligros para cualquier ministro es permitir que el dinero gobierne su corazón.

Jesús enseñó claramente:

"Ninguno puede servir a dos señores... No podéis servir a Dios y a las riquezas."

Mateo 6:24

El problema no es poseer bienes.

El problema es cuando los bienes terminan poseyendo al ministro.

Cuando las decisiones pastorales comienzan a depender del beneficio económico, la visión del Reino empieza a corromperse.

El peligro de convertir el evangelio en un negocio

El apóstol Pablo advirtió acerca de personas que utilizaban la piedad como un medio para obtener ganancias.

Escribió:

"…que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales."

1 Timoteo 6:5

Y unos versículos después añade:

"Porque raíz de todos los males es el amor al dinero..."

1 Timoteo 6:10

No dice que el dinero sea malo.

Dice que el amor al dinero destruye incluso la fe de quienes alguna vez caminaron con Dios.

Cuando una iglesia habla constantemente de prosperidad material, éxito económico y crecimiento financiero, pero habla poco del arrepentimiento, la santidad, la cruz y la obediencia a Cristo, algo ha perdido el equilibrio.

El ejemplo de los apóstoles

Los apóstoles nunca utilizaron el evangelio para enriquecerse.

Pablo podía decir con tranquilidad:

"Ni plata ni oro ni vestido de nadie he codiciado."

Hechos 20:33

Y también recordó:

"En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados..."

Hechos 20:35

Su preocupación nunca fue cuánto podía recibir de la iglesia.

Su preocupación era cómo edificar la iglesia de Cristo.

Una iglesia no necesita clientes

Las empresas buscan clientes.

Cristo busca discípulos.

Las empresas ofrecen productos.

La iglesia anuncia el evangelio.

Las empresas procuran satisfacer consumidores.

La iglesia llama a hombres y mujeres al arrepentimiento y a una nueva vida en Cristo.

Jesús no dijo:

"Id y haced clientes."

Él dijo:

"Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones..."

Mateo 28:19

Esa diferencia cambia completamente la visión del ministerio.

Reflexión

Todo pastor debe administrar con sabiduría los recursos que Dios pone en sus manos.

Debe llevar cuentas claras, ser transparente y cuidar las ofrendas del pueblo de Dios.

Pero jamás debe permitir que la administración sustituya la compasión.

Ni que el dinero sustituya el evangelio.

Ni que el crecimiento económico sustituya el crecimiento espiritual.

El éxito del ministerio no se mide por el tamaño del templo, la cantidad de propiedades o los ingresos de la iglesia.

Se mide por la fidelidad a Cristo y por la transformación que el Espíritu Santo produce en la vida de las personas.

Porque el verdadero tesoro de un pastor nunca será el dinero.

Su verdadero tesoro serán las almas que el Señor puso bajo su cuidado.


5. El pastor emocional

Cuando las emociones dirigen el ministerio

Dios creó al ser humano con emociones. Es normal llorar, alegrarse, conmoverse y experimentar gozo en la presencia del Señor. La Biblia está llena de hombres y mujeres que expresaron profundamente sus emociones delante de Dios.

Sin embargo, una cosa es experimentar emociones como resultado de la obra del Espíritu Santo, y otra muy distinta es construir un ministerio donde las emociones sean el centro de la vida cristiana.

El pastor emocional mide el éxito de una reunión por lo que la gente sintió, en lugar de por la transformación que la Palabra de Dios produjo en sus vidas.

Cuando esto ocurre, la iglesia comienza a depender de las experiencias en vez de depender de Cristo.

La fe no se sostiene sobre las emociones

Las emociones cambian constantemente.

Hay días de alegría y días de tristeza.

Hay momentos de entusiasmo y momentos de cansancio.

Pero la fe del cristiano no puede depender de cómo se siente.

Debe descansar sobre la verdad inmutable de la Palabra de Dios.

La Escritura dice:

"Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios."

Romanos 10:17

La fe no nace de la música.

No nace de un ambiente emotivo.

No nace de una experiencia impactante.

La fe nace cuando el corazón recibe la Palabra de Dios.

Jesús alimentó primero el corazón

Cuando observamos el ministerio de Cristo encontramos milagros extraordinarios.

Sanó enfermos.

Resucitó muertos.

Expulsó demonios.

Multiplicó los panes.

Pero nunca permitió que los milagros sustituyeran la enseñanza.

Después de hacer milagros, Jesús enseñaba.

Explicaba el Reino de Dios.

Formaba discípulos.

En una ocasión dijo:

"Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres."

Juan 8:32

La verdadera libertad comienza con el conocimiento de la verdad.

Los milagros pueden impactar un momento.

La verdad transforma una vida.

El peligro de buscar solamente experiencias

Muchas personas llegan a una iglesia buscando sentir algo diferente.

Y Dios, en su misericordia, muchas veces toca profundamente sus corazones.

Pero si después de esa experiencia no son discipuladas en la Palabra, terminarán buscando una emoción cada vez mayor.

Entonces aparece un problema.

La reunión necesita ser cada vez más intensa.

Cada semana debe ocurrir algo más extraordinario.

Las personas comienzan a perseguir experiencias en lugar de buscar una relación profunda con Cristo.

El apóstol Pablo escribió:

"Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias."

2 Timoteo 4:3

Cuando el deseo de sentir reemplaza el deseo de aprender, la iglesia se vuelve vulnerable al engaño.

El equilibrio del ministerio de Cristo

Jesús nunca separó el poder de Dios de la verdad de Dios.

Predicaba.

Enseñaba.

Sanaba.

Liberaba.

Discipulaba.

Todo formaba parte del mismo ministerio.

Mateo resume así la obra del Señor:

"Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo."

Mateo 4:23

Observemos el orden.

Primero enseñaba.

Luego predicaba.

Y también sanaba.

El poder confirmaba el mensaje; nunca reemplazaba el mensaje.

El Espíritu Santo nos guía a la verdad

Algunas personas piensan que el Espíritu Santo solamente se manifiesta cuando hay manifestaciones visibles.

Pero Jesús enseñó cuál sería una de las principales obras del Espíritu.

"Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad."

Juan 16:13

El Espíritu Santo no solamente conmueve el corazón.

También ilumina el entendimiento.

Nos lleva a comprender las Escrituras.

Nos convence de pecado.

Forma el carácter de Cristo en nosotros.

Una iglesia llena del Espíritu Santo será también una iglesia llena de la Palabra de Dios.

Reflexión

El pueblo de Dios necesita experimentar la presencia del Señor.

Necesita orar.

Necesita adorar.

Necesita ver la manifestación del poder de Dios.

Pero también necesita aprender las Escrituras, crecer en discernimiento y madurar en la fe.

Las emociones pueden acercarnos a Dios por un momento.

La verdad de Dios nos sostiene durante toda la vida.

El ministerio pastoral no consiste en producir reuniones emocionantes.

Consiste en formar discípulos que permanezcan firmes cuando las emociones desaparezcan.

Porque llegará el día en que no podremos caminar por lo que sentimos.

Tendremos que caminar por fe.

"Porque por fe andamos, no por vista."

2 Corintios 5:7

El verdadero pastor no busca que las personas dependan de una emoción pasajera, sino que aprendan a permanecer firmes sobre el fundamento eterno de la Palabra de Dios.


6. El pastor conformista

Cuando el ministerio deja de avanzar

Uno de los mayores peligros en el ministerio no siempre es el pecado visible. Muchas veces el peligro es el conformismo.

El pastor conformista no necesariamente enseña falsas doctrinas, ni abandona la iglesia, ni deja de predicar. El problema es que llega un momento en el que deja de crecer y también deja de impulsar el crecimiento espiritual de la congregación.

Se acostumbra a la rutina.

Se conforma con que las reuniones continúen.

Se alegra porque la asistencia no disminuye.

Pero deja de preguntarse si las personas realmente están siendo transformadas a la imagen de Cristo.

El propósito del ministerio es llevar a la madurez

Dios nunca llamó a los pastores únicamente para reunir personas.

El propósito del ministerio es conducir a los creyentes hacia la madurez espiritual.

El apóstol Pablo escribió:

"Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo."

Efesios 4:13

Este versículo nos recuerda que el crecimiento espiritual nunca termina.

Mientras Cristo no haya regresado, siempre habrá un paso más hacia la madurez.

Por eso un pastor conforme al corazón de Dios nunca deja de enseñar, discipular y preparar a la iglesia.

El peligro de mantener a la iglesia dependiente

Algunas iglesias pasan muchos años escuchando sermones, pero nunca aprenden a servir.

Los creyentes conocen la Biblia, pero nunca enseñan a otros.

Asisten fielmente, pero nunca evangelizan.

Reciben consejo, pero nunca llegan a aconsejar a otros.

Cuando esto ocurre, la iglesia permanece espiritualmente inmadura.

El escritor de Hebreos reprendió a creyentes que, después de mucho tiempo, aún no habían crecido como era esperado.

"Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios..."

Hebreos 5:12

El propósito del pastor no es crear una congregación dependiente de él, sino una iglesia capaz de servir y edificar a otros.

Cristo preparó discípulos, no espectadores

Jesús dedicó gran parte de su ministerio a formar hombres que continuaran la obra.

No buscó solamente que lo siguieran.

Los preparó para servir.

Los corrigió.

Los enseñó.

Los envió.

Más tarde les dijo:

"Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura."

Marcos 16:15

El objetivo nunca fue que permanecieran sentados escuchando toda la vida.

El objetivo era que también ellos anunciaran el evangelio.

Toda iglesia sana debe estar formando nuevos obreros para la mies del Señor.

El conformismo apaga la visión

Cuando un pastor pierde la visión del Reino, poco a poco deja de esperar grandes cosas de Dios.

Las reuniones se vuelven repetitivas.

La enseñanza deja de desafiar a las personas.

La oración pierde intensidad.

La evangelización disminuye.

El discipulado desaparece.

Todo sigue funcionando, pero el crecimiento espiritual se detiene.

Esto fue precisamente lo que el Señor reprendió a la iglesia de Sardis.

"Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto."

Apocalipsis 3:1

Desde afuera parecía una iglesia viva.

Pero delante de Dios la realidad era muy diferente.

Una iglesia puede conservar su estructura durante muchos años y, aun así, haber perdido su pasión por Cristo.

Un pastor debe seguir creciendo

Ningún ministro llega al punto de saberlo todo.

El pastor también necesita seguir aprendiendo, estudiando las Escrituras, orando y permitiendo que el Espíritu Santo transforme su vida.

El apóstol Pablo, después de muchos años de ministerio, todavía escribía:

"No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo..."

Filipenses 3:12

Si Pablo nunca dejó de avanzar, tampoco nosotros debemos conformarnos.

El crecimiento espiritual del pastor marcará, en gran medida, el crecimiento espiritual de la iglesia.

Reflexión

Una iglesia no debe conformarse con llenar un templo.

Debe anhelar llenar corazones de la presencia de Cristo.

El pastor no fue llamado solamente para conservar lo que ya existe.

Fue llamado para edificar, formar discípulos y preparar a la iglesia para la venida del Señor.

Cada sermón, cada visita, cada consejo y cada oración deben tener un mismo propósito: que el pueblo de Dios se parezca cada día más a Jesucristo.

Porque una iglesia que deja de crecer espiritualmente corre el riesgo de acostumbrarse a una apariencia de vida, mientras pierde la pasión por el Señor.

El verdadero pastor nunca se conforma con el lugar donde está.

Siempre guía al rebaño hacia una comunión más profunda con Cristo.


7. El pastor artista

Cuando el pastor ocupa el lugar que pertenece a Cristo

Dios da dones diferentes a cada uno de sus siervos.

Hay pastores con facilidad para enseñar, otros para predicar, otros tienen un gran carisma, algunos son excelentes consejeros y otros poseen una capacidad extraordinaria para dirigir y organizar.

Todo don proviene de Dios y debe ser usado para la edificación de la iglesia.

El problema comienza cuando el ministro deja de utilizar sus dones para exaltar a Cristo y empieza, consciente o inconscientemente, a exaltarse a sí mismo.

Poco a poco la atención de la iglesia deja de estar puesta en Jesucristo y comienza a centrarse en la personalidad del pastor.

La gente habla más del pastor que del Señor.

Admira más al hombre que al Salvador.

Y eso nunca fue el propósito del ministerio.

Cristo siempre señaló al Padre

Durante todo su ministerio, Jesús nunca buscó su propia gloria.

Aunque era el Hijo de Dios, constantemente dirigía la atención hacia el Padre.

Él mismo dijo:

"No puedo yo hacer nada por mí mismo... porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del Padre que me envió."

Juan 5:30

Y también declaró:

"El que habla por su propia cuenta, su propia gloria busca; pero el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero."

Juan 7:18

Si Cristo no buscó su propia gloria, mucho menos debemos hacerlo quienes servimos en su iglesia.

El verdadero ministro apunta siempre hacia Cristo

Juan el Bautista entendió perfectamente cuál era su lugar.

Miles de personas acudían a escucharlo.

Tenía influencia.

Era respetado.

Sin embargo, cuando Cristo apareció, Juan pronunció una de las declaraciones más humildes de toda la Biblia.

"Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe."

Juan 3:30

Ese debería ser el anhelo de todo pastor.

Que las personas amen más a Cristo después de escuchar una predicación.

Que dependan más de la Palabra de Dios.

Que aprendan a obedecer al Espíritu Santo.

No que dependan emocional o espiritualmente del pastor.

El peligro del protagonismo

Cuando el pastor se convierte en la figura central de la iglesia, comienzan a aparecer varios peligros.

Las personas buscan agradar más al pastor que a Dios.

Las decisiones se toman para proteger la imagen del líder.

La crítica bíblica deja de ser aceptada.

La iglesia pierde la capacidad de discernir porque todo lo que dice el pastor comienza a verse como incuestionable.

Pero la Escritura enseña que el único que tiene toda autoridad sobre la Iglesia es Cristo.

"Y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia."

Colosenses 1:18

El pastor es un servidor.

Cristo es la Cabeza.

Nunca debemos invertir ese orden.

El ejemplo de Pablo

Aunque Pablo fue uno de los hombres más usados por Dios, nunca permitió que la iglesia se dividiera alrededor de su nombre.

Cuando los creyentes comenzaron a decir:

"Yo soy de Pablo."

"Yo soy de Apolos."

"Yo soy de Cefas."

Pablo respondió con firmeza.

"¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?"

1 Corintios 1:13

Más adelante añadió:

"¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído..."

1 Corintios 3:5

Los ministros son siervos.

Cristo es el Salvador.

Nunca debemos confundir esos dos lugares.

La gloria pertenece solamente a Dios

Todo pastor fiel entiende que los dones, los frutos y los resultados del ministerio pertenecen al Señor.

El éxito ministerial nunca debe alimentar el orgullo.

El apóstol Pedro escribió:

"Apacentad la grey de Dios... no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey."

1 Pedro 5:2-3

El pastor guía mediante el ejemplo.

No gobierna buscando admiración.

No utiliza el púlpito para construir una imagen personal.

No convierte la iglesia en una plataforma para su propio reconocimiento.

Su mayor satisfacción es ver a Cristo formado en las personas.

Reflexión

Toda iglesia necesita líderes.

Toda iglesia necesita pastores.

Pero ninguna iglesia necesita celebridades.

El día que las personas recuerden más el nombre del predicador que el mensaje de Cristo, algo comenzó a desviarse.

El mejor pastor no es aquel del que todos hablan.

Es aquel que, después de predicar, logra que las personas salgan hablando de Jesucristo.

Porque el verdadero pastor no busca seguidores para sí.

Forma discípulos para Cristo.

Y cuando el Príncipe de los pastores venga en gloria, toda corona será puesta a sus pies.

"Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén."

Romanos 11:36


8. El pastor exorcista

Cuando la manifestación reemplaza la formación espiritual

La Biblia enseña claramente que existe una realidad espiritual. Existe un reino de Dios y existe un reino de tinieblas. Jesucristo vino para destruir las obras del diablo y durante su ministerio manifestó autoridad sobre demonios, enfermedades y toda obra del enemigo.

Los evangelios muestran constantemente que Jesús liberaba personas oprimidas por espíritus malignos.

“Y se admiraban todos, y se decían unos a otros: ¿Qué palabra es esta, que con autoridad y poder manda a los espíritus inmundos, y salen?”

Lucas 4:36

También vemos que Jesús otorgó autoridad a sus discípulos para ejercer este ministerio:

“Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia.”

Mateo 10:1

Por lo tanto, no podemos negar una verdad bíblica: la liberación espiritual forma parte de la obra del Reino de Dios.

Sin embargo, existe un peligro cuando un ministro comienza a construir toda su identidad pastoral alrededor de las manifestaciones espirituales.

El problema no es creer en el poder de Dios.

El problema aparece cuando el poder se convierte en el centro y la enseñanza de la Palabra queda desplazada.


El pastor debe buscar el poder de Dios, pero también la verdad de Dios

Es completamente correcto que un ministro busque la presencia de Dios.

Un pastor debe orar.

Debe ayunar.

Debe tener comunión con el Señor.

Debe anhelar ver la manifestación del Espíritu Santo en medio de su pueblo.

Sería un error tener una iglesia con conocimiento bíblico, pero sin dependencia del Espíritu Santo.

Pero también sería un error tener manifestaciones espirituales sin fundamento bíblico.

El ministerio de Cristo siempre tuvo un equilibrio perfecto.

Jesús sanaba.

Jesús liberaba.

Jesús hacía milagros.

Pero también enseñaba.

La gente no solamente experimentaba el poder de Dios; también conocía la verdad de Dios.

Mateo resume el ministerio de Jesús de esta manera:

“Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.”

Mateo 4:23

Observemos el orden:

Jesús enseñaba.

Jesús predicaba.

Jesús sanaba.

Los milagros eran parte de su ministerio, pero no reemplazaban el mensaje del Reino.


El peligro de una iglesia basada solamente en liberaciones

Existe un peligro cuando una congregación comienza a medir la presencia de Dios únicamente por manifestaciones externas.

Reuniones donde siempre se busca una experiencia fuerte.

Personas que solamente esperan sentir algo.

Creyentes que buscan constantemente una liberación, pero nunca profundizan en la Palabra.

En ese ambiente puede ocurrir algo muy serio: la emoción reemplaza la fe.

La Biblia enseña:

“Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.”

Romanos 10:17

La fe no nace de una experiencia emocional.

La fe nace cuando una persona escucha, entiende y recibe la Palabra de Dios.

Por eso Felipe, cuando encontró al etíope leyendo las Escrituras, le preguntó:

“¿Entiendes lo que lees?”

Y él dijo:

“¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare?”

Hechos 8:30-31

La respuesta del etíope revela una gran necesidad espiritual:

Las personas necesitan que alguien les explique la verdad.

Dios estableció ministros para abrir los ojos espirituales de las personas mediante la enseñanza de su Palabra.


El problema de una iglesia sin raíz

Jesús habló acerca de una semilla que cayó entre piedras.

Esta semilla representa a quienes reciben la Palabra con alegría, pero no desarrollan raíces profundas.

Jesús dijo:

“Estos son asimismo los que fueron sembrados en pedregales: los que cuando han oído la palabra, al momento la reciben con gozo; pero no tienen raíz en sí, sino que son de corta duración...”

Marcos 4:16-17

Una persona puede tener una experiencia poderosa.

Puede llorar.

Puede emocionarse.

Puede vivir un momento impactante.

Pero si no tiene raíces en la Palabra, su fe será vulnerable.

Porque llegará el momento de la prueba.

Y solamente permanecerán aquellos que fueron establecidos sobre Cristo y su verdad.


Jesús enseñaba acerca del Reino

Una de las cosas más impresionantes del ministerio de Cristo es que constantemente anunciaba:

“El reino de los cielos se ha acercado.”

Mateo 4:17

Jesús vino a revelar una realidad superior.

Las personas tenían una visión terrenal.

Pensaban en problemas económicos, políticos y sociales.

Pero Cristo comenzó a enseñarles acerca de un Reino eterno.

Él transformaba la manera de pensar de las personas.

Les enseñaba quién era Dios.

Les enseñaba acerca del pecado.

Les enseñaba acerca del arrepentimiento.

Les enseñaba acerca de la vida eterna.

Los milagros confirmaban el mensaje, pero nunca sustituían el mensaje.


El mayor milagro: una vida transformada

Echar fuera demonios es parte de la autoridad que Cristo dio a sus discípulos.

Pero existe algo que debe producir mayor gozo en un ministro:

Ver personas transformadas por la verdad de Cristo.

Cuando los setenta discípulos regresaron emocionados porque los demonios se sujetaban a ellos, Jesús les respondió:

“Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.”

Lucas 10:20

Jesús no negó la autoridad espiritual.

Pero les enseñó que había algo superior.

El verdadero propósito del Reino no era solamente demostrar poder, sino reconciliar personas con Dios.


Cuando la emoción reemplaza la madurez

Una iglesia puede acostumbrarse a buscar solamente momentos intensos.

Pero una vida cristiana madura necesita mucho más.

Necesita doctrina.

Necesita conocimiento bíblico.

Necesita carácter.

Necesita obediencia.

Necesita fruto espiritual.

Pablo escribió:

“Para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina...”

Efesios 4:14

El propósito del ministerio no es producir creyentes dependientes de experiencias.

Es formar discípulos firmes en Cristo.


Reflexión

El pastor debe creer en el poder de Dios.

Debe orar por los enfermos.

Debe confrontar las obras del enemigo.

Debe ejercer la autoridad espiritual que Cristo le entregó.

Pero nunca debe olvidar que fue llamado principalmente a alimentar el rebaño con la Palabra de Dios.

Porque un demonio puede salir de una persona en un momento.

Pero una vida solamente será transformada cuando Cristo gobierne su corazón.

La liberación puede traer libertad de una opresión.

Pero la Palabra trae una transformación permanente.

El verdadero pastor no busca solamente personas que tengan una experiencia con Dios.

Busca discípulos que conozcan a Dios, amen su Palabra y permanezcan firmes hasta el final.

Porque Cristo no llamó a su Iglesia solamente a experimentar su poder.

La llamó a conocer su verdad.

“Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.”

Juan 17:17


9. El pastor papá

Cuando el cuidado pastoral reemplaza la dependencia de Cristo

Dios estableció el ministerio pastoral para cuidar, guiar, proteger y alimentar espiritualmente a su pueblo.

La Biblia presenta al pastor como alguien que debe amar a las ovejas, conocerlas, acompañarlas y velar por ellas.

Por esa razón, es comprensible que un pastor desarrolle una relación cercana con las personas de la iglesia. De hecho, una iglesia saludable necesita ministros que no sean distantes, sino que tengan un corazón dispuesto a servir.

Sin embargo, existe un peligro cuando esa relación de cuidado comienza a cruzar límites establecidos por Dios.

Es el caso del pastor que comienza a mirar a todos los miembros de la iglesia como si fueran sus hijos espirituales y, poco a poco, asume un papel que no le corresponde.

El pastor deja de ser un guía espiritual y comienza a convertirse en la autoridad absoluta sobre cada decisión personal de las personas.

Entonces aparece una visión equivocada:

"La iglesia debe hacer lo que el pastor dice porque él sabe qué es lo mejor para todos."

Pero la responsabilidad del pastor no es controlar vidas.

Es conducir personas hacia Cristo.


El pastor fue llamado a formar discípulos, no dependientes

Jesús nunca llamó a sus discípulos para que dependieran eternamente de Él en cada decisión.

Los llamó para que aprendieran, crecieran y fueran enviados.

Durante tres años caminó con ellos.

Les enseñó.

Los corrigió.

Los formó.

Pero después les dijo:

"Como me envió el Padre, así también yo os envío."

Juan 20:21

Cristo preparó discípulos capaces de continuar la obra.

El objetivo del ministerio no es que las personas dependan siempre de un hombre.

El objetivo es que aprendan a caminar con Dios.

Un buen pastor no crea personas esclavas de su dirección personal.

Forma creyentes maduros que saben escuchar la voz de Dios mediante las Escrituras.


El peligro de ocupar un lugar que pertenece a Dios

Uno de los mayores riesgos de esta visión pastoral es que el ministro comience a tomar decisiones que solamente corresponden a Dios y a la responsabilidad personal de cada creyente.

Por ejemplo:

Decidir con quién una persona debe casarse.

Controlar qué profesión debe estudiar.

Determinar cada aspecto de la vida familiar.

Tomar decisiones personales que la Biblia no ha establecido como mandamiento.

El pastor tiene autoridad espiritual para enseñar la Palabra, aconsejar y exhortar.

Pero no tiene autoridad para reemplazar la conciencia del creyente ni la dirección del Espíritu Santo.

La Escritura dice:

"Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios."

Romanos 8:14

El Espíritu Santo fue enviado para guiar al creyente.

El pastor enseña la verdad.

El Espíritu Santo aplica esa verdad al corazón.


La autoridad pastoral debe estar sometida a la Escritura

La Biblia sí enseña que debemos respetar y obedecer a nuestros pastores.

Pero esa obediencia nunca está separada de la Palabra de Dios.

El escritor de Hebreos dice:

"Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas..."

Hebreos 13:17

Pero también los creyentes de Berea fueron reconocidos porque examinaban las enseñanzas que recibían:

"Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así."

Hechos 17:11

Incluso la enseñanza apostólica era examinada a la luz de las Escrituras.

Ningún ministro está por encima de la Palabra.


La iglesia debe fortalecer la familia, no reemplazarla

Uno de los errores más graves de esta visión ocurre cuando el pastor comienza a ocupar el lugar que Dios diseñó para la familia.

La iglesia debe ayudar a fortalecer los hogares, no destruir la autoridad que Dios estableció dentro de ellos.

La Biblia enseña un orden dentro del hogar:

"Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia..."

Efesios 5:23

Y también enseña a los padres la responsabilidad espiritual sobre sus hijos:

"Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor."

Efesios 6:4

El pastor no fue llamado para reemplazar al esposo.

No fue llamado para reemplazar a los padres.

Fue llamado para enseñarles cómo cumplir su responsabilidad delante de Dios.


Cuando el pastor divide familias

Una señal peligrosa de esta visión es cuando el ministro comienza a crear una dependencia donde las personas obedecen más al pastor que a la estructura familiar establecida por Dios.

Por ejemplo:

Cuando una esposa comienza a ignorar a su esposo porque "el pastor dijo otra cosa".

Cuando los hijos respetan más la autoridad del líder que la de sus padres.

Cuando una familia deja de tomar decisiones juntos porque todo debe consultarse primero con el pastor.

Esto no edifica la familia.

La debilita.

La iglesia debe producir hogares fuertes, porque familias fuertes forman iglesias fuertes.


El pastor debe aconsejar, no controlar

La Biblia presenta al ministro como alguien que enseña, exhorta y corrige con amor.

Pablo le escribió a Timoteo:

"No reprendas al anciano, sino exhórtale como a padre; a los más jóvenes, como a hermanos; a las ancianas, como a madres; a las jovencitas, como a hermanas, con toda pureza."

1 Timoteo 5:1-2

Observemos el equilibrio.

Pablo no le dice a Timoteo:

"Trata a todos como hijos que deben obedecerte en todo."

Le dice:

Mira a los mayores como padres.

A los jóvenes como hermanos.

A los menores como hijos.

Es una relación de amor y respeto, no una relación de dominio.


El verdadero pastor quiere que Cristo crezca en las personas

El pastor inmaduro busca que las personas dependan de él.

El pastor conforme al corazón de Dios busca que las personas dependan de Cristo.

Juan el Bautista entendió esta verdad:

"Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe."

Juan 3:30

Ese debe ser el deseo de todo ministro.

Que las personas conozcan más a Cristo.

Que aprendan a escuchar la voz de Dios.

Que crezcan espiritualmente.

Que puedan formar hogares conforme al diseño del Señor.


Reflexión

El pastor tiene una responsabilidad hermosa:

Cuidar.

Enseñar.

Acompañar.

Orar.

Corregir.

Animar.

Pero nunca debe olvidar que las ovejas pertenecen a Cristo.

No son propiedad del pastor.

No son una extensión de su personalidad.

No son una familia personal que debe obedecer cada deseo humano.

Son hijos de Dios que fueron comprados por la sangre de Jesucristo.

"Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo..."

1 Corintios 6:20

El mejor pastor no es aquel que logra que todos dependan de él.

Es aquel que logra que todos aprendan a depender cada día más de Cristo.

Porque cuando Cristo ocupa el centro, las familias se fortalecen, la iglesia madura y el nombre de Dios es glorificado.


10. Los pastores independientes

Cuando la visión personal reemplaza el diseño del cuerpo de Cristo

Dios nunca diseñó la iglesia como una obra construida alrededor de una sola persona.

Desde el principio, el Señor estableció diferentes ministerios y dones para que juntos edificaran el cuerpo de Cristo.

La iglesia no fue diseñada para depender completamente de la personalidad, capacidad o visión de un solo hombre.

Cristo es la cabeza de la Iglesia.

Los ministros solamente somos instrumentos en sus manos.

La Escritura declara:

"Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros."

Efesios 4:11

Observemos algo importante: Dios no estableció solamente un ministerio.

Estableció diferentes ministerios.

Cada uno tiene una función.

Cada uno aporta algo necesario.

El propósito es:

"A fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo."

Efesios 4:12

La iglesia crece cuando los dones trabajan juntos bajo la dirección de Cristo.


El peligro de una visión individualista

Existe una visión pastoral donde un ministro comienza a pensar que todo debe girar alrededor de él.

Su enseñanza.

Su manera de hacer las cosas.

Su opinión.

Su estructura.

Su liderazgo.

Con el tiempo puede aparecer una actitud peligrosa:

"Fuera de este ministerio no hay nada más."

"No necesito escuchar a otros ministros."

"Nadie puede enseñar algo que yo no haya enseñado."

Cuando sucede esto, el pastor deja de verse como un miembro del cuerpo y comienza a actuar como si fuera todo el cuerpo.

Pero la Biblia enseña algo diferente.

Pablo explicó que la iglesia es un cuerpo donde cada miembro tiene una función.

"Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo."

1 Corintios 12:12

Ningún miembro puede decir:

"No necesito de los demás."

Porque todos necesitamos de otros creyentes y de otros ministros que Dios ha levantado.


El ejemplo de Moisés: una persona no puede cargarlo todo

Uno de los ejemplos más claros está en la vida de Moisés.

Dios había puesto sobre él una responsabilidad enorme: dirigir al pueblo de Israel.

Pero llegó un momento donde Moisés intentaba resolver todos los problemas solo.

Su suegro Jetro observó la situación y le dijo:

"¿Qué es esto que haces tú con el pueblo? ¿Por qué te sientas tú solo, y todo el pueblo está delante de ti desde la mañana hasta la tarde?"

Éxodo 18:14

Moisés respondió que el pueblo venía a él para consultar a Dios.

Pero Jetro le advirtió:

"No está bien lo que haces. Desfallecerás del todo, tú, y también este pueblo que está contigo; porque el trabajo es demasiado pesado para ti; no podrás hacerlo tú solo."

Éxodo 18:17-18

La consecuencia de intentar hacerlo todo solo era clara:

Moisés se agotaría.

El pueblo sufriría.

Su familia también sería afectada.

La solución no era trabajar más.

Era establecer un sistema donde otros hombres ayudaran en la responsabilidad.


El aislamiento ministerial puede producir desgaste

Cuando un pastor no trabaja con otros ministros, pierde una gran oportunidad de aprender, ser corregido y crecer.

Todo ministro necesita hermanos que puedan animarlo, aconsejarlo y aun confrontarlo cuando sea necesario.

La Biblia dice:

"Hierro con hierro se aguza; y así el hombre aguza el rostro de su amigo."

Proverbios 27:17

Un ministro que nunca permite que nadie hable a su vida corre el peligro de quedar encerrado en sus propias ideas.

No porque todo lo que piensa sea malo, sino porque nadie tiene una visión completa de todo.

Necesitamos el cuerpo de Cristo.


La iglesia no pertenece a un hombre

Uno de los mayores peligros de una visión independiente extrema es que las personas comiencen a identificarse más con un líder que con Cristo.

Pueden decir:

"Yo soy de este pastor."

"Yo pertenezco a este ministerio."

"Sin este hombre no puedo crecer."

Pero Pablo corrigió precisamente esta actitud en la iglesia de Corinto.

Algunos decían:

"Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo."

1 Corintios 1:12

Y Pablo respondió:

"¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?"

1 Corintios 1:13

Los ministros son servidores.

Cristo es el Señor.


Reconocer otros ministros es señal de madurez

Un pastor seguro de su llamado no tiene miedo de reconocer que Dios también usa a otros.

No ve otros ministerios como una amenaza.

Los ve como parte del cuerpo de Cristo.

Pablo entendía esto perfectamente.

Aunque tenía un llamado poderoso, trabajó junto a otros ministros:

Bernabé.

Silas.

Timoteo.

Tito.

Lucas.

Nunca enseñó que solamente él podía edificar la iglesia.

Al contrario, reconoció el valor de otros colaboradores.

"Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios."

1 Corintios 3:9

La obra pertenece a Dios.

Los ministros solamente colaboran en ella.


El equilibrio: unidad sin perder identidad

Es importante aclarar algo.

No toda iglesia independiente está equivocada.

Existen iglesias independientes donde hay pastores humildes, abiertos, enseñables y dispuestos a trabajar con otros ministros.

El problema no es la independencia administrativa.

El problema es la independencia espiritual.

Un pastor puede dirigir una iglesia independiente y aun así caminar en unidad con el cuerpo de Cristo.

Puede recibir consejo.

Puede aprender.

Puede compartir con otros ministros.

Puede reconocer que necesita a otros.


La iglesia necesita una visión más grande que un hombre

Cuando diferentes ministros con un corazón correcto trabajan juntos, la iglesia recibe mayor madurez.

Alguien puede tener un don fuerte para evangelizar.

Otro para enseñar.

Otro para aconsejar.

Otro para formar líderes.

Otro para administrar.

Dios usa diferentes personas para diferentes funciones.

Por eso Pablo escribió:

"Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros..."

1 Corintios 12:28

La iglesia no se edifica alrededor de una personalidad.

Se edifica alrededor de Cristo.


Reflexión

Un pastor nunca debe olvidar que es parte del cuerpo, no el dueño del cuerpo.

La iglesia no nació por la visión de un hombre.

Nació por el propósito eterno de Dios.

El pastor sabio no teme compartir, aprender y caminar junto a otros siervos del Señor.

Porque entiende que cuando otro ministro es usado por Dios, el Reino avanza.

No debemos competir por iglesias.

No debemos competir por reconocimiento.

No debemos competir por seguidores.

Debemos trabajar para que Cristo sea conocido y glorificado.

"Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo."

1 Corintios 3:11

El verdadero pastor no busca construir su propio reino.

Busca edificar el Reino de Cristo.


11. El pastor principiante

Cuando el título llega antes que la formación del carácter pastoral

Dios llama personas al ministerio en diferentes etapas de la vida. Algunos reciben un llamado desde jóvenes, otros después de muchos años de caminar con Cristo. El Señor puede usar a una persona desde el inicio de su ministerio y no debemos menospreciar a quienes están comenzando.

Sin embargo, existe un peligro cuando alguien recibe una posición pastoral sin haber desarrollado todavía el carácter, la madurez espiritual y la preparación necesaria para cuidar de otras personas.

El problema no es ser un pastor joven o estar comenzando.

El problema es asumir una responsabilidad espiritual sin comprender completamente lo que significa pastorear el rebaño de Cristo.

La Biblia enseña que el ministerio pastoral no consiste solamente en predicar desde un púlpito.

El pastor fue llamado a cuidar personas.


Un pastor no solamente predica, también pastorea

Muchas veces se confunde el ministerio pastoral con la capacidad de comunicar un mensaje.

Una persona puede tener facilidad para hablar.

Puede predicar bien.

Puede tener conocimiento bíblico.

Puede dirigir reuniones.

Pero el pastorado implica mucho más.

Jesús dijo:

"Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas."

Juan 10:11

El verdadero pastor tiene un corazón dispuesto a involucrarse en la vida de las personas.

No solamente aparece cuando hay una reunión.

No solamente enseña desde una plataforma.

Camina con las ovejas.

Conoce sus luchas.

Ora por sus necesidades.

Acompaña sus procesos.


El peligro de evitar las cargas del ministerio

Una característica de un pastor inmaduro puede ser querer disfrutar la posición, pero evitar las responsabilidades.

No quiere involucrarse en problemas familiares.

No quiere dar consejo.

Evita visitar hogares.

No quiere acompañar momentos difíciles.

Prefiere mantenerse únicamente en las actividades públicas.

Pero el modelo de Cristo fue completamente diferente.

Jesús no fue un pastor distante.

Él tocó al leproso.

Escuchó al afligido.

Lloró con los que lloraban.

Restauró al caído.

El evangelio muestra:

"Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor."

Mateo 9:36

La primera reacción de Jesús al ver necesidad no fue indiferencia.

Fue compasión.


El pastor debe estar preparado para aconsejar

Una de las responsabilidades más importantes del ministerio pastoral es ayudar a las personas a aplicar la Palabra de Dios en las diferentes situaciones de la vida.

Matrimonios.

Familias.

Conflictos.

Decisiones importantes.

Dolor.

Pérdidas.

Crisis espirituales.

La iglesia necesita ministros que sepan traer dirección conforme a las Escrituras.

Pablo escribió:

"A fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra."

2 Timoteo 3:17

La Palabra de Dios prepara al ministro para servir correctamente.


La consejería no reemplaza la dependencia de Dios

Es importante aclarar algo:

El pastor aconseja, pero no ocupa el lugar de Dios.

El pastor guía con la Palabra, pero no controla la vida de las personas.

El pastor ayuda a discernir, pero no decide cada aspecto de la vida del creyente.

La meta de la consejería bíblica no es crear dependencia del pastor.

Es llevar a la persona a depender más de Cristo.

Pablo expresó esta visión cuando dijo:

"Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús."

2 Corintios 4:5


Los líderes ayudan, pero no sustituyen al pastor

En una iglesia saludable existen diferentes responsabilidades.

Hay líderes.

Maestros.

Servidores.

Personas que ayudan en diferentes áreas.

Esto es necesario.

Pero debemos mantener el orden bíblico.

Los líderes son colaboradores del pastor.

No reemplazan completamente la función pastoral.

En la iglesia primitiva vemos que los apóstoles delegaron ciertas tareas, pero mantuvieron su responsabilidad principal:

"Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra."

Hechos 6:4

Delegar es bíblico.

Abandonar la responsabilidad pastoral no lo es.


El peligro de un ministerio sin discernimiento

El pastor necesita desarrollar los dones que Dios le ha entregado.

La Biblia habla de dones espirituales como:

Sabiduría.

Ciencia.

Fe.

Discernimiento de espíritus.

Sanidades.

Milagros.

Entre otros.

Pablo escribió:

"A otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu."

1 Corintios 12:9

Esto no significa que todos los pastores tendrán exactamente los mismos dones.

Pero sí significa que el ministro debe buscar ser equipado por Dios para servir correctamente.

Un pastor no puede depender únicamente de habilidades humanas.

Necesita la dirección del Espíritu Santo.


El pastor debe seguir creciendo

Uno de los mayores errores de un ministro es pensar que porque recibió un llamado ya terminó su preparación.

El apóstol Pablo, después de muchos años de ministerio, todavía seguía creciendo.

Escribió:

"No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo..."

Filipenses 3:12

Un pastor nunca deja de aprender.

Nunca deja de ser corregido.

Nunca deja de ser formado.

La experiencia es importante.

Pero la humildad para seguir aprendiendo es indispensable.


Un llamado grande requiere un carácter formado

El pastor principiante debe entender algo:

El ministerio no se trata de tener una posición.

Se trata de cargar una responsabilidad espiritual.

Santiago escribió:

"Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación."

Santiago 3:1

Esto no es una prohibición de enseñar.

Es una advertencia sobre la responsabilidad que implica guiar espiritualmente a otros.

Quien enseña y dirige vidas tendrá una mayor responsabilidad delante de Dios.


Reflexión

El pastor no debe buscar solamente tener una iglesia.

Debe buscar estar preparado para cuidar la iglesia que Dios le entregue.

No es suficiente tener una predicación poderosa.

Se necesita un corazón pastoral.

No es suficiente tener seguidores.

Se necesitan discípulos.

No es suficiente tener un título.

Se necesita carácter.

Cristo no llamó solamente predicadores.

Llamó pastores.

Hombres y mujeres dispuestos a amar, servir, corregir, acompañar y entregar su vida por las ovejas.

Porque las ovejas no necesitan solamente escuchar una voz desde un púlpito.

Necesitan encontrar un corazón que refleje al Buen Pastor.

"Y os daré pastores según mi corazón, que os apacienten con ciencia y con inteligencia."

Jeremías 3:15

El verdadero pastor no se mide por cuánto habla.

Se mide por cuánto ama, cuánto sirve y cuánto refleja a Jesucristo.


12. El pastor pobre

Cuando la falta de equilibrio económico afecta el llamado pastoral

Hablar de las finanzas dentro del ministerio siempre requiere equilibrio bíblico.

La Biblia no enseña que todos los pastores deben vivir en abundancia material, pero tampoco enseña que un ministro debe vivir en necesidad permanente como si la pobreza fuera una señal de mayor espiritualidad.

El llamado pastoral es espiritual, pero también implica necesidades humanas.

El pastor tiene una familia.

Tiene responsabilidades.

Tiene necesidades básicas.

Y la iglesia debe comprender que aquellos que dedican su vida al servicio del evangelio también necesitan ser sostenidos.


El obrero es digno de su salario

Jesús mismo enseñó este principio cuando envió a sus discípulos a predicar.

Les dijo:

"El obrero es digno de su salario."

Lucas 10:7

El Señor no presentó como algo incorrecto que quienes trabajan en la obra reciban sustento.

El apóstol Pablo también enseñó acerca de esto cuando habló del cuidado hacia quienes sirven en el ministerio.

Escribió:

"Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio."

1 Corintios 9:14

El ministerio no debe convertirse en una fuente de enriquecimiento personal.

Pero tampoco debe tratarse como si el ministro no tuviera derecho a recibir apoyo.


No pondrás bozal al buey que trilla

Pablo utiliza un ejemplo del Antiguo Testamento para enseñar este principio:

"Porque en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que trilla. ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes?"

1 Corintios 9:9

La enseñanza es clara:

Dios se preocupa por aquellos que trabajan.

Así como un animal que trabaja tiene derecho a alimentarse, aquellos que trabajan espiritualmente para edificar la iglesia también deben ser considerados.

La iglesia no debe sentirse culpable por sostener a sus ministros.

Es parte del orden establecido por Dios.


Cuando la iglesia abandona a sus pastores

Existe una realidad triste: algunos pastores viven en necesidad no porque Dios lo haya establecido así, sino porque la iglesia no comprende su responsabilidad.

Hay ministros que trabajan muchas horas en la obra del Señor mientras sus propias familias enfrentan necesidades.

No porque el pastor quiera aprovecharse de la iglesia.

Sino porque existe una falta de enseñanza sobre el cuidado hacia quienes sirven.

Pablo enseñó a la iglesia de Galacia:

"El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye."

Gálatas 6:6

La iglesia debe honrar y cuidar a quienes fielmente enseñan la Palabra.


El otro extremo: cuando el dinero reemplaza el llamado

Pero así como existe el problema de descuidar al pastor, también existe el peligro contrario.

Un ministro nunca debe convertir el evangelio en una fuente de ganancia personal.

Pablo advirtió:

"Porque raíz de todos los males es el amor al dinero..."

1 Timoteo 6:10

El problema no es tener recursos.

El problema es amar los recursos más que a Dios.

Un pastor puede tener provisión y aun así mantener un corazón humilde.

También puede tener pocos recursos y aun así tener un corazón codicioso.

La condición espiritual no depende de cuánto posee una persona, sino de qué gobierna su corazón.


El pastor y el trabajo secular

Existen ministros que trabajan en una profesión u oficio mientras pastorean.

La Biblia muestra que esto puede ocurrir.

El mismo apóstol Pablo trabajaba haciendo tiendas.

"Y como era del mismo oficio, se quedó con ellos, y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas."

Hechos 18:3

Pablo no consideraba vergonzoso trabajar.

Sin embargo, debemos observar algo importante:

Su trabajo nunca reemplazó su llamado.

Cuando Dios abrió una puerta para dedicarse completamente a la predicación, lo hizo.

La pregunta no es solamente:

"¿El pastor trabaja?"

La pregunta correcta es:

"¿Ese trabajo le permite cumplir responsablemente el llamado que Dios le dio?"


Cuando el ministerio queda en segundo lugar

Existe un peligro cuando un pastor tiene tantas responsabilidades externas que la iglesia solamente recibe el tiempo que sobra.

Cuando la oración queda para cuando hay tiempo.

Cuando la preparación bíblica queda para último momento.

Cuando las necesidades de las personas deben esperar porque siempre existen otras prioridades.

Los apóstoles enfrentaron una situación similar en la iglesia primitiva.

Había muchas necesidades administrativas, pero ellos entendieron que debían proteger su llamado principal:

"Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra."

Hechos 6:4

El ministerio requiere prioridad.


La iglesia debe sostener la obra, no cargarla sobre una sola persona

Otro error común es pensar:

"El pastor debe resolver todo."

La iglesia pertenece a Cristo y todos los creyentes forman parte de la responsabilidad del Reino.

Cada miembro tiene dones y responsabilidades.

Pablo enseñó:

"Así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros."

Romanos 12:5

La obra de Dios no fue diseñada para que una sola persona cargue todo el peso.

La iglesia debe participar, servir y apoyar.


El equilibrio bíblico

La enseñanza bíblica mantiene dos verdades juntas:

Primero:

El ministro debe tener un corazón desprendido del dinero.

Segundo:

La iglesia debe ser responsable en cuidar a quienes sirven.

Jesús es el mayor ejemplo.

Aunque era Señor de todo, vivió con humildad.

No buscó riquezas.

No manipuló personas.

No utilizó el ministerio para beneficio personal.

Pero también permitió que personas fieles apoyaran su obra.

"Y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades... le servían de sus bienes."

Lucas 8:2-3

Recibir apoyo no es falta de espiritualidad.

El problema está en la motivación del corazón.


Reflexión

Un pastor no debe vivir esclavo de la necesidad.

Pero tampoco debe vivir esclavo de la ambición.

Debe aprender a confiar en Dios.

La iglesia debe aprender a honrar a quienes sirven.

El ministro debe administrar con transparencia.

La congregación debe sostener con generosidad.

Porque el propósito no es que el pastor sea pobre ni rico.

El propósito es que sea fiel.

Pablo resumió perfectamente esta actitud:

"Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado..."

Filipenses 4:12

El verdadero tesoro de un pastor no está en lo que posee.

Está en haber sido encontrado fiel delante de Dios.

"Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel."

1 Corintios 4:2

Un pastor conforme al corazón de Dios no busca una vida de comodidad.

Busca una vida de fidelidad al llamado que recibió de Cristo.


13. Los pastores lobos

Cuando el ministerio deja de servir a Cristo y comienza a servir al hombre

Dentro de todas las advertencias que encontramos en las Escrituras acerca del ministerio, una de las más fuertes es la advertencia sobre los falsos pastores.

La Biblia muestra que no todo aquel que tiene apariencia espiritual realmente representa el corazón de Cristo.

Algunos pueden tener conocimiento bíblico.

Pueden hablar con elocuencia.

Pueden reunir grandes multitudes.

Pueden aparentar mucha espiritualidad.

Pero Dios no mira solamente las manifestaciones externas.

Dios mira el corazón.

Jesús mismo advirtió:

"Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces."

Mateo 7:15

Observemos algo importante:

Jesús no dijo que vendrían vestidos como lobos.

Dijo que vendrían vestidos como ovejas.

Esto significa que el peligro muchas veces no viene de alguien claramente alejado de la fe, sino de personas que aparentan representar a Dios, pero cuyo corazón está lejos de Él.


El verdadero pastor cuida las ovejas; el falso pastor las utiliza

La diferencia principal entre un verdadero pastor y un falso pastor está en su motivación.

El verdadero pastor ama las ovejas porque pertenecen a Cristo.

El falso pastor ve las ovejas como un medio para alcanzar sus propios deseos.

Jesús dijo:

"Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas."

Juan 10:11

Después explicó la diferencia con el asalariado:

"Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye..."

Juan 10:12

El buen pastor entrega su vida.

El falso pastor busca su beneficio.

Uno sirve.

El otro utiliza.


Cuando el dinero se convierte en el centro del ministerio

Una de las señales que la Biblia menciona acerca de falsos ministros es el amor al dinero.

Esto no significa que todo pastor que recibe apoyo económico sea falso.

La Biblia enseña que el obrero es digno de su salario.

El problema aparece cuando el dinero se convierte en la motivación principal del ministerio.

Pablo habló de personas que:

"...toman la piedad como fuente de ganancia..."

1 Timoteo 6:5

El ministerio deja de ser un servicio y se convierte en un negocio.

Entonces aparecen señales peligrosas:

El mensaje comienza a girar alrededor de beneficios materiales.

Las bendiciones de Dios son presentadas como productos que pueden comprarse.

La generosidad deja de ser una expresión de amor y se convierte en una herramienta de manipulación.


El peligro de negociar con las promesas de Dios

Dios ciertamente bendice a sus hijos.

La Biblia está llena de promesas de provisión, cuidado y fidelidad.

Pero el evangelio nunca enseñó que podemos comprar el favor de Dios.

La gracia de Dios no está en venta.

La salvación no se compra.

La bendición espiritual no depende de una cantidad económica entregada.

Pedro confrontó a Simón, quien quiso comprar el poder espiritual con dinero:

"Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero."

Hechos 8:20

Los dones de Dios no son mercancía.

El poder de Dios no puede convertirse en un instrumento de beneficio personal.


El ejemplo de los apóstoles

Los apóstoles tuvieron muchas oportunidades de aprovecharse de la influencia que Dios les había dado.

Pero eligieron servir.

Pablo pudo decir:

"Ni plata ni oro ni vestido de nadie he codiciado."

Hechos 20:33

Su preocupación no era cuánto podía recibir.

Su preocupación era cumplir el llamado de Cristo.

También escribió:

"No que busque dádivas, sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta."

Filipenses 4:17

Qué diferencia tan grande.

El falso ministro busca lo que puede obtener de las personas.

El verdadero ministro busca lo que Dios puede formar en las personas.


La apariencia espiritual no siempre demuestra aprobación de Dios

Uno de los mayores engaños es pensar que todo aquel que hace cosas impresionantes necesariamente tiene la aprobación de Dios.

Jesús advirtió:

"Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?"

Mateo 7:22

Estas personas tenían manifestaciones.

Tenían actividades.

Tenían obras visibles.

Pero Jesús respondió:

"Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad."

Mateo 7:23

Esto nos enseña algo muy serio:

Los dones y las manifestaciones no sustituyen el carácter.

El poder espiritual nunca reemplaza la obediencia.


El verdadero peligro: personas heridas y alejadas de Cristo

Cuando un ministro utiliza el nombre de Dios para sus propios intereses, el daño es profundo.

Muchas personas terminan heridas.

Algunas pierden confianza en la iglesia.

Otras se alejan completamente del evangelio.

Por eso Santiago escribió:

"Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación."

Santiago 3:1

La responsabilidad espiritual es grande.

Quien guía personas debe hacerlo con temor de Dios.


Cómo reconocer un ministerio saludable

La Biblia nos enseña a examinar los frutos.

Jesús dijo:

"Por sus frutos los conoceréis."

Mateo 7:16

Los frutos no solamente son números, edificios o reconocimiento.

Los verdaderos frutos incluyen:

Una vida de santidad.

Humildad.

Amor por las personas.

Fidelidad a la Palabra.

Servicio.

Transparencia.

Un corazón semejante al de Cristo.

Un ministerio puede ser pequeño y ser fiel.

Otro puede ser grande y estar equivocado.

El tamaño no determina la aprobación de Dios.

La fidelidad sí.


Un llamado al discernimiento

Como creyentes debemos tener cuidado.

No debemos ser ingenuos.

Pero tampoco debemos vivir desconfiando de todos.

La Biblia enseña equilibrio.

Jesús dijo:

"He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas."

Mateo 10:16

Debemos mantener un corazón humilde, pero también un corazón discernidor.

Nunca debemos colocar a una persona por encima de Cristo.

Nunca debemos permitir que la admiración por un líder sustituya nuestro amor por la Palabra.


Reflexión

El pastor verdadero no utiliza a las ovejas para construir su propio reino.

Utiliza su vida para edificar el Reino de Cristo.

No busca ser servido.

Busca servir.

No busca reconocimiento.

Busca que Cristo sea conocido.

No busca seguidores personales.

Busca discípulos de Jesús.

El mayor peligro de un falso pastor es que puede hablar de Cristo mientras aleja a las personas de Cristo.

Por eso cada ministro debe examinar constantemente su corazón delante de Dios.

La pregunta no es solamente:

"¿Cuántas personas me siguen?"

La pregunta más importante es:

"¿Estoy llevando a las personas a seguir a Jesucristo?"

Porque llegará el día cuando todo ministro estará delante del Príncipe de los pastores.

Y allí no seremos evaluados por nuestra fama, nuestro tamaño o nuestro reconocimiento.

Seremos evaluados por nuestra fidelidad.

"Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria."

1 Pedro 5:4

El verdadero pastor vive esperando ese día.

14. EL BUEN PASTOR

La visión pastoral conforme al corazón de Cristo

Después de analizar diferentes formas equivocadas de entender el ministerio pastoral, debemos volver al modelo perfecto.

Porque la pregunta más importante no es:

¿Qué tipo de pastor soy?

La pregunta más importante es:

¿Me parezco al Pastor por excelencia?

Todos los ministros deben ser examinados a la luz de Jesucristo.

Los hombres pueden fallar.

Los modelos humanos pueden equivocarse.

Las estrategias pueden cambiar.

Pero Cristo permanece siendo el mismo.

Él es el estándar perfecto del ministerio pastoral.

La Biblia no presenta a Jesús simplemente como un pastor bueno entre muchos otros.

Presenta a Jesús como el Buen Pastor.

Él mismo declaró:

"Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas."

Juan 10:11

La palabra de Cristo es profunda.

No dijo:

"Yo soy un pastor más."

Dijo:

"Yo soy el buen pastor."

La verdadera visión pastoral nace en Él.


El buen pastor entiende que la iglesia pertenece a Cristo

Uno de los mayores errores que puede cometer un ministro es olvidar que la iglesia no le pertenece.

La iglesia no pertenece al pastor.

No pertenece a una familia.

No pertenece a una organización humana.

La iglesia pertenece al Señor Jesucristo.

Pablo escribió:

"Mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre."

Hechos 20:28

Observemos esta verdad:

La iglesia fue comprada con sangre.

Pero no con la sangre de un pastor.

Fue comprada con la sangre de Cristo.

Por eso ningún ministro puede tratar a la iglesia como una propiedad personal.

El pastor es un administrador.

Cristo es el dueño.


El buen pastor entrega su vida por las ovejas

La característica principal del buen pastor es el amor sacrificial.

Jesús no cuidó las ovejas buscando recibir algo de ellas.

Él entregó todo por ellas.

La cruz es la máxima expresión del corazón pastoral de Cristo.

Pablo escribió:

"Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella."

Efesios 5:25

Cristo amó a la iglesia hasta el punto de dar su propia vida.

Ese es el nivel de amor que debe inspirar todo ministerio.

El pastor no está llamado solamente a enseñar desde un púlpito.

Está llamado a servir, acompañar, corregir, consolar y cuidar.


El buen pastor conoce sus ovejas

Jesús dijo:

"Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen."

Juan 10:14

El ministerio pastoral no puede ser distante.

Un pastor debe conocer a las personas que Dios puso bajo su cuidado.

Debe conocer sus luchas.

Sus familias.

Sus necesidades.

Sus procesos espirituales.

Esto no significa controlar la vida de las personas.

Significa amar lo suficiente para acompañarlas.

El pastor no está llamado a dominar las ovejas.

Está llamado a cuidarlas.

Pedro escribió:

"Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente..."

1 Pedro 5:2


El buen pastor enseña la verdad de Dios

El amor pastoral nunca está separado de la verdad.

Un pastor que ama no solamente consuela.

También enseña.

Corrige.

Exhorta.

Forma.

Pablo le dijo a Timoteo:

"Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina."

2 Timoteo 4:2

El pastor no fue llamado a decir únicamente lo que las personas quieren escuchar.

Fue llamado a enseñar lo que Dios dice.

Porque la verdadera transformación no viene de la opinión del hombre.

Viene de la Palabra de Dios.


El buen pastor restaura familias, no las divide

Una de las evidencias de un ministerio saludable es que fortalece aquello que Dios estableció.

La familia fue creada por Dios.

Por eso el ministerio pastoral debe procurar restaurar matrimonios, fortalecer hogares y enseñar el diseño bíblico para la familia.

El pastor debe ayudar a que cada hogar vuelva sus ojos hacia Cristo.

No debe crear dependencias personales donde las personas obedezcan más al pastor que a Dios.

La familia no debe girar alrededor del ministro.

Debe girar alrededor de Cristo.

Pablo enseñó:

"Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo."

1 Corintios 11:3

Y también:

"Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia..."

Efesios 5:25

El verdadero pastor no reemplaza la autoridad que Dios estableció en el hogar.

Ayuda a que cada familia vuelva al orden de Dios.


El buen pastor no busca formar seguidores de sí mismo

Un peligro muy grande en el ministerio es que las personas terminen dependiendo más del pastor que de Cristo.

Un buen pastor no busca crear admiradores.

Busca formar discípulos.

Juan el Bautista entendió esto perfectamente.

Cuando las personas comenzaron a mirar a Cristo, él dijo:

"Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe."

Juan 3:30

Ese debería ser el deseo de todo ministro.

Que Cristo crezca.

Que Cristo sea amado.

Que Cristo sea obedecido.

Aunque el pastor sea olvidado.


El buen pastor trabaja en unidad con el cuerpo de Cristo

Cristo nunca diseñó una iglesia basada en un solo hombre.

Dios repartió dones y ministerios para que todo el cuerpo sea edificado.

Pablo escribió:

"Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros."

Efesios 4:11

La iglesia necesita diferentes ministerios.

Ningún pastor tiene todos los dones.

Ningún ministro tiene toda la revelación.

Por eso la humildad permite aprender, recibir consejo y trabajar junto a otros siervos de Dios.

El aislamiento espiritual muchas veces nace del orgullo.

La unidad nace de reconocer que todos necesitamos del cuerpo de Cristo.


El buen pastor cuida los recursos de Dios con integridad

Un pastor fiel entiende que todo lo que administra pertenece al Señor.

El dinero.

Los bienes.

La confianza de las personas.

Todo debe manejarse con transparencia.

Pablo dio ejemplo:

"Procurando hacer las cosas honradamente, no sólo delante del Señor sino también delante de los hombres."

2 Corintios 8:21

La transparencia protege la iglesia.

Protege al ministro.

Y honra a Dios.

Nunca debe existir manipulación, aprovechamiento o falta de claridad con aquello que pertenece al Señor.


El buen pastor no busca la iglesia más grande, sino la iglesia más firme

La grandeza del ministerio no se mide solamente por números.

Jesús nunca dijo:

"Por sus cantidades los conoceréis."

Dijo:

"Por sus frutos los conoceréis."

Mateo 7:16

Una iglesia puede ser numerosa y espiritualmente débil.

Otra puede ser pequeña y profundamente transformada por Dios.

El objetivo del pastor no es simplemente reunir personas.

Es formar discípulos.

Que cada creyente crezca.

Que cada familia sea fortalecida.

Que cada persona descubra su llamado.


El buen pastor prepara discípulos que sirven

Cristo no llamó personas para que permanecieran como espectadores.

Las llamó para participar en su obra.

Pablo enseñó:

"A fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo."

Efesios 4:12

El pastor saludable no concentra todo en sí mismo.

Forma personas.

Capacita obreros.

Levanta nuevos líderes.

Ayuda a que otros también sirvan.

Porque una iglesia madura no depende de una sola persona.

Depende de Cristo.


Reflexión final

Ser pastor no es simplemente ocupar una posición.

Es cargar una responsabilidad delante de Dios.

Cada palabra.

Cada consejo.

Cada decisión.

Cada actitud.

Tiene impacto en personas que Cristo ama profundamente.

Por eso el corazón del pastor debe permanecer humilde.

Debe recordar siempre:

No soy dueño de las ovejas.

Soy un servidor del Pastor eterno.

No fui llamado para construir mi nombre.

Fui llamado para glorificar el nombre de Cristo.

No fui llamado para que las personas dependan de mí.

Fui llamado para llevarlas a depender de Él.

Y quizá una de las preguntas más profundas que todo ministro debe hacerse delante de Dios es:

Si la iglesia llegara a parecerse completamente a mí, ¿se parecería también a Jesucristo?

Esa pregunta debería llevarnos cada día a buscar más la presencia de Dios, más su Palabra y más el carácter de Cristo.

Porque al final, solamente existe un modelo perfecto:

Jesucristo.

El Buen Pastor.

"Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria."

1 Pedro 5:4


CONCLUSIÓN

La visión pastoral que Cristo espera de sus ministros

Después de analizar las diferentes formas en las que un pastor puede ejercer el ministerio, debemos regresar al punto principal de toda esta enseñanza:

La pregunta más importante no es qué tipo de pastor soy, sino si mi vida refleja al Pastor perfecto: Jesucristo.

Porque un ministerio puede tener muchas actividades.

Puede tener reconocimiento.

Puede tener crecimiento.

Puede tener influencia.

Pero si pierde el corazón de Cristo, pierde el propósito para el cual fue establecido.

El ministerio pastoral no fue creado para levantar nombres humanos.

Fue creado para glorificar el nombre de Jesús.


La iglesia necesita pastores conforme al corazón de Dios

Desde el Antiguo Testamento Dios mostró su deseo de levantar pastores que cuidaran correctamente a su pueblo.

El Señor reprendió a los pastores de Israel porque habían dejado de cuidar las ovejas y comenzaron a buscar sus propios intereses.

Dios dijo:

"¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos! ¿No apacientan los pastores a los rebaños?"

Ezequiel 34:2

El problema no era solamente que cometían errores.

El problema era que habían cambiado la prioridad.

En lugar de alimentar al pueblo, se alimentaban ellos mismos.

En lugar de proteger las ovejas, las descuidaban.

En lugar de servir, buscaban ser servidos.

Pero en medio de esa reprensión Dios revela su propio corazón:

"Porque así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo, yo mismo iré a buscar mis ovejas, y las reconoceré."

Ezequiel 34:11

Esta es una de las verdades más hermosas de las Escrituras:

Cuando los pastores humanos fallan, Dios sigue siendo el Pastor perfecto.


Cristo es el modelo que todo ministro debe seguir

Jesucristo no solamente enseñó acerca del pastorado.

Él vivió el verdadero pastorado.

Él buscó al perdido.

Restauró al herido.

Consoló al afligido.

Corrigió al que estaba equivocado.

Perdonó al arrepentido.

Entregó su vida por las ovejas.

Por eso Pedro escribió:

"Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas."

1 Pedro 2:25

Cristo no vino solamente a dar instrucciones.

Vino a mostrarnos el camino.

Todo ministro debe preguntarse:

¿Estoy guiando como Cristo guiaría?

¿Estoy amando como Cristo amaría?

¿Estoy sirviendo como Cristo serviría?


El verdadero éxito pastoral no se mide con los ojos humanos

Vivimos en una época donde muchas veces se mide el éxito ministerial por números:

Cantidad de miembros.

Tamaño del edificio.

Cantidad de eventos.

Alcance en redes sociales.

Reconocimiento público.

Pero Dios mira algo más profundo.

Dios mira fidelidad.

Jesús dijo:

"El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel..."

Lucas 16:10

Un pastor fiel delante de Dios puede estar sirviendo en una congregación pequeña y ser profundamente aprobado por el Señor.

Mientras que alguien con mucha fama puede estar lejos del corazón de Dios.

La pregunta del cielo no será:

¿Cuántas personas reuniste?

La pregunta será:

¿Fuiste fiel con las almas que puse bajo tu cuidado?


El pastor debe formar discípulos, no seguidores

Una de las mayores evidencias de una visión correcta es que el ministerio lleva a las personas hacia Cristo.

El pastor no debe crear dependencia personal.

Debe enseñar a cada creyente a caminar con Dios.

Jesús dijo:

"Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones..."

Mateo 28:19

Cristo no mandó hacer admiradores.

Mandó hacer discípulos.

Un admirador sigue a una persona.

Un discípulo sigue a Cristo.

Un admirador depende de un líder.

Un discípulo aprende a depender del Señor.


El pastor debe cuidar su propia vida espiritual

Una de las advertencias más importantes para todo ministro está en comprender que no puede cuidar correctamente a otros si descuida su propia relación con Dios.

Pablo le dijo a Timoteo:

"Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello..."

1 Timoteo 4:16

Notemos el orden:

Primero:

"Ten cuidado de ti mismo."

Después:

"Y de la doctrina."

El pastor necesita cuidar su corazón.

Su carácter.

Su familia.

Su comunión con Dios.

Porque nadie puede guiar a otros hacia un lugar donde él mismo no está caminando.


El pastor debe recordar que un día dará cuentas

El ministerio pastoral es un privilegio, pero también una responsabilidad.

Las almas no pertenecen al pastor.

Pertenecen a Cristo.

Pero Cristo ha confiado temporalmente esas almas al cuidado de sus ministros.

Por eso Hebreos dice:

"Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta..."

Hebreos 13:17

Un día cada ministro estará delante del Señor.

Ese día no importará la posición que tuvo.

No importará cuántas personas lo conocieron.

No importará cuánto reconocimiento recibió.

Importará si fue fiel.


Una invitación al corazón del ministro

Después de estudiar todos estos tipos de pastores, la pregunta final debe ser personal.

No debemos mirar solamente hacia otros.

Debemos examinarnos delante de Dios.

Porque todos podemos caer en algún error.

Un pastor puede comenzar sirviendo con amor y terminar buscando reconocimiento.

Puede comenzar dependiendo de Dios y terminar dependiendo de sus métodos.

Puede comenzar cuidando ovejas y terminar construyendo su propio reino.

Por eso necesitamos volver constantemente a Cristo.

Necesitamos volver a la cruz.

Necesitamos volver a la Palabra.

Necesitamos volver al corazón del Buen Pastor.


La oración de todo verdadero ministro

El corazón de un pastor conforme a Dios debería decir:

"Señor, que nunca use las ovejas para construir mi nombre.

Que nunca busque ser servido antes que servir.

Que nunca ame más los resultados que las personas.

Que nunca permita que el orgullo ocupe el lugar de la humildad.

Que nunca deje de enseñar tu Palabra.

Que nunca olvide que la iglesia es tuya y no mía.

Hazme un instrumento para llevar personas a Cristo."


Reflexión final

La iglesia no necesita simplemente pastores con talento.

Necesita pastores con carácter.

No necesita solamente predicadores capaces.

Necesita hombres y mujeres quebrantados delante de Dios.

No necesita líderes que busquen seguidores.

Necesita siervos que formen discípulos.

Porque al final de todo, solamente existe un modelo perfecto:

Jesucristo, el Buen Pastor.

Él es la visión.

Él es el ejemplo.

Él es la meta.

Y todo ministerio que verdaderamente nace de Dios tendrá una sola dirección:

Que Cristo sea exaltado, que su iglesia sea edificada y que las personas lleguen a ser semejantes a Él.

Como escribió Pablo:

"A quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre."

Colosenses 1:28

Ese es el verdadero propósito de la visión pastoral:

No construir un nombre propio, sino preparar una iglesia que pertenezca completamente a Cristo.


🎨 Colores:

📖 Biblia:

🖼 Subir imagen:

🔤 Fuente:

1000predicas.com


📖 Hola