Ofrendar SEÑOR, ¿DÓNDE MORAS?

SEÑOR, ¿DÓNDE MORAS?

CRISTHIAN BONIFAZ
Expositor
Pastor CRISTHIAN BONIFAZ
📅 2026-10-31 👁 34 vistas
SEÑOR, ¿DÓNDE MORAS?
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SEÑOR, ¿DÓNDE MORAS?

Texto base: Juan 1:35-39

«Y volviéndose Jesús, y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí (que traducido es, Maestro), ¿dónde moras? Les dijo: Venid y ved. Fueron, y vieron dónde moraba, y se quedaron con él aquel día».

INTRODUCCIÓN: UNA PREGUNTA QUE REVELA UNA INTENCIÓN

Hay preguntas que parecen extrañas cuando se las hacemos a alguien que acabamos de conocer.

Imagina que ves por primera vez a una persona y, en lugar de preguntarle su nombre, su procedencia o a qué se dedica, le preguntas: «¿Dónde moras?».

¿Por qué estos hombres le hicieron semejante pregunta a Jesús?

Para entenderlo debemos mirar el contexto. Juan el Bautista había señalado a Jesús como el Cordero de Dios. Dos de sus discípulos, al escuchar esto, comenzaron a seguirle.

Jesús se volvió y les preguntó: «¿Qué buscáis?».

Y ellos respondieron: «Rabí, ¿dónde moras?».

No parece que estuvieran interesados simplemente en conocer una dirección. Habían reconocido en Jesús a un Maestro y querían acercarse a Él.

Hay un detalle cultural importante: en el mundo judío de aquel tiempo, ser discípulo de un maestro implicaba mucho más que escuchar sus enseñanzas ocasionalmente. El discípulo acompañaba a su maestro, aprendía de sus palabras, observaba su conducta y compartía tiempo con él. La enseñanza también se transmitía mediante la convivencia.

Por eso, preguntar dónde moraba Jesús podía expresar el deseo de conocerlo más de cerca y permanecer con Él.

Y Jesús no les respondió con una dirección. Les dijo: «Venid y ved».

El versículo 39 nos dice que fueron, vieron dónde moraba y se quedaron con Él aquel día.

No solamente querían conocer al Maestro; querían acercarse a su vida.

Y aquí comienza nuestra reflexión: ¿Qué significa encontrar nuestra morada en Cristo?

1. SABER DÓNDE MORA TU MAESTRO CAMBIA TU VIDA

Cuando sabes dónde encontrar a tu maestro, sabes a dónde acudir en los diferentes momentos de tu vida.

A. Tienes un lugar de enseñanza cuando necesitas aprender.

Un discípulo necesita un maestro. Necesita dirección, corrección y conocimiento.

Cuando no sabes qué hacer, sabes a dónde acudir. Cuando necesitas entender, sabes dónde buscar. Cuando te equivocas, tienes a quién escuchar.

Cristo no solamente nos muestra qué debemos hacer; también transforma nuestra manera de pensar y vivir.

Por eso, permanecer en Cristo significa mantenernos bajo su enseñanza.

B. Tienes un lugar de refugio cuando te faltan las fuerzas.

No todos los días tenemos la misma fortaleza. Hay momentos en los que necesitamos dirección, pero también hay momentos en los que necesitamos descanso.

Hay momentos en los que no necesitamos demostrar nuestra fortaleza delante de los demás, sino reconocer nuestra debilidad delante de Dios.

Jesús dijo:

«Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar». ( Mateo 11:28 ).

¡Qué maravilloso es saber que tenemos dónde acudir!

Cristo es nuestro refugio cuando las circunstancias nos sobrepasan, cuando las fuerzas se terminan y cuando necesitamos volver a levantarnos.

C. Tienes un lugar donde no tienes que caminar perdido.

Jesús dijo:

«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida». ( Juan 14:6 ).

Quien permanece en Cristo no tiene que construir su camino a tientas, ni buscar dirección en cualquier lugar.

Esto no significa que nunca tendremos dificultades o que siempre conoceremos lo que viene mañana. Significa que tenemos a quién seguir, aun cuando no sepamos qué hay delante de nosotros.

El que conoce su morada sabe a dónde regresar cuando pierde la dirección.

2. CRISTO NO QUIERE SER UNA VISITA OCASIONAL, QUIERE MORAR EN NOSOTROS

Hay una diferencia entre visitar una casa y pertenecer a ella.

Hay personas que se acercan a Cristo por una necesidad, por una circunstancia o por una temporada de su vida. Pero cuando las circunstancias cambian, también cambia su relación con Él.

Sin embargo, la vida cristiana no consiste en visitar a Cristo cuando tenemos problemas, sino en permanecer en Él.

Jesús dijo en Juan 15:4 :

«Permaneced en mí, y yo en vosotros».

Y Pablo expresa una verdad extraordinaria en Colosenses 3:3 :

«Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios».

Cristo no debe ser solamente una parte de nuestra vida. Él debe ser nuestra vida misma.

Por eso, más que buscar personas que solamente pasen por la experiencia de seguir a Jesús, necesitamos discípulos que estén dispuestos a permanecer en Él.

Muchos comienzan caminando, pero no todos permanecen. Muchos llegan, pero no todos echan raíces. Muchos escuchan, pero no todos se quedan.

Y esto tiene una aplicación muy importante para quienes sirven en la obra del Señor.

Quienes han sido llamados a asumir responsabilidades ministeriales deben comprender que el ministerio no se sostiene solamente con personas que llegan, sino también con personas que permanecen.

Hay quienes pasan por diferentes etapas, responsabilidades y experiencias dentro de la iglesia. Pero quienes han comprendido su llamado no viven dependiendo de las circunstancias del momento.

No permanecen porque todo sea fácil, porque nunca existan problemas o porque siempre estén de acuerdo con todos. Permanecen porque han comprendido que su vida está en Cristo y que hay una obra en la que Dios los ha llamado a servir.

No podemos vivir sin Cristo, porque Él no es simplemente parte de nuestra vida: Él es nuestra vida.

3. LA IGLESIA ES UNA CASA PARA EL CRISTIANO, Y EL MINISTERIO ES UNA CASA PARA LA IGLESIA

Aquí encontramos una segunda dimensión de esta enseñanza.

Dios no nos llamó a vivir una fe aislada. Nos incorporó a un cuerpo, nos hizo parte de una familia y nos dio una responsabilidad dentro de su obra.

Efesios 2:19 dice:

«Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios».

La iglesia debe ser una casa espiritual para el creyente: un lugar donde aprende, crece, es cuidado, sirve y encuentra una familia de fe.

Pero también debemos comprender algo: dentro de la iglesia existen ministerios, responsabilidades y llamados específicos.

Y cada ministerio necesita personas que comprendan que no están simplemente ocupando un espacio, sino formando parte de una obra.

A. No basta con estar en la iglesia, debemos comprender a qué casa pertenecemos.

Podemos asistir a una congregación y, sin embargo, vivir desconectados de lo que Dios está haciendo en ella.

Podemos estar presentes en las reuniones, pero ausentes de la visión.

Podemos formar parte de un ministerio, pero vivir como si no perteneciéramos a él.

Por eso es importante tener una visión como iglesia y también una visión como ministerio.

La visión de la iglesia nos permite comprender hacia dónde caminamos como cuerpo de Cristo. La visión del ministerio nos ayuda a entender cuál es nuestra responsabilidad y cómo contribuimos a alcanzar ese propósito.

No se trata de tener proyectos independientes, sino de comprender cómo cada ministerio contribuye a la misión que Dios ha encomendado a su iglesia.

B. No fuimos llamados a caminar solos.

Eclesiastés 4:9-10 dice:

«Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante».

Hay una realidad que debemos reconocer: necesitamos caminar juntos.

El ministerio no es una competencia entre personas, ni un espacio para demostrar quién puede hacer más cosas. Es un lugar donde aprendemos a servir, apoyarnos, corregirnos y fortalecernos mutuamente.

Hay días en los que tú tendrás fuerzas para levantar a otro, y habrá días en los que necesitarás que alguien te levante.

Por eso, no podemos vivir desconectados de nuestros hermanos.

La visión es demasiado importante para caminarla solos, y la obra es demasiado grande para sostenerla individualmente.

4. JESÚS NOS ENSEÑÓ A CAMINAR ACOMPAÑADOS

Observemos algo interesante en el ministerio de Jesús.

En Lucas 10:1 encontramos que el Señor envió a los setenta de dos en dos, delante de Él, a toda ciudad y lugar adonde Él había de ir.

Jesús no solamente les dio una misión; también estableció una manera de caminarla: juntos.

Esto nos enseña que la obra del Señor no debe convertirse en un proyecto de personas aisladas.

También encontramos en Marcos 14:13 una instrucción particular de Jesús:

«Id a la ciudad, y os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle».

En este pasaje Jesús estaba dando instrucciones a dos discípulos para preparar la Pascua.

Aunque se trata de una situación diferente, hay un principio interesante: los discípulos debían caminar siguiendo una dirección que Jesús les había dado.

No estaban actuando por iniciativa individual, sino siguiendo las indicaciones de su Maestro.

Esto nos lleva a una reflexión ministerial:

No basta con tener disposición para trabajar; necesitamos caminar en la dirección que el Señor ha establecido.

No basta con hacer muchas cosas; necesitamos saber hacia dónde vamos.

No basta con tener personas sirviendo; necesitamos personas que comprendan la visión, compartan la responsabilidad y permanezcan comprometidas con la obra.

CONCLUSIÓN: NO SE TRATA SOLAMENTE DE SABER DÓNDE MORA CRISTO, SINO DE PERMANECER CON ÉL

Volvamos a Juan 1:39 .

Jesús les dijo: «Venid y ved».

Ellos fueron, vieron dónde moraba y se quedaron con Él aquel día.

La historia comienza con una pregunta y termina con una permanencia.

Y esa es precisamente la invitación que tenemos delante de nosotros.

Primero, necesitamos encontrar nuestra morada en Cristo. Él es nuestro Maestro, nuestro refugio, nuestra dirección y nuestra vida.

Segundo, necesitamos comprender que Dios nos ha llamado a formar parte de una familia espiritual. No somos creyentes aislados; somos miembros del cuerpo de Cristo.

Tercero, necesitamos entender que el ministerio también requiere permanencia, compromiso y una visión compartida. No podemos caminar hacia una meta común viviendo como personas desconectadas unas de otras.

La pregunta que debemos hacernos hoy no es solamente: «Señor, ¿dónde moras?».

También debemos preguntarnos:

REFLEXIÓN

Una casa no se construye solamente con personas que entran; necesita personas dispuestas a permanecer, cuidar, servir y edificar.

Una iglesia no avanza solamente porque tenga asistentes; necesita discípulos que comprendan su identidad y su responsabilidad.

Un ministerio no alcanza su propósito solamente porque tenga actividades; necesita personas que caminen juntas hacia una misma visión.

Y todo comienza en el lugar correcto: permaneciendo en Cristo.

Porque antes de pedirle al Señor que nos use en su casa, debemos asegurarnos de que nosotros hemos encontrado nuestra morada en Él.

Cristo no es una estación en nuestro camino; Cristo es nuestra vida, nuestro hogar y el destino de nuestra fidelidad.


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🔤 Fuente:

1000predicas.com


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