Texto base: Lucas 22:7-23
Jesús reunió a sus discípulos para celebrar la Pascua.
Para Él era un momento muy importante: no solo era una comida, sino el cumplimiento de algo profundo y profético.
Pascua: celebración de la libertad de Israel de la esclavitud en Egipto (Éxodo 12).
Para los cristianos: celebración de nuestra libertad del pecado.
Jesús no vino a terminar con Roma, sino a liberarnos del pecado y la muerte.
Gracias a Jesús:
Somos limpios por su sangre.
Podemos decirle no al pecado.
Somos más que vencedores ( Romanos 8:37 ).
Durante la Pascua, toda la levadura debía ser eliminada de la casa.
Levadura simboliza pecado ( Gálatas 5:9 ):
"Un poco de levadura leuda toda la masa."
Así mismo, los cristianos debemos:
Limpiar nuestra vida, mente y corazón.
Eliminar la amargura, el resentimiento, la ira, el enojo y los malos deseos.
Pablo enseña en 1 Corintios 11:23-26 que debemos:
Ponernos a cuentas con Dios y los hermanos antes de participar de la Cena.
Jesús enseñó unidad y humildad en esa mesa.
Sin contiendas, sin orgullo, sin acepción de personas.
Judas estuvo en esa cena, pero el ambiente de santidad hizo que él mismo se apartara.
Cuando vivimos en santidad, los que no quieren andar en rectitud no se sienten cómodos.
Recordamos la muerte y la resurrección del Señor.
"Si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra fe" ( 1 Corintios 15:14 ).
La resurrección significa para nosotros:
Esperanza viva.
Paz verdadera.
Fuerza para obedecer su palabra.
Confianza firme de que Jesús vive y viene por nosotros.
La Cena del Señor no es solo un rito, es:
Una declaración de libertad.
Un compromiso de limpieza.
Una vivencia de comunión.
Una celebración de esperanza.
Participemos de ella con fe viva, con corazón limpio, y con verdadera comunión.
Amén.