Ofrendar Juan 3.19 - Somete tu carne

JUAN 3.19 - SOMETE TU CARNE

Autor: CRISTHIAN BONIFAZ | 2023-06-16 | 174 vistas
JUAN 3.19 - SOMETE TU CARNE

Somete tu Carne

Texto Bíblico: Juan 3:19


No éramos inocentes

La lucha más grande que enfrentamos es contra nuestra propia carne. Matar a Goliat no fue lo más difícil para David; lo más difícil fue vencer sus propias pasiones. Los demonios se sujetan en el nombre de Cristo, tiemblan ante Él, pero, ¿qué hay de nuestra carne, de nuestras pasiones, y de nuestros deseos más profundos? Esa batalla es difícil porque se trata de rendirse, de entregarse y vivir con sabiduría.

El problema es lo que nuestra carne ama y desea. Juan 3:19 nos dice: "El mundo amó más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas." La verdadera batalla está en dejar de amar lo malo, en dejar de abrazar las tinieblas. Es difícil dejar de amar lo que amamos, aunque nos hace daño, porque no éramos inocentes, sino culpables.

Bendito sea el Señor que envió a su Hijo para salvarnos, librarnos y darnos vida en Cristo Jesús. Si nos empeñamos en seguir Su ejemplo, aprenderemos a amar la luz, a amar lo bueno y rechazar lo malo. Cristo vino a destruir las obras del maligno, y dijo: "El enemigo nada tiene en Mí, y Yo nada tengo en él." ¡Aleluya!


No confíes en tu carne ( Jueces 16:20 )

La vida de Sansón es un claro ejemplo de lo que sucede cuando confiamos en nuestra carne, en nuestra fuerza y en nuestra sabiduría. Si Sansón hubiera confiado en el Señor, no habría estado buscando filisteas, pero pensó que siempre podría escapar de las trampas del enemigo. En Jueces 16:20 , dice: "Saldré como las otras veces y escaparé." Pero no sabía que el Señor ya se había apartado de él.

Este es el destino de quienes confían solo en su propia fuerza y sabiduría: un día despiertan y se dan cuenta de que el Señor ya no está con ellos. La confianza en nuestra carne siempre lleva al fracaso.


No encubras tu pecado ( Proverbios 28:13 )

En nuestra lucha contra el pecado, lo primero que necesitamos hacer es confesarlo y apartarnos de él. La vida transparente es vital para caminar en el evangelio de Cristo, sin esconder nada. El pecado siempre busca ocultarse, y cuando intentamos escondernos de Dios, nos atrapamos a nosotros mismos, amando las tinieblas.

Caín, Sansón, y David en su momento, intentaron ocultar su pecado. Pero Dios envió a los profetas para que confesaran su maldad y se apartaran, para que Él tuviera misericordia de ellos. El pecado nunca permanece oculto ante Dios, y lo que mata al cristiano es esconderse de Él.


Hallará misericordia ( 1 Pedro 4:18-19 )

Si el justo con dificultad se salva, ¿dónde quedará el impío y el pecador? Pero el que padece por causa del Señor, el Creador tendrá cuidado de sus almas.

El sufrimiento por causa del Señor nunca es en vano. Aunque el negar nuestros deseos pecaminosos y someter nuestra carne trae sufrimiento, este proceso de matar los deseos de la carne es necesario. Dejar de amar las tinieblas y abrazar la luz de Cristo es el camino a la verdadera paz.


Conclusión:

En nuestra lucha diaria, es fundamental reconocer que la batalla más difícil es la que libramos con nuestra propia carne. Nos llamamos a no confiar en nuestra fuerza, sino a someternos a la voluntad de Dios. No debemos esconder nuestros pecados, sino confesarlos, arrepentirnos y buscar la misericordia de Dios. Sólo a través de Su gracia podemos vencer y vivir una vida de santidad, rechazando las tinieblas y abrazando la luz que es Cristo.


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