La Grandeza de Nuestro Dios
Texto bíblico:
Isaías 66:1-2
66 Jehová dijo así: El cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies; ¿dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde el lugar de mi reposo? 2 mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra.
Introducción
Nuestro entendimiento limitado no alcanza a comprender la grandeza de nuestro Dios. Él es el Eterno, Creador de cielo y tierra, el Dios de Abraham, Isaac, y Jacob. A pesar de su inmensidad y poder, Dios se revela al hombre, tan pequeño e insignificante. El profeta Isaías lo describe con palabras inspiradas, y aunque nuestras mentes finitas solo logran captar una pequeña parte de esa grandeza, la bendita palabra de Dios nos permite acercarnos a Su majestad.
El Cielo es mi Trono
Isaías 66 nos presenta una poderosa imagen del trono de Dios. El cielo, ese vasto y aparentemente infinito espacio, es descrito como el trono de Dios. La palabra hebrea shamáyim se refiere a ese cielo elevado, el firmamento, el éter más alto donde giran los cuerpos celestes. Al mirar al cielo, es fácil pensar que el universo es tan grande que quizás Dios no sea tan grande. Sin embargo, debemos preguntarnos: ¿Cuántos cielos existen realmente?
En Deuteronomio 10:14 se menciona que “de Jehová tu Dios son los cielos, y los cielos de los cielos, la tierra, y todas las cosas que hay en ella.” Aquí se nos revela que hay tres cielos, y el tercer cielo es el trono de Dios. Dios habita en ese tercer cielo, y en Su magnificencia, no podemos construirle una casa que lo contenga. Cualquier intento de limitación, como la idolatría, es un insulto a Su grandeza. No podemos compararlo con nada hecho por el hombre.
El Alcance de Dios
En Isaías 66, Dios reprende a Su pueblo Israel por no haber entendido Su grandeza. A lo largo de las Escrituras, vemos cómo Dios se revela a la humanidad, mostrándonos el alcance infinito de Su poder. Jesús, en Mateo 10:28 , nos recuerda que no debemos temer a aquellos que pueden matar el cuerpo, sino a Dios, quien tiene control sobre nuestra alma y cuerpo. ¿Habrá algún lugar donde podamos escondernos de Él? ¿Alguien que nos pueda liberar de Su mano? ¿Algo que sea imposible para Él?
Salmos 139:7-12 expresa esta realidad con claridad: "¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia?" Nada escapa a Su poder. Jesús, como Dios hecho hombre, también demostró este poder cuando conoció los pensamientos de aquellos que lo rodeaban ( Mateo 9:3-4 ) o cuando dijo que ni un pajarillo caerá sin que Él lo permita ( Mateo 10:29 ). Si entendemos la magnitud de Su poder, debemos vivir con temor y reverencia ante Su presencia, honrando Su nombre y enseñando a las futuras generaciones a hacerlo también.
La Tierra es el Estrado de Mis Pies
Dios nos dice que la tierra es el estrado de Sus pies, un lugar de descanso y victoria. Los reyes solían poner a sus enemigos bajo sus pies como símbolo de dominio. De manera similar, en Salmos 110:1 , se nos habla de que todos los enemigos de Cristo serán puestos por estrado de Sus pies.
Si la tierra es el estrado de Sus pies, esto significa que Dios está cerca de nosotros. Nada escapa a Su vista. Sus ojos, como llama de fuego ( Apocalipsis 19:12 ), todo lo ven. Debemos esforzarnos por ser un olor fragante para Él ( Efesios 5:2 ), y nuestra adoración debe ser un acto constante de humillación y reverencia ante Su poder.
Este poder y esta grandeza nos llevan a postrarnos como María lo hizo, alabando y adorando a los pies de Jesús ( Juan 12:3 ). El perfume que María derramó sobre los pies de Jesús llenó la casa con un aroma dulce, una expresión de adoración y humildad. Nuestra vida, al igual que la de María, debe ser una ofrenda fragante a Dios.
Conclusión: La Misericordia de Dios
Dios extiende Su misericordia a los humildes de espíritu, aquellos que tiemblan ante Su palabra. Cuando nos humillamos ante Él, Él nos perdona, nos libera de nuestras cadenas, y nos da un destino de gloria en lugar de uno de muerte. A los pies de Cristo encontramos perdón y transformación. Al comprender la grandeza de Dios, debemos reconocer Su poder en nuestras vidas, vivir con temor reverente, y enseñar a las futuras generaciones a honrar a nuestro glorioso Dios.
¡Que el Señor nos conceda entender más profundamente Su grandeza y caminar siempre en humildad, adorando y honrando Su nombre!