EL SERVICIO EN LA IGLESIA
“El servicio no es posición, es adoración en acción”
Colosenses 3:23-24
“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís.”
INTRODUCCIÓN
Cuando hablamos de adoración, muchas veces pensamos inmediatamente en cantar, levantar las manos, tocar un instrumento o participar en un momento de alabanza.
Sin embargo, la Biblia presenta una visión mucho más amplia.
Adorar también es servir.
El servicio cristiano es una expresión visible de una vida que reconoce a Cristo como Señor.
Por eso, una persona puede estar cantando en la plataforma y tener una actitud incorrecta de servicio, mientras otra puede estar limpiando una silla, atendiendo a un niño, recibiendo a una persona en la puerta o ayudando silenciosamente a un hermano, y estar ofreciendo a Dios una verdadera expresión de adoración.
El problema aparece cuando confundimos servicio con posición.
Hay personas que quieren servir solamente cuando el servicio les proporciona reconocimiento. Quieren estar al frente, tener un micrófono, aparecer en una plataforma o recibir un título.
Pero Jesús enseñó algo completamente diferente:
“El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor… porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir…”
Cristo cambió completamente el concepto de grandeza.
En el Reino de Dios, la grandeza no se mide por cuántas personas te sirven, sino por cuánto estás dispuesto a servir.
I. ¿QUÉ SIGNIFICA SERVIR?
Servir significa poner nuestra vida, nuestros dones, nuestro tiempo, nuestras capacidades y nuestros recursos a disposición de Dios y de su obra.
El servicio cristiano no consiste simplemente en “hacer cosas” dentro de una iglesia.
Podemos estar muy ocupados y, sin embargo, no estar sirviendo verdaderamente a Dios.
La diferencia está en para quién lo hacemos y con qué corazón lo hacemos.
Pablo dice:
“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor…”
Observe la expresión:
“Como para el Señor.”
El verdadero servidor entiende que aunque esté ayudando a personas, su servicio finalmente está dirigido a Cristo.
Por eso:
- El músico sirve al Señor.
- El cantante sirve al Señor.
- El pastor sirve al Señor.
- El maestro sirve al Señor.
- El ujier sirve al Señor.
- El que limpia sirve al Señor.
- El que recibe a las personas sirve al Señor.
- El que ora por otros sirve al Señor.
- El que ayuda al necesitado sirve al Señor.
No existe un servicio insignificante cuando se hace para Cristo.
II. SERVIR NO ES TENER UNA POSICIÓN
Uno de los errores más peligrosos dentro de la iglesia es confundir posición con servicio.
Alguien puede tener una posición y no tener corazón de servidor.
Puede tener un título, pero no tener humildad.
Puede estar en una plataforma, pero no estar sirviendo verdaderamente.
Jesús enseñó:
“El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo.”
En el mundo, muchas veces la grandeza significa:
“Quiero que otros me sirvan.”
En Cristo significa:
“Quiero servir a otros.”
Esta diferencia es fundamental para comprender el ministerio cristiano.
El ministerio no existe para alimentar nuestro ego.
El ministerio existe para edificar el cuerpo de Cristo.
III. JESÚS ES NUESTRO MODELO DE SERVICIO
Si queremos saber cómo debe servir un cristiano, debemos mirar a Jesús.
Jesús no solamente habló sobre el servicio.
Jesús sirvió.
Uno de los momentos más poderosos aparece en Juan 13.
Jesús sabía quién era.
Y después tomó una toalla, puso agua en una vasija y comenzó a lavar los pies de sus discípulos.
Esto es impresionante.
El Señor del universo tomó la posición de un siervo.
El Rey se inclinó.
El Maestro sirvió.
El que merecía ser servido, decidió servir.
Y después dijo:
“Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado…”
Jesús no estaba simplemente enseñando un ritual.
Estaba enseñando un principio de vida.
El verdadero liderazgo cristiano se expresa mediante servicio.
IV. EL SERVICIO NACE DE LA HUMILDAD
No puede existir verdadero servicio sin humildad.
El orgullo pregunta:
“¿Por qué tengo que hacerlo yo?”
La humildad pregunta:
“¿En qué puedo ayudar?”
El orgullo dice:
“Eso no me corresponde.”
La humildad dice:
“Si puedo hacerlo para edificación, lo haré.”
El orgullo busca reconocimiento.
La humildad busca agradar a Dios.
Pablo escribió:
“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.”
Esto tiene una aplicación directa para los ministerios de la iglesia.
Un adorador orgulloso puede pensar:
“Yo soy el cantante.”
Pero un adorador humilde piensa:
“Dios me dio una voz para servir a su pueblo.”
Un músico orgulloso piensa:
“Sin mí no pueden hacer el culto.”
Pero un músico humilde piensa:
“Dios puede usarme, pero la iglesia pertenece a Cristo.”
V. EL SERVICIO NO DEPENDE DEL RECONOCIMIENTO
Una de las pruebas más grandes del corazón de un servidor es descubrir qué sucede cuando nadie lo reconoce.
Es fácil servir cuando:
- te ven,
- te felicitan,
- te agradecen,
- te ponen en la plataforma,
- mencionan tu nombre,
- reconocen tu talento.
Pero ¿qué ocurre cuando nadie te ve?
Ahí se revela el corazón.
Jesús dijo:
“No sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará…”
Dios ve lo que otros no ven.
Quizá nadie vio que llegaste temprano.
Quizá nadie vio que limpiaste.
Quizá nadie vio que ayudaste.
Quizá nadie supo que oraste.
Quizá nadie te agradeció.
Pero Dios lo vio.
El verdadero servidor no necesita vivir de aplausos porque sabe que existe una recompensa superior:
la aprobación de Dios.
VI. CADA CREYENTE TIENE ALGO QUE SERVIR
El servicio no está limitado a los pastores o líderes.
La iglesia es un cuerpo y cada miembro tiene una función.
“Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros…”
Y posteriormente Pablo explica que cada miembro tiene una función diferente.
No todos hacen lo mismo.
Pero todos son importantes.
“Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso.”
Esto significa que no debemos compararnos.
Quizá Dios no te llamó a cantar.
Pero puedes enseñar.
Quizá no puedes tocar un instrumento.
Pero puedes evangelizar.
Quizá no predicas.
Pero puedes interceder.
Quizá no tienes una posición visible.
Pero puedes servir de muchas maneras.
La pregunta no debería ser:
“¿Por qué no hago lo que hace él?”
La pregunta debería ser:
“¿Qué me ha entregado Dios para ponerlo al servicio de su Reino?”
VII. LOS DONES SON PARA SERVIR, NO PARA EXHIBIRNOS
Dios entrega dones y capacidades a sus hijos.
Pero esos dones tienen un propósito.
“Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.”
Observe la palabra:
“minístrelo a los otros.”
El don que Dios te dio no fue diseñado principalmente para tu propia exaltación.
Fue dado para bendecir a otros.
Si Dios te dio capacidad musical, úsala para edificar.
Si te dio capacidad para enseñar, enseña.
Si te dio capacidad para organizar, organiza.
Si te dio recursos, ayuda.
Si te dio facilidad para recibir personas, úsala para integrar.
Si te dio capacidad para animar, anima.
El don se convierte en ministerio cuando es colocado al servicio de Dios y de los demás.
VIII. SERVIR NO SIGNIFICA HACER TODO
También debemos entender algo importante:
Ser servidor no significa decir sí a absolutamente todo.
El servicio cristiano debe estar acompañado de orden, sabiduría y responsabilidad.
Jesús mismo tuvo momentos en los que se apartó para orar.
“Mas él se apartaba a lugares desiertos, y oraba.”
No podemos confundir servicio con activismo.
Una persona puede estar haciendo muchas cosas para Dios y al mismo tiempo estar espiritualmente vacía.
Por eso necesitamos equilibrio:
servir sin descuidar nuestra comunión con Dios.
Porque primero somos discípulos y después servidores.
Primero está nuestra relación con Cristo.
Después fluye nuestro ministerio.
IX. EL PELIGRO DE SERVIR PARA SER VISTO
Jesús confrontó varias veces a personas que hacían cosas religiosas buscando reconocimiento.
“Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos…”
Este principio también puede entrar en la música.
Podemos cantar para Dios o cantar para que nos admiren.
Podemos tocar para Dios o tocar para demostrar nuestra habilidad.
Podemos predicar para edificar o predicar para recibir aplausos.
Podemos servir para Cristo o utilizar el servicio para construir nuestra propia imagen.
Por eso debemos preguntarnos:
¿Por qué estoy sirviendo?
No solamente:
¿Qué estoy haciendo?
El corazón importa.
X. EL SERVICIO REQUIERE FIDELIDAD
Hay personas que comienzan con mucho entusiasmo pero abandonan rápidamente.
El verdadero servidor aprende a ser constante.
“Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel.”
Dios no solamente busca personas talentosas.
Busca personas fieles.
Una persona con mucho talento pero poca fidelidad puede convertirse en un problema para el ministerio.
Mientras que una persona con un talento aparentemente pequeño, pero con un corazón fiel, puede convertirse en una gran bendición.
Por eso:
Talento sin carácter es peligroso.
Dones sin disciplina son insuficientes.
Capacidad sin fidelidad no produce un ministerio saludable.
XI. EL SERVICIO DEBE ESTAR SOMETIDO A LA DOCTRINA
Aquí conectamos directamente con el nombre del seminario:
ALABANZA – MÚSICA – DOCTRINA
No podemos separar servicio de doctrina.
La iglesia no debe servir simplemente basándose en emociones, tendencias o costumbres.
Todo ministerio debe estar sometido a la Palabra de Dios.
Pablo dice:
Habla de diferentes dones y de cómo deben ejercerse correctamente.
Y en el mismo capítulo encontramos un principio fundamental:
“Presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.”
Nuestra vida entera se convierte en culto.
Por eso la adoración no termina cuando termina una canción.
La adoración continúa cuando termina el culto.
La adoración continúa:
- en nuestra casa,
- en nuestro trabajo,
- en nuestra familia,
- en nuestra manera de hablar,
- en nuestra manera de tratar a otros,
- en nuestra obediencia,
- en nuestro servicio.
XII. EL SERVICIO COMIENZA FUERA DE LA PLATAFORMA
Una iglesia puede equivocarse cuando considera que solamente quienes están en la plataforma están ministrando.
Pero la Biblia presenta una iglesia donde todos participan.
Hay ministerio en:
- la enseñanza,
- la evangelización,
- la oración,
- la misericordia,
- la administración,
- la ayuda,
- la hospitalidad,
- el discipulado,
- la música,
- la atención a los necesitados.
Pablo presenta diferentes formas de servicio y termina exhortando:
“En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor.”
Notemos nuevamente:
“sirviendo al Señor.”
No dice simplemente sirviendo a la organización.
No dice sirviendo al pastor.
No dice sirviendo al reconocimiento humano.
Sirviendo al Señor.
XIII. EL SERVICIO DEBE EDIFICAR A LA IGLESIA
Una pregunta importante que todo servidor debe hacerse es:
¿Mi servicio está edificando o está llamando la atención hacia mí?
Pablo establece un principio:
“Hágase todo para edificación.”
Este principio es especialmente importante en el ministerio de música.
No todo lo que impresiona necesariamente edifica.
No todo lo que emociona necesariamente transforma.
No todo lo que es técnicamente excelente necesariamente comunica verdad.
La excelencia es buena.
La preparación es buena.
La buena música es buena.
Pero todo debe estar subordinado a un propósito mayor:
edificar al cuerpo de Cristo y glorificar a Dios.
XIV. EL SERVICIO PUEDE COSTARNOS
Servir no siempre será cómodo.
A veces servir significa:
- llegar temprano,
- quedarse hasta el final,
- sacrificar tiempo,
- ayudar cuando estamos cansados,
- perdonar,
- trabajar sin reconocimiento,
- corregir errores,
- comenzar nuevamente,
- soportar dificultades.
Jesús mismo dijo:
“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.”
El verdadero servicio implica negación propia.
No siempre podremos hacer solamente lo que queremos.
A veces tendremos que hacer lo que es necesario para cumplir la voluntad de Dios.
XV. EL SERVICIO NO DEBE PRODUCIR COMPETENCIA
En algunos ministerios puede aparecer una competencia peligrosa:
“¿Quién canta mejor?”
“¿Quién toca mejor?”
“¿Quién predica mejor?”
“¿Quién tiene más seguidores?”
“¿Quién tiene más oportunidades?”
Pero el Reino de Dios no funciona como una competencia de talentos.
Pablo pregunta:
“¿Qué tienes que no hayas recibido?”
Todo lo que tenemos viene de Dios.
La voz viene de Dios.
La capacidad viene de Dios.
La inteligencia viene de Dios.
La oportunidad viene de Dios.
El ministerio viene de Dios.
Por eso no hay espacio para presumir.
XVI. SERVIR AUN CUANDO NO ESTEMOS EN LA PLATAFORMA
Este es un principio especialmente importante para los músicos.
Debemos aprender a servir aunque no estemos cantando.
Si hoy no te toca cantar:
sigue siendo adorador.
Si hoy no te toca tocar:
sigue siendo servidor.
Si otro ocupa tu lugar:
sigue honrando a Dios.
El verdadero servidor no dice:
“Si no estoy adelante, no sirvo.”
El verdadero servidor dice:
“Donde pueda ser útil para Cristo, allí serviré.”
XVII. EL SERVICIO REVELA EL CORAZÓN DEL ADORADOR
Aquí llegamos al punto central de este tema.
Podemos cantar:
“Te entrego todo…”
Pero el servicio demuestra si realmente estamos dispuestos a entregar algo.
Podemos cantar:
“Aquí estoy…”
Pero el servicio demuestra si realmente estamos disponibles.
Podemos levantar nuestras manos durante una canción.
Pero nuestra vida demuestra si realmente estamos rendidos.
Por eso:
La adoración que cantamos debe convertirse en la vida que vivimos.
No tiene sentido cantar que Cristo es nuestro Señor y después negarnos a servirle.
No tiene sentido cantar sobre humildad y vivir buscando reconocimiento.
No tiene sentido cantar sobre amor y tratar mal a los hermanos.
No tiene sentido cantar sobre entrega y no estar dispuestos a colaborar en nada.
La verdadera adoración produce una vida servicial.
XVIII. EL SERVICIO COMO SACRIFICIO
Pablo presenta nuestra vida como un sacrificio.
Esto significa que nuestra adoración no consiste solamente en lo que decimos con nuestros labios.
Incluye lo que hacemos con nuestra vida.
Nuestro tiempo puede ser una ofrenda.
Nuestro trabajo puede ser una ofrenda.
Nuestros dones pueden ser una ofrenda.
Nuestra disposición puede ser una ofrenda.
Nuestro servicio puede ser una ofrenda.
Y cuando hacemos todo esto para Cristo, nuestra vida entera se convierte en una expresión de adoración.
XIX. ¿CÓMO DEBE SER UN SERVIDOR DE CRISTO?
Podemos resumir las características del servidor bíblico:
1. HUMILDE
No busca exaltarse.
2. FIEL
Permanece firme.
3. DISPUESTO
Está disponible para hacer la voluntad de Dios.
4. OBEDIENTE
No solamente escucha; practica.
5. RESPONSABLE
Cuida lo que Dios le ha confiado.
6. DESINTERESADO
No sirve solamente por beneficio personal.
7. AMOROSO
Sirve procurando el bienestar de otros.
8. CONSTANTE
No abandona fácilmente.
XX. APLICACIÓN PARA EL MINISTERIO DE ALABANZA
El equipo de alabanza debe entender que antes de ser músicos somos discípulos de Cristo.
Antes de aprender una canción debemos aprender obediencia.
Antes de perfeccionar una técnica debemos trabajar nuestro carácter.
Antes de buscar excelencia musical debemos buscar santidad.
Antes de querer estar en la plataforma debemos aprender a servir fuera de ella.
El equipo de alabanza no debe convertirse en un grupo de artistas cristianos.
Debe ser un grupo de servidores que utilizan la música para glorificar a Cristo y edificar a la iglesia.
La pregunta no debe ser:
“¿Qué puedo hacer para que me vean?”
Sino:
“¿Qué puedo hacer para que Cristo sea visto?”
XXI. CINCO PREGUNTAS QUE TODO SERVIDOR DEBERÍA HACERSE
1. ¿Para quién estoy sirviendo?
¿Para Dios o para recibir aprobación humana?
2. ¿Qué sucede conmigo cuando nadie me reconoce?
¿Continúo sirviendo con alegría?
3. ¿Estoy dispuesto a hacer cosas que nadie ve?
¿O solamente quiero participar donde pueda ser observado?
4. ¿Mi servicio está edificando a otros?
¿O mi servicio está alimentando mi ego?
5. ¿Estoy sirviendo desde mi relación con Cristo?
Porque el servicio sin comunión termina convirtiéndose en activismo.
XXII. EL MAYOR EJEMPLO: JESUCRISTO
Finalmente debemos regresar a Jesús.
Él es nuestro modelo.
Jesús:
- sirvió,
- enseñó,
- sanó,
- alimentó,
- consoló,
- lavó pies,
- entregó su tiempo,
- soportó oposición,
- y finalmente entregó su propia vida.
“Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.”
Aquí encontramos la expresión máxima del servicio:
dar la vida.
Cristo no solamente nos enseñó a servir.
Cristo nos sirvió hasta la muerte.
Por eso nuestra respuesta no puede ser solamente cantar.
Nuestra respuesta debe ser:
“Señor, aquí está mi vida. Úsala para tu gloria.”
CONCLUSIÓN
El servicio cristiano no es una posición.
Es una actitud del corazón.
No es una plataforma.
Es una vida rendida.
No es una búsqueda de reconocimiento.
Es una búsqueda de la gloria de Dios.
No consiste en que otros sepan lo que hacemos.
Consiste en que Dios conozca nuestro corazón.
Jesús dijo:
“Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.”
Qué hermoso principio:
El que sirve a Cristo será honrado por el Padre.
Por eso, dentro de este seminario debemos comprender que la verdadera adoración no termina cuando termina la música.
Cuando termina la canción comienza la vida.
Cuando termina la plataforma comienza el servicio.
Cuando termina el culto comienza nuestro testimonio.
Y cuando nadie nos está mirando, seguimos adorando.
FRASE CENTRAL DEL TEMA
“El verdadero adorador no pregunta qué posición ocupará; pregunta en qué lugar puede servir para que Cristo sea glorificado.”
TEXTO CLAVE
“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres…”
La pregunta final para la iglesia no es:
“¿Quién quiere estar al frente?”
Sino:
“¿Quién está dispuesto a servir?”
