Ofrendar UN DIOS A MI IMAGEN Y SEMEJANZA

UN DIOS A MI IMAGEN Y SEMEJANZA

JOEL LOZANO
Expositor
Hermano JOEL LOZANO
📅 2026-09-18 👁 5 vistas
UN DIOS A MI IMAGEN Y SEMEJANZA
PDF PRESENTACIÓN

UN DIOS A MI IMAGEN Y SEMEJANZA

Texto bíblico: Esdras 1:1

¡Cuán bondadoso es nuestro Dios!

El pasado de Israel en la cautividad representa, en cierta manera, nuestra propia historia. Nosotros también estuvimos lejos de Dios, pero fuimos alcanzados por el Cordero de Dios, quien nos sacó de la cautividad y nos llamó a ser casa de Dios.

En Esdras vemos cómo Dios mueve el corazón de Ciro, rey de Persia, un hombre que no pertenecía al pueblo de Israel, para que ordenara la reconstrucción de Jerusalén y del templo de Dios.

Esto nos enseña algo poderoso: Dios puede usar a quien menos esperamos para cumplir sus propósitos.

De la misma manera, Cristo vino a nuestras vidas para comenzar una obra en nosotros. Él quiere hacer de nosotros una morada para Su presencia y nos llama a edificar nuestra vida conforme a Su voluntad.

DIOS PUEDE USAR A QUIEN MENOS ESPERAMOS

En Esdras 4:15 vemos cómo los enemigos de Israel buscaron en los registros del reino para encontrar argumentos que detuvieran la obra.

Por causa de esto, la reconstrucción del templo fue detenida durante un tiempo.

Sin embargo, aquellos mismos registros terminaron dando testimonio de que la obra que se estaba realizando había sido ordenada por el rey Ciro.

Más adelante, el rey Darío ordenó que se continuara la reconstrucción y estableció consecuencias para quienes intentaran impedirla.

Finalmente, el templo fue terminado.

El pueblo se alegró, volvió a ofrecer sacrificios a Dios y celebró porque había sido restaurado después de haber vivido en cautividad.

Pero aquí comienza una parte importante de esta historia.

DESPUÉS DE LA LIBERACIÓN PUEDE VENIR LA DESOBEDIENCIA

Después de haber sufrido la cautividad, después de haber experimentado la restauración y después de haber visto nuevamente el templo levantado, el pueblo volvió a caer en desobediencia.

En Esdras 9:3 encontramos que algunos habían tomado mujeres de pueblos que Dios les había mandado evitar, y habían comenzado a formar familias con ellas.

Entonces surge una pregunta:

¿Cómo es posible que un pueblo que había sufrido tanto en la cautividad volviera a caer en aquello que podía apartarlo nuevamente de Dios?

Y aquí encontramos una enseñanza para nuestra vida cristiana:

Haber sido liberados de algo no significa que debemos dejar de velar.

Dios puede sacarte de la cautividad, pero tú también debes cuidar aquello que Él está edificando en tu vida.

Puedes haber recibido una oportunidad nueva, puedes haber experimentado restauración, puedes haber visto la mano de Dios obrar en tu vida y, aun así, volver a abrir la puerta a aquello de lo que Dios ya te había sacado.

Por eso no debemos vivir confiados en lo que Dios hizo ayer.

Debemos seguir caminando en obediencia hoy.

LA IMPORTANCIA DE LOS MINISTROS DE DIOS

Qué importante es tener ministros de Dios que nos enseñen, nos corrijan y nos hagan volver a la Palabra.

Esdras se presentó delante de Dios con dolor porque comprendía la gravedad de lo que estaba sucediendo.

Él sabía que el mismo Dios que los había liberado de la cautividad también podía disciplinarlos si continuaban caminando en desobediencia.

Y aquí volvemos a ver el amor del Padre.

La corrección de Dios no tiene como propósito destruirnos.

Dios corrige porque quiere restaurarnos.

Dios les mostró lo que debían hacer para apartarse de aquello que estaba mal y volver a caminar conforme a Su voluntad.

Pero entonces ocurrió algo que también puede suceder en nuestra vida.

El pueblo comenzó a discutir sobre el asunto.

En lugar de simplemente obedecer, comenzaron a buscar dificultades, argumentos y obstáculos.

Y muchas veces nosotros hacemos lo mismo.

Dios nos muestra algo que debemos sacar de nuestra vida, pero en lugar de obedecer comenzamos a justificarlo.

“Pero no es tan malo.”

“Yo puedo controlarlo.”

“Todos lo hacen.”

“Dios sabe por qué lo hago.”

“Después lo voy a dejar.”

Y mientras buscamos argumentos para conservarlo, aquello que Dios nos pidió que soltáramos continúa ocupando un lugar en nuestra vida.

¿QUÉ ESTAMOS RETENIENDO EN NUESTRA VIDA?

Aquí debemos detenernos y examinarnos delante de Cristo.

Porque nosotros también podemos tener cosas que están ocupando un lugar que solamente le corresponde a Dios.

Podemos saber que algo debe salir de nuestra vida y, aun así, mantenerlo allí.

¿Por qué?

Por sentimientos.

Por apego.

Por costumbre.

Por miedo.

Por lo que hemos invertido.

Porque no queremos perder aquello que nos ha costado tanto.

Y algunas veces llegamos incluso a defender aquello que Dios ya nos mostró que debemos entregar.

Pero debemos hacernos una pregunta:

¿Cómo esperamos que Dios nos libre de aquello que nos mantiene cautivos si nosotros mismos no queremos soltarlo?

A veces queremos ser libres de las consecuencias, pero no queremos abandonar aquello que las produce.

Queremos que Dios cambie nuestra situación, pero no queremos cambiar aquello que nos mantiene en ella.

Queremos avanzar, pero seguimos aferrados a lo mismo que nos hace retroceder.

Queremos libertad, pero seguimos abrazando aquello que nos esclaviza.

NO VOLVAMOS AL MISMO LUGAR

Como cristianos, no podemos vivir dando vueltas constantemente en el mismo lugar.

Dios no nos llamó para caminar en círculos.

Nos llamó para avanzar.

Israel había conocido la cautividad.

Había conocido la restauración.

Había visto nuevamente el templo levantado.

Había experimentado la misericordia de Dios.

Y, aun así, volvieron a abrir puertas que podían alejarlos nuevamente de Él.

Por eso debemos aprender de su historia.

No esperemos volver a perderlo todo para valorar aquello que Dios ya nos permitió recuperar.

No esperemos estar nuevamente en cautividad para decidir obedecer.

Cada vez que nos alejamos de Dios y seguimos nuestros propios deseos, podemos terminar enfrentando consecuencias.

Y hay algo que nunca debemos olvidar:

El tiempo no vuelve.

Los días que hemos vivido no regresan.

Las oportunidades que dejamos pasar no siempre vuelven de la misma manera.

La Palabra de Dios dice:

“El hombre, como la hierba son sus días; florece como la flor del campo”
Salmo 103:15, Reina-Valera 1960.

Nuestros días son pasajeros.

Por eso no podemos seguir posponiendo aquello que Dios nos está pidiendo hoy.

¿QUÉ TE ESTÁ PIDIENDO DIOS QUE SUELTES?

Hoy necesitamos detenernos delante de Cristo.

No delante de los demás.

No para mirar la vida de otra persona.

Sino para mirar nuestro propio corazón.

Pregúntate delante de Dios:

¿Qué hay en mi vida que todavía no le he entregado?

¿Qué me ha estado pidiendo Dios que suelte y yo me he negado a hacerlo?

¿Qué estoy reteniendo que me mantiene dando vueltas en la misma situación?

¿Qué está ocupando un lugar que solamente le corresponde a Dios?

Tal vez Dios ya te habló.

Tal vez ya te mostró lo que debes sacar.

Tal vez ya sabes qué es aquello que está afectando tu comunión con Él.

Entonces no sigas justificándolo.

No sigas defendiéndolo.

No sigas buscando razones para quedarte abrazado a aquello que Dios te está pidiendo que entregues.

Porque mientras tú sigues reteniéndolo, no puedes avanzar hacia aquello que Dios quiere hacer contigo.

CONCLUSIÓN

Nuestro Padre es bondadoso.

Él no solamente nos muestra nuestro error; también nos muestra el camino de regreso.

Él no solamente nos confronta; también nos llama a la restauración.

Hoy Dios nos está dando una oportunidad.

Una oportunidad para soltar aquello que nos destruye.

Para soltar aquello que nos hace retroceder.

Para soltar aquello que nos mantiene dando vueltas.

Para soltar aquello que ocupa el lugar que solamente le pertenece a Dios.

Por eso, entrégale a Dios aquello que te está alejando de Él.

Si el Señor ya te mostró qué debes soltar, no sigas justificándolo.

No sigas defendiéndolo.

No sigas aferrándote a ello.

Hoy es el día de soltar.

Hoy es el día de obedecer.

Hoy es el día de dejar atrás aquello que te mantiene cautivo y volver a caminar en libertad con Cristo.

Porque aquello que Dios te está pidiendo que sueltes puede ser precisamente aquello que te está impidiendo recibir lo que Él quiere hacer en tu vida.


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🔤 Fuente:

1000predicas.com


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